La alteración de datos, la persecución contra el personal de salud, la intensa carencia de medicamentos e insumos y la pronunciada tendencia creciente de casos de enfermedades y muertes son algunas de las líneas en las que enfatiza la doctora Patricia Puga, quien laboró 13 años en el hospital Dr. Raúl Leoni de Guaiparo en San Félix.

La doctora Patricia Puga es una médico pediatra venezolana que trabajó 13 años en el Hospital Dr. Raúl Leoni de Guaiparo, en San Félix, en el estado Bolívar. En este relato en primera persona, hace una radiografía del sector salud y las dificultades que atraviesan las instituciones médicas en el sur de Venezuela.

 

Venezuela llegó a ser en Latinoamérica un país abanderado en el área de salud, sirvió de referencia para la región en las décadas de los 80, 90 y 2000, cuando llegaron médicos de otras naciones para realizar pregrado y postgrados en medicina en nuestras prestigiosas casas de estudios. Desde hace 10 años, el deterioro de este sector ha sido progresivo y para el año 2018, según el presidente de la Sociedad Venezolana de Puericultura y Pediatría, Dr. Huniades Urbina, nuestro sistema de salud descendió a niveles de 1940.

ercer la profesión médica en Venezuela es cada día más difícil, no solo por no contar con los recursos como medicinas básicas, catéteres, suministros quirúrgicos, vacunas, fórmulas infantiles, comida en los centros de salud, sino además por el deterioro de las infraestructuras y equipos médicos, por la inseguridad social, entre otros.

Todo esto me hace pensar que esta debacle no es casual y que estamos sometidos intencionalmente a un holocausto silente; digo intencional porque según la OMS el PIB ha decrecido de 8% a tan solo 3% en 2018, se bloquea todo tipo de ayuda internacional que solo busca atender urgentemente a las poblaciones en riesgo inminente de muerte y nunca han sido escuchadas estas denuncias. Se evaden las sugerencias gremiales y de las distintas sociedades médicas que a lo largo de los años han buscado comunicarse con este gobierno, siendo siempre sordos a toda propuesta o alternativa. En fin, siempre buscan silenciarnos, para que la gente no conozca lo que pasa en los hospitales de Venezuela puertas adentro.

Se nos viola nuestro derecho a estar informados; desde el año 2014 se dejaron de recibir los boletines epidemiológicos del Ministerio del Poder Popular para la Salud, y no fue sino hasta el 09 de mayo de 2017 cuando de manera sorprendente se publica un boletín, encontrando en indicadores de salud como mortalidad materna y mortalidad infantil que aumentaron drásticamente al compararse con los indicadores del 2014, resultados que no sorprendieron al gremio médico pues ya estábamos viviendo en primera fila, diariamente estas cifras. En esta oportunidad sí hubo una respuesta inmediata del régimen de Nicolás Maduro, 72 horas después despidió a la ministra de Salud del momento, Dra. Mariela Caporales, por revelar dicha estadística.

       
El pediátrico Menca de Leoni cumple dos años cerrado en abril de 2020”

El gremio médico está siendo acechado por las autoridades por denunciar las fallas institucionales; como sucedió el 30 de abril de 2019 en Venezuela, donde fueron detenidos 11 médicos y una bioanalista, por participar en protestas convocadas por la oposición, exigiendo derecho a la salud y a la libertad de los venezolanos. Las detenciones fueron realizadas por civiles armados, quienes los despojaron de sus pertenencias y los golpearon.

 Las epidemias de difteria y sarampión, enfermedades que habían sido erradicadas en nuestro país hoy son reemergentes y la malaria la cual había siempre estado controlada hoy es epidémica en 22 estados de la nación y lo peor es que siguen activas y sin control epidemiológico alguno, exportándose casos a países vecinos. Lo triste es que estas cifras que obtenemos por nuestro propio esfuerzo o por organismos internacionales se convierten en una figura numérica que no es percibida por la población, por lo que no ha sido tarea fácil explicar a las distintas comunidades lo que está sucediendo y en muchos casos por ignorancia del pueblo se culpa al médico del agravamiento de sus cuadros clínicos, por lo que muchos galenos han llegado a ser agredidos por familiares de pacientes.

Una radiografía de Guaiparo y el pediátrico

El hospital del Instituto Venezolano de los Seguros Sociales (IVSS) Dr. Raúl Leoni Otero en San Félix, estado Bolívar, es un hospital tipo IV en el que laboré por 13 años, 4 años de residencia y 9 años como Adjunto Pediatra. El servicio de Pediatría, conocido como el Hospital Pediátrico Doña Menca de Leoni, fue fundado en 1986 con una infraestructura de tres pisos anexos al hospital de adultos y atendía 80% de la población infantil de Ciudad Guayana.

En los últimos cinco años se fue agravando su funcionamiento progresivamente, hasta que en abril de 2018 se cerraron totalmente sus instalaciones por colapso de su infraestructura. Con respecto a esto se han hecho denuncias incesantes por parte de la jefatura del servicio, del personal médico y de enfermería que allí labora, ha pasado un año y 8 meses y aún permanece cerrado.

Estas estructuras fueron prácticamente abandonadas por la institución, se dejó desprovista de vigilancia, siendo desvalijado por delincuentes, robándose puertas, ventanas, inodoros, etc. Esta situación se intentó documentar el 8 de abril de 2019 (un año después del cierre), cuando una colega pediatra trató de pasar a un grupo de periodistas y fotografiar lo que acontece, siendo entonces interceptados por un colectivo quien los llevó hasta las oficinas de la dirección del hospital donde se les intentó despojar de sus celulares y nuestra colega fue amenazada por la directiva del hospital de proceder legalmente ante instancias judiciales por considerarlo una falta grave.

Hoy aprovecho esta ventana para denunciar públicamente las condiciones inhumanas en las que somos sometidos a trabajar y peor aún en que son atendidos nuestros pacientes. Por más de cinco años hemos sido y seguimos siendo observados por colectivos armados, que vigilan e investigan nuestras actividades dentro del hospital y ante cualquier situación que ellos consideren una irregularidad dan inmediata participación a las autoridades hospitalarias, en el mejor de los casos eres despedido de tu trabajo o denunciado ante instancias judiciales para ser investigado, en el peor de los casos puedes ser privado de tu libertad; esto ha hecho que los médicos estén menos dispuestos a dar información al público que pueda considerarse “contrarrevolucionaria”, pues no contamos con la libertad que corresponde a cualquier ciudadano y hemos tenido que suministrar información de manera anónima o a través de alguna representación gremial que en cierta forma nos respalde.

 

El cierre del pediátrico obliga a pacientes a trasladarse a Puerto Ordaz y Ciudad Bolívar, lo que implica un mayor deterioro de su salud
 

Alteración de data y censura

Cada vez son más los casos de desnutrición severa que llegan a la institución, con correspondientes comorbilidades infecciosas que aunado a la falta de medicamentos se convierte en una sentencia de muerte para esta población tan vulnerable. De los pacientes atendidos en nuestro centro, cerca del 50% presentan algún grado de desnutrición y de estos de un 10 al 15% presentan desnutrición severa.

La mortalidad por desnutrición ha aumentado vertiginosamente con el pasar del tiempo y el agravamiento de la crisis económica, en 2017 murieron 76 pacientes en nuestro centro. Hasta abril de 2018, cuando se produjo el cierre de las instalaciones del pediátrico, se cuantificaron 36 muertes, y en 2019 solo en los primeros tres meses del año ya se habían registrado 71 muertes por esta causa.

Se alteran las datas de morbilidad, eliminando todo diagnóstico que afecte estadísticamente al gobierno, así como la alteración de diagnósticos en los certificados de defunción, donde por ejemplo la desnutrición, el síndrome coqueluchoide, difteria, etc. son eliminados o prohibidos plasmar en este documento médico legal por las autoridades hospitalarias.

Desde octubre del 2018, el Servicio de Pediatría Doña Menca de Leoni fue reducido a un espacio de 24 camas para pacientes pediátricos y 18 cupos neonatales, disminuyendo a la gran población infantil de la ciudad aún más la posibilidad de ser atendidos. Esto conllevó a mayor hacinamiento, que la población no entiende, pues todos quieren ser atendidos sin importar las condiciones, lo que agravó las amenazas al personal que allí labora. El 8 de octubre 2019 fue amenazada de muerte una de nuestras colegas, por familiares enardecidos y hechos como este son cada vez más frecuentes.

Todo este hacinamiento complica y prolonga la estadía hospitalaria. En los retenes, en muchas oportunidades, se comparten las incubadoras o las cunas con más de un paciente, aumentando la mortalidad neonatal, aunado a la falta de medicamentos, con las subsecuentes infecciones nosocomiales.

Muertes por fallas eléctricas

       
Las pésimas condiciones de los centros de salud impiden salvar vidas

Cuando falla la energía eléctrica no funcionan las baterías de los equipos y no encienden las plantas, convirtiéndose en un verdadero caos. Desde inicio del 2018 comenzaron los “apagones” nacionales más graves y el 14 de febrero de ese año en la Unidad de Neonatología tras un apagón eléctrico murieron cinco recién nacidos. El caso fue reportado por algunos médicos de la unidad, por lo que fueron citados ante el Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc). Durante dos meses se intentó abrir un expediente de investigación por esta causa, pero los hechos hablaron por sí solos y concluyó con el cierre del hospital pediátrico dejándoseles de acosar a los colegas para rendir declaraciones.

En cuanto al agua no hay la mayoría de los días, lo que te impide hacer un buen ejercicio médico; el personal de enfermería prepara tratamientos y soluciones en los lugares más inadecuados que puedan existir, no se pueden asear los pacientes, no existe lavado de manos o es casi imposible realizarlo.

Es otra calamidad no contar con paraclínicos como radiografías ni laboratorios para la toma de decisiones y conductas médicas, no funcionan estos servicios en la institución desde hace más de un año y la gran mayoría de los pacientes no cuentan con los recursos económicos para realizarlos en forma privada, agravando el desenlace de la enfermedad.

La morgue en completo estado de abandono y falta de mantenimiento, repleta de cadáveres descompuestos, que no han sido reclamados por sus familiares por no contar con recursos económicos para su inhumación, contaminando todo el hospital, teniendo que realizar inhumaciones en fosas comunes de estas grandes cantidades de cadáveres. A veces ha tocado trabajar con cadáveres al lado nuestro, sobre todo los más pequeños.

Lo más inhumano es ver llegar a una madre con su hijo muerto en brazos y por ser una muerte extra hospitalaria y no contar con patólogo no es admitida en la institución y tener que regresarse con su cadáver en brazos (porque no tienen como trasladarse de otra forma) caminando, hasta la delegación judicial del Cicpc donde sería atendida.

¿Por qué permanece el médico prestando su servicio bajo estas condiciones que violan sus derechos como médico y sus derechos humanos y la de sus pacientes? Por vocación y por humanidad, por no abandonar a tu prójimo en el momento que más te necesita. ¿Por qué decide irse? Porque cada día te sientes más impotente, ya que institucionalmente no puedes brindar un nivel de atención que ni siquiera se aproxima a los estándares mínimos de los cuidados de salud, donde a veces son mayores los riesgos que los beneficios; trabajamos en un medio hostil, donde no tenemos libertad ni para solicitar ayuda ni para recibirla ya que la gran mayoría de las veces no permiten entrar ningún tipo de donaciones; porque te impide dormir sabiendo que te vas a encontrar al siguiente día a los pacientes en peores condiciones por no estar recibiendo lo que les corresponde; porque sientes la amenaza de los familiares que no entienden lo que está sucediendo y quieren pagar sus frustraciones con el personal de primer impacto: el médico y la enfermera; porque te formaste para impartir salud y salvar vidas y en estas condiciones es casi imposible hacerlo y sin querer estamos sirviendo de instrumento a este gobierno en sus esfuerzos de crear una falsa normalidad.

¿Hasta cuándo tanta tortura? ¿Qué buscan con todo esto? La respuesta no la tengo, lo que sí tengo claro es que no podemos desperdiciar ninguna ventana para alertar lo que sucede en Venezuela y lo que está sucediendo en nuestro mayor centro de salud.

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