Acudir a las fiestas aniversarios de los periódicos guayaneses era entender el impacto de estos en nuestra región: Empezando por los políticos (ahora ni se asoman a las reducidas redacciones).

 

“Los archivos del Pentágono, el nuevo y emocionante drama de Steven Spielberg trata el tema preferido de los periodistas: ellos mismos”. Así inicia mi reseña aparecida en febrero de este año en el The New York Time sobre película que trata de documentos publicados por ese periódico y luego por el The Washington Post, obteniendo este último notoriedad por las batallas judiciales y el entramado de cómo lidiar con el poder político en Norteamérica. La frase, calculado sarcasmo, sobre el modo supuesto de actuar los profesionales de la comunicación en demostración permanente de vanidad, incita a una sonrisa, que se congela al leer el reciente trabajo de la organización Transparencia Venezuela, capítulo de Transparencia Internacional. (“...asociación civil sin fines de lucro, no partidista, plural y sin filiación política, dedicada a promover condiciones, procedimientos y factores para prevenir y disminuir la corrupción”). El informe Censura financiera acaba con medios impresos venezolanos de la periodista Maruja Dagnino, con aportes de grupo relevante de comunicadores sociales.

Al pasear por las cifras y explicaciones que describen circunstancias de medios impresos que han cerrado, los que van quedando, las amenazas y las regulaciones de ley impuestas en los últimos 18 años en el país por el proceso de esta revolución, se hacen más claras las maniobras de dejar sin papel de impresión a los periódicos, eliminación de la publicidad gubernamental y advertencias a agencias y empresas privadas sobre anuncios en tales o cuáles medios. Acciones que van desde la intimidación a periodistas o editores, pasando por la agresión judicial y física; observando el hundimiento de las empresas periodísticas (y de radioemisoras), sumando el abismo económico de la hiperinflación, que destruye a toda la nación; con derivada y expresa conculcación en este caso de los derechos de la libertad de prensa e información. No queda sino agradecer que al hablar de ellos mismos, los comunicadores en el caso venezolano, haciendo alarde ruidoso y alegre de los premios y reconocimientos que en este año han obtenido emprendimientos editoriales e individuales sea, esa cualidad, palanca de ánimos que permiten mantener viva la pasión por la búsqueda de las noticias, que verdaderos editores se hayan apertrechado contra el oscurantismo, periodistas hayan asumido sus propias empresas: todo ello por sobre las múltiples limitantes, como el hambre y necesidades básicas, atropellos y pretendidas humillaciones que la revolución bolivariana ha empleado para quebrar las voces críticas y por supuesto a los medios de comunicación independientes que siguen tras la verdad, y el acontecer diario.

Realidades de nuestro patio

Acudir a las fiestas aniversarios de los periódicos guayaneses era entender el impacto de estos en nuestra región: empezando por los políticos (ahora ni se asoman a las reducidas redacciones), dirigentes gremiales y sindicales, voceros de la comunidad y como en Ciudad Bolívar, personajes cuya tradición era dejar constancia de su presencia. Al empezar la polarización que trajo el fallecido comandante, muchos acudían según preferencias del gobierno, y desde hace varios años, ni a los aliados del régimen, ni menos a los medios independientes, asisten tales grupos. Esto es anecdótico, pero lo sustancial es que el chavismo, elegantemente encarnado por el exgobernador Rangel Gómez (al mejor estilo de El Padrino de Mario Puzzo) desde Ciudad Guayana (en una historia que aún está incompleta en la opinión pública), dividió a los factores de opinión, empresarios, cultivó diferencias en sectores populares, extinguió el ímpetu de lucha de los trabajadores, ensalzó voceros diversos, compró rotativos y los vendió de nuevo; estableciendo la leyenda que aún permanece de la guerra de intereses de empresarios de los medios de comunicación. Falta de objetividad informativa -dijeron- de los que no concedieron privilegios a los gobernantes o falta de profesionalismo por impertinencias cuando la faena reporteril iba tras los secretos a voces, repetidos por toda Guayana.

Damián Prat me relata cómo estos días salvó su vieja camioneta de ser robada, gracias a la acción de una de sus oyentes, lo que le costó golpearse al caer en el pavimento al momento de carreras y gritos. Hace labor en su programa radial como puede, expresa. José Laurencio Silva, veteranísimo periodista bolivarense, explica que no hay proyectos en agenda, al conversar con él hace unos meses cuando cerraron el periódico donde ha laborado siempre en la antigua Angostura. A Eduardo Osto, quien fue jefe de redacción, hoy tras el cierre, impulsa una página de información digital, para seguir tras las noticias y buscar el difícil sustento. No hay mucho que abundar, que la región no esté enterada del sostenido hostigamiento judicial contra el doctor Natera y Correo del Caroní, por las informaciones de corrupción que los hechos han ratificado repetidamente. Alicia Estaba me refiere los vaivenes que afronta con los productores para sacar al aire su escuchado espacio de las tardes. Jóvenes comunicadores sociales han tenido, aun no deseándolo, que marcharse del país para capear las necesidades de formar familias. Periodistas miembros de las maltrechas asociaciones gremiales, se despidieron y buscaron residencias en otras latitudes A la reconocida y siempre activa Pableysa Ostos la insultan funcionarios por buscar información pública, al reportero Wilfredo Álvarez, igual detenido por sacar fotos a la sede de Cicpc en Tumeremo. El fotógrafo Wilmer González desapareció en las minas tras ir en la búsqueda de sustento. Los pocos periódicos que circulan en físico están desnutridos en su número de páginas y muestran la ausencia de colores vivos que la inexistencia de planchas le impiden ofrecer al lector.

Por sobre las tumbas…

Si no existiera el talante de Germán Dam, la mística de Leonardo Suárez, la irreverencia de Marcos Valverde, la pasión de María Ramírez Cabello, la callada persistencia de Jhoalys Siverio, la impulsividad de Ramsés Siverio, la constancia de Oriana Faoro, el compromiso de Clavel Rangel, Juan Manuel Carvajal, Elías Rivas y de tantos comunicadores casi anónimos que se encuentran en la región. Esos que han cruzado el rubicón (con la suerte está echada como dijo Julio César ante el riachuelo impuesto como límite por el imperio romano) desde programas radiofónicos, cuentas de redes, emprendimientos y asociaciones. Si no existiera la vocación por el oficio por encima de las persecuciones; difundiendo informaciones de denuncias, reseñando ejemplos que constituyen valores de justicia en una región amenazada por la anarquía y el desbordamiento social. Redactando noticias que llegan a la lectoría trayendo alientos de solidaridad y de sentido de dignidad. De no existir los principios que incluyen los sacrificios ante el sustento y los salarios, el informe de transparencia Venezuela sobre el papel de periodistas, editores y periódicos, en Guayana sería totalmente un acta de defunción de los medios.

Hoy no es fácil tener presente el valor de la comunicación social, hundidos como estamos por la dictadura revolucionaria. Cuando la aurora de la libertad y la democracia retornen, un compromiso del cambio auténtico estará destinado a honrar la información, las noticias y sus cultores en época de una Guayana que le ha querido imponer el silencio. Entonces hablaremos a plenitud de los actos de nosotros mismos y los de toda Venezuela.