Hemos perdido un caudal enorme de profesionales muy bien preparados y el desgobierno pretende sustituirlos por curanderos cubanos de precaria formación médica.

Antes de empezar a escribir estas notas, me entero por unas noticias de un canal de televisión a la que el régimen aún no les ha caído encima, imponiendo su “hegemonía comunicacional”, totalitarista, represiva, impositiva y discriminatoria; informando que Cuba acaba de suspender el envío de médicos a Brasil porque su presidente electo: Jair Bolsonaro, quien, por sus inclinaciones extremistas, no es “santo de mi devoción”, pues todo extremismo político, ideológico y religioso es dañino, les dijo a los médicos cubanos enviados por el castrismo-comunismo que no los necesitaba más.

La actitud de Bolsonaro con La Habana, y la orden de mandar a los médicos cubanos para su casa, por el mismo caminito por el que llegaron, es el deber ser de todo estadista demócrata, sin eufemismos, sin hipocresías, enfrentarlos sin cortapisas; frontalmente. El asunto me da una cochina envidia. Añoro el día en que esta invasión cubana en Venezuela se les saque del país, en especial a los médicos cubanos, ni ellos ni su medicina nada tienen que aportarnos a los médicos venezolanos, todo lo contrario. Para empezar, en ninguna parte del mundo en donde los médicos venezolanos, por las terribles circunstancias por las que atraviesa Venezuela se han visto en la necesidad de migrar, han dejado mal parada nuestra formación académica. En ningún país del mundo. Por el contrario, en países como Chile, los colegas venezolanos han sido motivo de elogios por la comunidad chilena. Me consta. Doy fe de ello.

Las razones por las que los médicos venezolanos se han ido del país: más de 26.163 migrantes, y aumenta exponencialmente todos los días, ya las traté en entregas anteriores; pero es grave en extremo; puesto que haciendo una comparación con la capacidad del estadio de béisbol de la Ciudad Universitaria de Caracas, que tiene un aforo para recibir un máximo de 20.700 personas sentadas, quedarían 6.163 médicos sin poder entrar. Hemos perdido un caudal enorme de profesionales muy bien preparados y el desgobierno pretende sustituirlos por curanderos cubanos de precaria formación médica.

Me crispa la maldad e indolencia satánica que ha infectado a algunos galenos venezolanos (gracias a Dios que son una minoría; pleonasmo retórico justificado), defensores de este sistema ideológico comunista, calamitoso e inmensamente destructivo que hambrea a Venezuela, que lo llena de carestías a todo nivel, en todo aspecto, lo que me demuestra de que están hechos estos vergonzosos personajillos. Me repugnan. Lo que manifiestan es la defensa absurda de la ideología de resentidos, contra la tragedia que sufre el sistema de salud venezolano y los cientos de miles de pacientes sufrientes de todo tipo de enfermedades, ha devenido en una caterva de resentidos, una especie de humanoides que sufren de un novísimo trastorno crónico; lo llamo: sklerocardias astorgos aspondoi; verbigracia: humanos duros de corazón, crueles e implacables (nombre que se lo propongo formalmente al honorable cuerpo de eruditos integrantes de nuestra honrosa Academia Nacional de la Medicina de Venezuela).

Esta vergüenza galena, anteponen la ideología rojo-rojita del odio antes que el dolor y clamor desesperado de tantos y tantos pacientes, sufrientes de todo tipo de males. El paciente y el cuido de su salud es la esencia del médico, no la defensa de ninguna ideología, sea cual sea. Esa es la naturaleza del juramento hipocrático. Además, aunque no forma parte taxativa del juramento, hay dos premisas que nos enseñaron en las escuelas y facultades de Medicina, no más las pisamos: primero eliminar el dolor, segundo, no causar daño. Pero, aludiendo algo que dijo alguien que funge de médico en un reconocido programa de radio, quiero recordarle, primero: que la mentira tiene patas muy cortas; segundo, que demostró ser lo que una vez dijo el eminente médico, antropólogo, filósofo, pedagogo, pintor y violinista catalán: José de Letamendi: “El que sólo sabe medicina, ni medicina sabe”. En virtud de ello, me permito parafrasear una locución que tanto gusta usar mi padre: “que saben del delicioso Theobroma, ciertos solípedos, cuyos pabellones auriculares son más holgados que el de otros congéneres, si jamás han degustado la oriza sativia”. No la voy a traducir; primero, porque la prudencia me lo reclama, segundo, porque cuando veas las barbas de tu vecino arder, pon las tuyas en remojo. Yo no tengo alma de mártir.

Señores y señoras rojo-rojitos, ¡basta de mentir! En Venezuela no hay más bloqueos económicos, que el que les ha propinado los EE UU y la UE a las inmensas fortunas mal habidas, obtenidas por el más inédito saque que ciertos enchufados latrocinas le han propinado a Venezuela, lo que ha generado la peor crisis humanitaria, social, sanitaria y de todo orden a pueblo alguno, en toda la historia de la humanidad; porque, en respuesta a tan vergonzosa afirmación, he de recordarles que el bloqueo no incluye las compras de alimentos ni medicinas que el país debe hacer, pero no lo hace, porque, entre otras razones, no tienen reales; la destrucción de nuestra gallina de los huevos de oro: Pdvsa, es tal que la producción petrolera va en caída libre. Los expertos estiman que para el 2019 puede caer a 500 mil barriles diarios, o menos. Como ahora no encuentran de dónde sacar dinero para comprar nada, culpan al bloqueo. ¡No señor!, el bloqueo no afecta las compras de alimentos y medicinas, afecta los intereses de los discípulos, honoris causa de Alí Babá. Como se les dio donde les duele, se han inventado el fulano petro, han embestido contra los minerales del estado Bolívar. Aquí no hay más invasión a la soberanía del país que la que protagonizan el ELN, Cuba, China, Rusia y los talibanes musulmanes, fácilmente identificables, quienes pululan como dípteros sarcófagos por media Venezuela, Dios sólo sabe por qué, para qué, y qué han venido a hacer aquí.

Concluyo parafraseando y apelando a lo que dijo el apóstol Pablo sobre un tal Alejandro el Caldeo, pero aducido al caso venezolano, referente a estos engendros del diantre: “Nos han causado muchos males; el Señor les pague conforme a sus hechos” (2 Timoteo 4.14).

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