sábado, 24 febrero 2024
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45 años de “periodismo a todos riesgo”

Ese ha sido el papel del periodismo de La Casa de las Ideas, surfear la tentación de lo intrascendente, de no contar las historias a manera de trámite o con el simplismo de lo panfletario.

@OttoJansen

Observo la promoción del Premio de la Fundación Gabriel García Márquez en su edición de este año. Dice: “El buen periodismo es…” y en las siguientes láminas de la publicación agregan: “Rescatar la esencia de la historia. Descubre los intereses ocultos. Identifica el conocimiento en la avalancha informativa. Convierte a usuarios en ciudadanos activos”. En el intercambio, algunas cuentas emiten su opinión: “El que tiene en claro que la realidad (re) presentada es siempre una ficción. Porque como dice Tomás Eloy Martínez, la realidad nunca puede volver a ser presentada, a lo sumo es una ficción verdadera de lo que pasó, pero una ficción verdadera que se apoya en un trabajo profundo de investigación. Este debe ser su faro”. Otra cuenta manifiesta: “Es el reflejo de la realidad que ocultan los poderes de la sociedad, donde los sin voces no alcanzan a manifestar lo que les importa: sus problemas, su cultura y su espacio. El buen periodismo es el contrapoder que vigila los excesos de quien pretende dominar todo”. Y finalmente: “@Pasión viva por retratar lo incontable”.

La fundamentación despierta emoción, proyecta el deber ser que alienta la comunicación hecha con sentido de lo colectivo, de impulso a todo aquello que influya en el bienestar, el desarrollo, la esencia de los derechos y la libertad. Eso lo recrean las bases de un premio latinoamericano importante, pero ¿puede la realidad que se desprende de lo estrictamente local, afrontar esos lineamientos sin caer en los vedetismos, los juegos de intereses, las ambigüedades o en el caso venezolano, distinguir la propaganda “ideológica” de los preceptos éticos; la interpretación o cobertura crítica de aquello moralmente injustificado de lo que son política, social y económicamente caminos de destrucción o anarquía? Cuando esos dilemas se presentan en la cotidianidad de ciudades de provincia, cuando la información es un insumo de peligro y acechanza del poder, nada sencillo es sortear esas adversidades. Pero allí es donde los conceptos, los valores y el ejercicio del periodismo crítico e independiente se prueban, se acrisolan, se haces vigorosos y trascienden históricamente.

Cuando a mediados de los años 80, Correo del Caroní fue voz, con firmeza pero con estricto sentido de los hechos, de quienes en la zona del hierro enfrentaban la violencia sindical, convertida en intimidación a todo nivel, el periódico engalanaba la prioridad en los enfoques para que la ciudad se encaminara en principios civilistas y de derechos. Cuando la banda política de los “chinos” encubiertas en la propuesta partidista quisieron saquear la región, fue a través de las páginas de La Casa de las Ideas que la expresión de lucha social encontró espacio claro para la denuncia que permitió convertir el sentimiento guayanés en fórmula política de justicia. Fue cuando el golpe contra Chávez en 2002 que, desdibujando el papel de los líderes de la revolución en la región, se intentó imputar a Correo del Caroní por ser retrato fiel de los acontecimientos, llegando hasta la advertencia de quemar su sede. Posteriormente vino el capítulo de la corrupción en las empresas básicas, de la compra de conciencia y del silencio “general”, que es materia que desde el punto de vista del trabajo periodístico vale la pena alguna vez recopilar en sus mínimos detalles.

“Profesionalismo y solvencia ética”

Sin concesiones, remata el editorial del año pasado de Correo del Caroní. Tanto el intertítulo como el subtítulo pertenecen a esas líneas que para algún distraído pueden parecer duras, y claro, hay que decirlo, pueden sonar, pero no comportan desplante alguno, en coyuntura de insoslayable emergencia humanitaria compleja con el desmantelamiento de los servicios públicos, de ruinas en los pueblos del estado Bolívar y de hondas precariedades económicas que obligan a las más increíbles volteretas de los guayaneses para la sobrevivencia.

En tales circunstancias se han querido instalar las conductas apuntaladas por las “arenas movedizas” de los valores, que construye el gobierno cuando más que nunca la condición profesional, la calificación y el conocimiento invocan a reforzar los derechos de la ciudadanía y transitar el pleno ejercicio de una democracia que no puede ser colcha de manipulaciones.

Ese ha sido el papel del periodismo de La Casa de las Ideas, surfear la tentación de lo intrascendente, de no contar las historias a manera de trámite o con el simplismo de lo panfletario. Se entiende que la labor periodística no es un espectáculo ni es un regalo glamoroso que no deba medirse con los hechos. Muchos episodios en la región responden a los intereses más retorcidos; ejemplo, las operaciones del Arco Minero, que tanta sangre han derramado, mientras la gente ignora, sin acceder a la información de profundidad.

Los últimos años merecen atención relevante de la lectoría, porque han sido los de garantizar la calidad por sobre las limitaciones y por sobre los zarpazos del poder. Han sido los de implementar los avances tecnológicos. De profundizar lo conceptual del periódico impreso al formato digital, mientras vienen incorporándose noveles firmas, ya que quienes hasta el presente han sido sus plumas más brillantes (quizás sea la generación de jóvenes comunicadores sociales que le toco enfrentar los dilemas más complejos del periodismo en Bolívar) por cosas de la vida, les toca asumir otros desafíos. Sí, la convicción se reafirma este 2022: “…el periodismo honesto y auténtico se ejerce a todo riesgo”.