Los maestros se consideran víctimas de un “ataque emocional”. Trabajar en zozobra por el paupérrimo sueldo y las intrincadas condiciones, empeoran el clima laboral, pero aun así se mantienen en las escuelas pese a la migración forzada.

La grave crisis que atraviesa Venezuela ha dejado a los maestros con sueldos paupérrimos, instalaciones deterioradas y una marcada deserción estudiantil en aumento. Al final, los constructores intelectuales del país han quedado trabajando solo por vocación y amor a la profesión.

Aunque Nicolás Maduro aseguraba en 2018 que “los maestros y maestras son la columna vertebral del espíritu y la moral nacional”, para enero de 2019 son uno de los gremios más olvidados por el Ejecutivo.

Aún así son uno de los movimientos más beligerantes en la defensa de los derechos laborales y colectivos. Casi un siglo más tarde de la fundación de la Sociedad de Maestros de Instrucción Primaria (1932), fecha por la cual se conmemora el 15 de enero como Día del Maestro, la consigna por reivindicaciones de sueldos y beneficios justos está más vigente que nunca.

A principios de 2019 Aristóbulo Istúriz, ministro de Educación, prometió no dar la espalda a los maestros. Lo reflejado en las cuentas de banco de los maestros refleja otra cosa. Dados los bajos sueldos, el sector educativo fue protagonista de múltiples manifestaciones el año pasado. Tan solo en ese período ocurrieron 1.739 protestas a nivel nacional, 134 de ellas en el mes de octubre, según datos del Observatorio de conflictividad social en su informe de octubre 2019.

Sin embargo, la única respuesta por parte del régimen de Maduro fue la represión por parte funcionarios del Estado, tanto en la ciudad de Caracas como en distintas regiones del país.

Para el 2020 el sueldo de los educadores públicos, en su último aumento del tabulador, quedó fijado en 225 mil bs quincenales y 200 mil por el bono de alimentación, indicó la presidenta de la federación de maestros de Caroní, Carmelis Urbaneja. El monto no representa ni 10 dólares mensuales. El presidente de la Federación Venezolana de Maestros, Orlando Alzuru, exigió este martes, al menos, 600 dólares mensuales para el gremio.

Un ataque emocional

Instituciones como Fe y Alegría, con más de 60 años en Venezuela, tratan de hacerle frente a una situación que cada vez se hace más difícil. María Toussaint subdirectora del Colegio Fe y Alegría Puerto Ordaz está preocupada. Cada vez la unidad educativa se hace más pequeña, tanto por profesores como estudiantes que se van. “Alumnos nos manifiestan el descontento por la falta de profesores, entonces se marchan de la institución, docentes que no pueden venir a trabajar porque no tienen efectivo, porque no tienen un plato de comida”.

Toussaint también comentó lo difícil que ha sido para ellos mantener el ánimo a pesar de las circunstancias: “Estamos siendo víctimas del ataque emocional, del nerviosismo, de la zozobra”. Cada vez se les hace más complicado incluso conseguir suplentes, quienes se niegan a trabajar ante un sueldo tan bajo.

  Sin dinero para el mantenimiento, las instalaciones de las escuelas públicas se han ido deteriorando  

Ante la situación, la infraestructura de las instituciones terminan en segundo plano. Bombillos, aires, techos se van dañando sin poder ser arreglados o cambiados. Toussaint denunció que tienen filtraciones en los salones, sobre todo en temporada de lluvia. “Casi que teníamos que entrar en curiara, las maestras estaban escribiendo información en la pizarra y estaban abajo con un charco de agua”.

A pesar de las trabas, hay una gran cantidad de docentes que permanecen formando y construyendo el futuro de un país dentro de las aulas de clase. Alfredo Velásquez, profesor con más de 10 años de servicio, contó que “ayer nada más un compañero de trabajo venía para acá y en la Plaza de los Tubos lo abordaron 5 delincuentes y como no tenía teléfono, le quitaron 1.500 bolívares y su comida, su desayuno y su almuerzo y sin embargo ese señor vino hasta acá y trabajó: eso se llama vocación de servicio”.

Otros directivos de colegios públicos se mantienen mudos ante la situación. Autoridades de la Unidad Educativa Bolivariana Villa Colombia se negaron a dar alguna declaración con respecto al estado de la institución, sus razones, al “no estar autorizados” por representantes de la Zona Educativa.

La resistencia de los colegios privados

       
Luis Sifontes, coordinador académico del Colegio Metropolitano, en Puerto Ordaz, contó lo cuesta arriba que es desde 2019 contratar docentes por la difícil situación económica

Entidades privadas también tienen carencias que tratan de paliar de acuerdo a sus posibilidades. La difícil situación económica ha llevado a que muchos padres busquen alternativas más económicas para satisfacer necesidades más básicas.

“Nosotros no escapamos de esa situación, nos faltan muchos docentes, muchas veces no se consigue”, manifestó Luis Sifontes, coordinador académico del Colegio Metropolitano, en Puerto Ordaz, quien tiene más de 20 años en la docencia.

Mientras maestros en búsqueda de mejores oportunidades deciden emigrar a otros países, a los colegios se les hace cada vez más difícil mantener calidad académica con precios que puedan ser pagados por los representantes.

“Para el mes de diciembre teníamos exactamente 128 casos de que no habían pagado desde el mes de septiembre”, agregó Sifontes, lo que complicó el pago oportuno al cuerpo docente.

En la ciudad de Caracas el presidente encargado, Juan Guaidó, mediante un comunicado, informó que sesionarán este miércoles con motivo del día del maestro en el Palacio Federal Legislativo.

Un Estado violador de DD HH

La grave crisis económica y política generada por el régimen de Nicolás Maduro ha cercenado hasta las posibilidades de comprar útiles escolares. La mayoría de estos alumnos no pueden costear el mínimo de útiles y han tenido que reemplazar cuadernos por hojas recicladas.

El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) establece que las políticas, los programas y los servicios para la primera infancia, deben diseñarse para apoyar y empoderar a cuidadores y educadores en búsqueda de garantizar mejores oportunidades de desarrollo pero en caso como los de Venezuela más bien se cercenan derechos humanos como la educación y alimentación.

“Nos fijamos mucho qué desayunan los niños, hay niños que no traen desayuno”, informó Toussaint y aunque pudieron por algunos meses ayudarse con unos alimentos que llegaron por parte del ministerio antes de finalizar el año se agotaron al no ser suficientes por la cantidad de alumnos.


 
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