Las ciencias sociales tienen el reto de estudiar esta nueva dimensión de la pobreza en Venezuela, definirla y clasificarla de manera puntual, porque vamos palo abajo.

Entre los dogmas de la izquierda “la pobreza del otro” es un valor que debe ser acatado por toda la sociedad, al ser impuesto -a sangre y fuego- desde los cenáculos, cúpulas y macollas. A Jorge Gordani debe recordársele porque lo sintetizó mediante aquella verdad revelada, según la cual “sin pobres no hay socialismo”. Después de 21 años tenemos que admitir que el éxito ha sido estruendoso, pues año tras año el número de pobres crece sin frenos. Hoy esta tiranía se puede dar con una piedra en los dientes, al conseguir que el 96% de la gente que todavía respira en Venezuela sea rigurosamente pobre. Casi la totalidad de la población, de acuerdo con los resultados de la encuesta de condiciones de vida (Encovi) en la que participan la UCV, la UCAB y la USB.

Aquella clase media poderosa fue embutida en los bolsones de pobreza que todavía habita en urbanizaciones, donde otrora reinaba cierto grado de confort entre profesionales y empresarios, cuya movilidad social fue la demostración de cómo la democracia había acertado con sus políticas en materia educativa y de empleabilidad. Esa clase media feneció, ametrallada por las armas revolucionarias que nivelan hacia abajo, y que todo comunismo aquilata como un valor. La pobreza es lo único democrático de lo que puede vanagloriarse este despotismo iletrado.

En la actualidad las ciencias sociales tienen el reto de estudiar esta nueva dimensión de la pobreza en Venezuela, definirla y clasificarla de manera puntual, porque vamos palo abajo, y la obsolescencia de los resultados será tan o más veloz que la de los teléfonos inteligentes. Así que estos especialistas tienen trabajo para rato, en medio de la precarización deliberada de la educación y la investigación, y el desprecio cupular por el saber y el conocimiento que se generaba en la Universidad venezolana.

Me arriesgo a sugerir una clasificación de la pobreza. Moderada queda, pero en un ínfimo porcentaje, pues todos hemos descendido por el tobogán de la miseria. Allí, en el subsuelo las denominaciones pueden ser: pobreza límite, excesiva, intensa, máxima, terminal y final. Una sinonimia de verdaderas sutilezas entre una y otra, que los especialistas afinarán hilando muy fino en la semántica de la miseria, la indigencia, el pauperismo y la inopia.

El anglicismo “pauperizar” significa “empobrecer un país, una región, un grupo social”. Que es lo que ha ocurrido con Venezuela -empobrecida, deliberadamente- como una estrategia de control de sus habitantes, que en democracia alcanzamos el status de ciudadanos, y hoy somos una masa poblacional -llevada y traída- en función de los intereses y caprichos de la cúpula corrupta aterrajada en el poder.

Pero el grupo social con el que la élite comunista-feminista ha barrido el piso es el de las mujeres. Todas las formas de humillación han estado dirigidas a despojarlas de cualquier proyecto de vida con el que hayan soñado. Las jóvenes que nacieron en revolución o que eran unas niñas hace dos décadas, ni siquiera pudieron llevar una vida parecida a la de sus padres, quienes sí tuvieron muchas oportunidades para alcanzar una mejor calidad de vida que la de sus progenitores. Un logro que fue producto de la educación. De suyo, muchas de las mujeres que le sirven y se sirven del socialcomunismo se formaron en la democracia que ellas, también, han destruido. Claro, sus hijos estudian en las grandes universidades extranjeras, que el capitalismo creó y que son la verdadera riqueza de esos países, pues en ellas se forman las nuevas generaciones.

El balance de estas dos décadas es demoledor. Pues degradar la educación hasta convertirla en un sinsentido y al mismo tiempo hacerla inaccesible es perpetrar un crimen de lesa humanidad, al cercenarle todas las posibilidades de formación, independencia y autonomía a las jóvenes venezolanas. Esto no pasa ni en Cuba, donde hasta las jineteras tienen estudios de cuarto nivel.

El Fondo de Población de Naciones Unidas (UNFPA) -un nido de comunistas que no esconden sus afinidades ideológicas y se adhieren a las solidaridades automáticas- se vio obligado a desnudar parte de la tragedia de las mujeres venezolanas. Las mismas que son utilizadas como mercancía para la prostitución forzada, que es una forma de neo esclavitud. Ellas son víctimas de la trata de blanca y del tráfico de personas. En este paraíso socialista-feminista son escandalosas las cifras de embarazo adolescente, como también lo son la muerte en el parto y el matrimonio infantil. Un dato escalofriante -pero que se queda corto- son los 108 feminicidios contabilizados por la UNFPA en el primer trimestre de 2020, que supera las muertes por la pandemia de la COVID 19.

Agridulces

La diosdádica promoción “Tomás Montilla” (1987) fue extirpada de la FAN, como parte de ese juego de tronos que no descansa ni de día ni de noche. Diagnosticado con coronavirus, Cabello despojado de su mazo, sale del tablero sin la certeza de un pronto regreso.

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