sábado, 25 de junio de 2022

Un joven ingeniero de Guayana potencia el almacenamiento y distribución de una industria de bebidas clave de Chile

Con limitados recursos económicos, César Morales se instaló en Chile y ha podido ascender laboralmente, tras su experiencia en la estatal Sidor en la que soñaba trabajar para seguir los pasos de su abuelo | Foto cortesía

Con limitados recursos económicos, César Morales se instaló en Chile y ha podido ascender laboralmente, tras su experiencia en la estatal Sidor en la que soñaba trabajar para seguir los pasos de su abuelo | Foto cortesía

@g8che

Uno de los factores más alarmante de la emergencia humanitaria, el declive industrial y el desplome del salario es la pérdida de generación de relevo. En los últimos años, jóvenes recién graduados de la universidad migraron por Maiquetía o caminaron el continente para buscar mejores oportunidades laborales y de vida. No porque no quisieran vivir en Venezuela, sino todo lo contrario: se sintieron obligados a partir por las críticas condiciones de vida.

César Morales, ingeniero industrial y supervisor de materias primas de Planchones y Palanquillas en la Siderúrgica del Orinoco (Sidor), es uno de los 5,5 millones de venezolanos que migraron, según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur).

En la siderúrgica estaba encargado del transporte y administración de la materia prima para los hornos, utilizando durante el proceso de abastecimiento desde cintas transportadoras hasta grúas para cargar chatarras.

Sidor es la empresa siderúrgica más grande del país y la segunda compañía más importante del Estado, solo superada por Petróleos de Venezuela (Pdvsa). Rompió récord de producción en 2007 con 4,3 millones de toneladas de acero líquido. Luego de su reestatización, por orden del expresidente Hugo Chávez, los números cambiaron. En 2018, año en que César migró a Chile, produjo apenas 50.129 toneladas de acero líquido.

“Cada vez se veía más mal manejo, el control de los militares, gente que no sabía de industrias empezó a tomar las riendas de la empresa, pasaron a tomar decisiones en vez de carácter industrial, de carácter político”, recuerda.

El ingeniero es guayanés y su abuelo trabajó en las industrias por 30 años. Para él era un sueño seguir sus pasos “porque naces en Guayana, porque tienes ese enfoque de la industria, naces inmerso en este tipo de cosas, entonces lo visualizas, llegar a una gran empresa”.

Solo cuatro años después de haber empezado a trabajar en la industria, vio que al personal capacitado no se le prestaba atención para hacer crecer a Sidor, lo que generaba una caída estrepitosa en la producción y la calidad de vida de los trabajadores, que hoy viven en estado de pobreza.

Una pieza en una industria de bebidas de Chile 

Morales, hoy en Chile, recuerda cómo ha sido su proceso migratorio desde que decidió salir de Bolívar tres años atrás. Llegó a casa de un amigo y pasó un mes durmiendo en el piso, con solo una sábana, aguantando frío, pero en una lucha por persistir en una nación que sentía ajena. “Yo llegué aquí como muchos, o como le pasa a la mayoría, de abajo, yo llegué a atender en un Papa John’s”, sostiene.

Luego de postular a varios empleos desde el día uno, enviar hojas de vida hasta perder la cuenta y pasar por distintos procesos consiguió una oportunidad de trabajo después de cuatro meses. “Hice procesos en empresas grandes y no tuve éxito, hubo una empresa del mismo talante en la que estoy, llegué casi al final de uno de los procesos, que más me dolió y en la última entrevista con la gerente no me fue bien y hasta ahí llegó”, recuerda.

Su postulación se cayó en el único momento en el que todo parecía tomar su rumbo en el extranjero, pero no desmayó.

El guayanés empezó vendiendo pizzas y ahora lidera a un grupo de más de 20 trabajadores | Foto cortesía

Seis meses después de migrar empezó a trabajar en la Compañía de Cervecerías Unidas (CCU), una de las industrias más importantes de bebidas en Chile y que distribuye productos en la mayoría del continente. En CCU, Morales ha ido escalando a punta de trabajo y conocimiento para hoy ser un pilar fundamental en la distribución de cervezas en todo el país.

Empezó como supervisor en una línea de clasificación, que luego cerró. Por sus capacidades fue reincorporado a otra área como jefe de turno en una bodega de administración sistemática donde le tocó aprender de logística, transporte y distribución.

Luego de un periodo de tres años, fue promovido a jefe de Inventario y Tecnología en el centro más grande de logística y distribución a nivel nacional. Desde aquí controla todo el inventario de una bodega que mueve 140 cargas diarias de camiones de acarreo con una capacidad de traslado de 420 mil cajas de productos y más de 40 mil cajas diarias repartidas a centros de distribución.

Bajo su cargo tiene 29 trabajadores distribuidos entre analistas de inventario, ajustadores de bodega, técnicos operadores web, operadores de tecnología y un supervisor de sistema de tecnología para entregar la mercancía en el tiempo y la oportunidad debida.

Morales cumple un mes bajo este cargo y está aplicando un nuevo modelo de trabajo. “Vengo de una modelo prototipo a nivel nacional que es una de las mejores y ahí tenía uno de los mejores desempeños, por eso me trajeron de esa bodega a esta, por eso ascendí”, relata.

En esta nueva bodega han logrado mejorar rendimiento y disminuir los tiempos de atención, además de aplicar metodologías para ubicar estratégicamente los productos en el almacén y un nuevo diseño de las zonas de almacenamiento, los pasillos y espacios para el traslado de productos, equipos y personas con un flujo ordenado y eficiente durante el proceso de recepción, almacenamiento, y despacho.

“Han valorado mi trabajo, no han discriminado por que sea extranjero y me han medido por mis capacidades y no por nada más”, señaló. “Cuando traes el conocimiento, cuando traes las ganas, el empuje de hacer las cosas eso es bien valorado”.

Una Guayana inigualable 

Morales, quien entró a Sidor en 2014, señala que el mejor aprendizaje que le dejó la industria de Guayana fue trabajar en una estructura organizativa consolidada, además de afrontar la falta de recursos o laborar con presión y múltiples crisis internas en la siderúrgica. “Reinventarse, porque allá no teníamos recursos para hacer nada, mientras pudimos mantener una producción, se dio y se hicieron muchas cosas, hasta donde pudimos y con nada de recursos, cero”, sostiene.

Pero más allá de la debacle, también recuerda a Guayana y su gente “inigualable’”. “Nuestra gente es única, se extrañan los compañeros, el compartir, la vivencia”, cuenta. “Yo salía de mi trabajo y me iba a hacer un poco de deporte, a trotar, a meterme en un polideportivo que era de la empresa, que era para los trabajadores, involucrarme con la gente para los Interempresas (…) esas cosas se extrañan demasiado”, relató.

Durante esta etapa logró varios podios en los Juegos Interempresas, que también se han desvanecido. Como velocista consiguió estar entre los tres primeros en 400 metros planos y en los 100 metros con relevo. Aunque en Chile retomó su pasión, la pandemia lo mantiene alejado de las pistas.

A Sidor, más allá de la crisis y la politización de la empresa, la recuerda como un espacio único. “Uno se enamora de lo que hace día a día, del trabajo, del proceso (…) Ver cosas tan maravillosas como un horno de 200 toneladas produciendo, es una vaina que no tiene oportunidad de verla todo el mundo”, dijo.

“Una acería tan grande como esa hay dos o tres en el mundo y poder decir ‘yo trabajé en una acería con cuatro hornos de 200 toneladas’ (…) es una experiencia única, muchos nacimos en Guayana y como nacimos ahí nos criamos en ese entorno, lo normalizamos, pero ese tipo de industrias no está en todas partes del mundo y menos cuando todas están juntas”, sostiene.

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