sábado, 13 julio 2024
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2 de julio: del último nacimiento a nuevo albores

Ciudad Guayana hay que transformarla, recrearla o hacerla nueva en muchos aspectos que nunca tuvo o que fueron destruidos por el robo, incompetencia e indolencia revolucionaria.

@OttoJansen

“Hay casi la certeza, sin embargo, de que Platón no creía que todo se explicase mediante esta ley de la degeneración. Ya hallamos en Heráclito la tendencia a considerar las leyes evolutivas como si fueran de naturaleza cíclica; el modelo era, en aquel caso, la ley que determina la sucesión cíclica de las estaciones. De manera similar, podemos encontrar en algunas obras de Platón la idea de un Gran Año (su duración sería, al parecer, equivalente a la de 36 mil años corrientes), con su período de progreso o generación, correspondiente, presumiblemente, a la primavera y al verano, y otro de degeneración y decadencia correspondiente al otoño y al invierno”. Popper – Párrafos de La sociedad abierta y sus enemigos.

Iniciamos julio 2024, el séptimo del calendario, de firmes expectativas basadas en indicios reales con movilizaciones impresionantes de los venezolanos reclamando un cambio que ha de concretarse mediante el ejercicio democrático del voto (a pesar de las amenazas) este mismo mes. Es un episodio estelar para Venezuela y, estamos seguros, del comienzo de definiciones trascendentales hasta lo ahora vivido de las últimas décadas de corrupción y degradación, y en lo que fueron años anteriores de inconciencia y burocratismo.

Llegó también con el día 2 de julio, los 63 años de la fundación de Ciudad Guayana. El motor industrial del país de “antier”; de la región vuelta trizas y arruinada, que es otra urbe, no solo por el derrumbe de lo que fue su identidad económica, sino porque el tiempo (en apariencia corto) ha traído otras generaciones y como secuela de la metamorfosis nuevas visiones para todos. Otras perspectivas y convencimientos sobre lo que a partir de su reconstrucción podrá ser el futuro de una ciudad que ha de continuar el crecimiento; hacerse amplia y completa en calidad de vida, en su productividad y aprovechamiento de sus recursos, más allá del parque industrial del que tampoco queda nada que no haya que desechar o replantear. La que hasta este momento se conoce como dirigencia (muy discutible) en referencia a alternativa democrática con sus muchos matices, desempolva propuestas basadas en la recuperación de aquella vieja Ciudad Guayana y el proyecto Sucre Figarella. Por lo que revisamos en las reseñas periodísticas de la significativa visita del doctor Edmundo González, favorito en los sondeos de opinión y en el sentimiento popular para convertirse en el próximo Presidente de la República, las intervenciones e imágenes muestran a los trabajadores y dirigentes de los sindicatos que, con dignidad, apuntalan con énfasis la necesaria recuperación de Ciudad Guayana y la postergada justicia para sus habitantes, que innegablemente no puede obviarse. El mismo candidato: “…afirmó que el desarrollo de la ciudad es una misión que podemos concretar de nuevo, y lo vamos a hacer”. De nota de Jhoalys Siverio en Correo del Caroní. A propósito de estas consideraciones y del nuevo aniversario de la ciudad, vale la pena repasar algunas ideas relacionadas con el ciclo que ha de comenzar -pletórico en vientos de transformaciones de envergadura- para el estado Bolívar y Venezuela.

Estos desafíos

¿Habría que repasar los parámetros que sirvieron hace 63 años para hacer una ciudad planificada? Siempre en función de los conceptos urbanísticos actualizados que servirán de referentes para la Ciudad Guayana del porvenir inmediato y de mayor alcance en los años. Esto nos los pueden decir con certeza los especialistas. Por los momentos y durante más de dos décadas hemos estado padeciendo las penurias asociadas al modelo del socialismo del siglo XXI, lo que ha significado mecanismos autoritarios en desmedro de todos los derechos y de la libertad. En ese sentido copiando a Karl Popper en su crítica al historicismo y de defensa a la sociedad abierta, los guayaneses no debemos dejar que la inercia de las expectativas -anhelos justos y legítimos, no se discute- del Estado de derecho, requerimiento de la normalidad económica, la nostalgia por el imponente proyecto industrial pesado, nos coaccionen a frenar la creación superior por sobre lo que nos parece debe ser lineal y en apariencia lógico.

Ciudad Guayana hay que transformarla; recrearla o hacerla nueva en muchos aspectos que nunca tuvo o que fueron destruidos por el robo, incompetencia e indolencia revolucionaria. Nunca más, pasado el trago amargo de la tendencia dictatorial, el pensamiento venezolano tiene que detenerse o encerrarse en las mitologías (el hombre nuevo, el control obrero, las comunas) típicos de la superchería socialista, así como tampoco detenerse en el conservadurismo burócrata conformista. La libertad debe tener letras grandes para que cada ciudadano guayanés y de la otrora zona del hierro se enfile a moldear la ciudad funcional, de urbanismos activos, colorida en su oferta de habitabilidad como lo fue y de amplia y mayor sostenibilidad. Hoy hay numerosas iniciativas: empresas de servicios, proyectos empresariales culturales; turismo, gastronomía, comercio y tecnología, por citar varias de las que pueden integrar el perfil de la “nueva” ciudad.

Llegó julio y pinta bien. ¿No es que dicen los memes? Es la batalla que ganaremos con Edmundo González y María Corina, por la Venezuela de libertades y luego tocará vencer con coraje y talento el inmovilismo de los esquemas superados por el tiempo. ¡Abrazo enorme, Ciudad Guayana!

Trocitos…

– El historiador, columnista de Correo del Caroní por muchos años, vicepresidente de la Asociación de Escritores de Guayana, el profesor Rafael Marrón González, comparte un escrito donde fundamenta que la ciudad que fundó por decreto el presidente Rómulo Betancourt en 1961, no fue Ciudad Guayana y la que conocemos hoy (ya que la primera, que no tiene que ver tampoco con la histórica Santo Tomé relacionada con Ciudad Bolívar) se produjo de resolución de Asamblea Legislativa del estado Bolívar en 1979, que conformó el distrito y posterior municipio Caroní. Un capitulo que merece tener una mayor claridad de parte de la población cumpleañera.