miércoles, 28 febrero 2024
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44 años de Correo del Caroní

En estos tiempos de socialismo hay temas que se apropian de nuestra vida y que nos obligan a reincidir. Porque la denuncia es absolutamente necesaria al contar con una tribuna medial, de la que no disponen las mayorías.

Escribir para Correo del Caroní va mucho más allá de un compromiso semanal con unos pocos lectores o con el propio diario que puso a mi disposición un espacio -primero en el papel y luego en su versión digital- que me ha permitido intentar explicarme temas, que proceso y creo entender en la medida que voy entrelazando -palabra a palabra- las oraciones que se acumulan en un párrafo. Si un vocablo define esta experiencia ese es desafío. Pero también duelo en el sentido de torneo o refriega verbal. O naumaquia: un combate naval concebido como espectáculo entre los antiguos romanos.

Puedo decir que son dos -al menos- los escenarios de esta batalla léxico-semántica. Simultáneas. Una se da en mi cerebro y la otra en la pantalla del monitor, al que me cuesta llenar con palabras, con las que busco darle sentido a una simple columna de unos 800 vocablos. Es un pugilato amateur de pocos rounds, que concluye en empate, pero que siempre me deja la sensación de otra derrota acumulada. Sólo que los púgiles, incluso los perdedores, reciben el aplauso de un público presente y entregado, mientras que la escritura es, esencialmente, una pelea solitaria, íntima, personal. Boxeo de sombra con el viento como contrincante.

A veces la idea que macero durante la semana se extravía en los laberintos de la memoria, por lo que debo recurrir a temas en los que no había pensado para perpetrar mi palimpsesto hebdomadario. Claro en estos tiempos de socialismo, hay temas que se apropian de nuestra vida y que nos obligan a reincidir. Porque la denuncia es absolutamente necesaria al contar con una tribuna medial, de la que no disponen las mayorías. Mucho menos cuando la hegemonía comunicacional ha silenciado cientos de medios impresos, radiales, televisivos, bloqueado portales en internet y colonizado las redes sociales con su guerrilla comunicacional tarifada, nacional e internacional.

Es otra batalla la que se libra cuando desde un medio impreso, como Correo del Caroní, que nació libre hace 44 años, se enfrenta con la palabra de sus directivos, editores, periodistas y columnistas a un totalitarismo comunista, que ha conculcado, en primer lugar, la libertad de expresión. Para lo cual se ha valido de los más criminales mecanismos -usados a discreción- sin escrúpulos y con la decisión tomada de aplastar todo atisbo de disidencia.

Se valen, para ejecutar estas acciones criminales, de sus temibles fuerzas represivas, como: Cicpc, Sebin, FAES, Conas, FANB, también de las milicias, la reserva y colectivos inspirados en las enseñanzas de Lina Ron, quien asediaba con su banda armada de motorizados a medios nacionales. Hay que decir que siempre han buscado darle un barniz de legalidad a sus tropelías más deleznables, para lo cual tienen a todo el sistema de justicia a su disposición, encabezado por serviles e incondicionales jueces del horror.

Desde hace 22 años la cúpula social-comunista tiene a los medios privados como un enemigo que debe ser abatido. Su furia más brutal se ha cebado con los medios impresos y con las emisoras y televisoras independientes. No ha habido un día que no sea noticia el cierre de un medio, el allanamiento de otro, la confiscación de equipos, la detención de dueños y/o de periodistas y fotógrafos. Algunas personalidades han huido para evitar ser encarceladas, como Marta Colomina, César Miguel Rondón, Leopoldo Castillo, Rafael Poleo, Miguel Henrique Otero, entre muchos.

Otros, como David Natera Febres, han resistido numantinamente, con respetable tenacidad, defendiendo “posiciones o puntos de vista, a menudo en condiciones precarias”, tal como define numantino el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE). Justo por actitudes como estas alguien como yo -que no pasa de soldado raso- decide acompañar una batalla obligatoria. Que debe librarse porque nuestra libertad ha sido expoliada, al igual que la democracia. También porque nos arrebatan la vida -día a día- a punta de crecientes privaciones: tanto la de los que seguimos aquí, como la de los que han sido expulsados, debido a las miserables condiciones en las que nos ha sumergido esta tiranía socialcomunista.

Tengo, entonces, razones más que suficientes para desafiar mis propias limitaciones, y batirme en duelo con el inasible universo del lenguaje. Ese que me impone un rumbo, una senda, sin que yo pueda hacer mucho para darle la vuelta y regresar a los que me había planteado con antelación.

Agridulces

¿Cómo hace una tiranía arruinada para producir vacunas? Nunca lo sabremos. Pero ya su colonia le contrató 12 millones de “candidato vacunal anticovid” a los propietarios de Venezuela, que gobiernan desde La Habana. Seremos, pues, sus conejillos de Indias.