Los días ponen nuevas trabas y más desesperanzas a las soluciones económicas, a la dinámica social y al vegetativo estatus institucional; además desde la estridencia en redes sociales no parece existir opinión donde se represente la ciudadanía.

El distorsionado funcionamiento de Venezuela, consecuencia directa de un modelo político inviable, no detiene la aspiración de vivir de la gente. Eso ocurre en el estado Bolívar. Los días ponen nuevas trabas y más desesperanzas a las soluciones económicas, a la dinámica social y al vegetativo estatus institucional; además desde la estridencia en redes sociales no parece existir opinión donde se represente la ciudadanía. Pero los esfuerzos de reencontrar el rendimiento, la productividad y la calidad de vida, continúan por sobre del oscuro panorama nacional y por sobre el desolador ambiente que desde la inercia carcome pueblos y ciudades.

En caseríos del municipio Cedeño (Turiba), a seis horas de Ciudad Guayana, los habitantes producen arroz. Lo suficiente para abastecerse y derrotar en alguna proporción la pesadilla de la escasez de alimentos y mecanismos para obtenerlos. En Caicara, el comercio informal vende queso, carne: “La ganadería continúa produciendo a pesar de las dificultades” -apuntan- elaboran tortas y dulcería; “se vencen diariamente dificultades del transporte y precariedad bancaria”. En el municipio Sucre, la siembra y cosecha rústica tiene un filón importante para la sobrevivencia en su capital Maripa y hasta sus numerosos caseríos; la nulidad tradicional de la comunicación y desplazamiento provoca la inventiva inmediata (trueque e intercambios), mecanismos en paralelo a la dramática explotación minera, para que los pobladores refuercen -casi igual que siempre- el estómago y la esperanza. Las parroquias campesinas del municipio Heres son presas de la miseria, acoso del hampa y presencia guerrillera, presuntamente, que hunde posibilidades de ensanchar la existencia con las maromas que se han hecho regularmente con éxito (venta de carne de res y cerdo en la carretera), para empujar la cotidianidad: Ya no es así. Ciudad Bolívar -capital de Guayana- tiene su dinámica central en el mercado periférico, sitio obligado para el rebusque de una ciudad que sigue perdiendo peligrosamente porcentajes significativos del comercio tradicional, a la par que el empeño de comerciantes agremiados les reúne con el poder local, dedicado a las consignas revolucionarias, sin cabida para la gobernanza. Pero los angostureños se las ingenian para sostener el espíritu vivo.

En Ciudad Guayana, las cámaras del sector comercial hacen fusión entre ellas para estimular los pequeños emprendimientos que no dejan de estar presentes en la ciudad. El municipio Caroní en su conjunto es un hervidero de iniciativas en todos los sectores sociales para la manutención, descartada la producción industrial como motor de empuje. En esas empresas invisibles, la presencia de la mujer es realidad que lidera. Los pueblos del sur venden lo inimaginable, en Tumeremo: café, perros calientes, chicha o hielo. Los jóvenes hacen transportes de envíos de repuestos y comida en motocicletas rústicas para las minas. Las familias realizan huertos para abastecerse; la ganadería azotada por el malandraje todavía proporciona animales al matadero del que viven muchos. En Padre Chien también cultivan. En estos municipios desolados, el comercio es comodín efímero por explotación de oro, que embosca con el monopolio de poderosas mafias, las posibilidades de largo alcance.

Derecho a la protesta

Teodoro Petkoff, político y hombre de medios, recordado por estos días al cumplirse un año de su muerte, reafirmaba a menudo la práctica venezolana del “derecho a pataleo”, como expresión de la cultura democrática de la población. Desde el momento en que comenzaron abusos y atropellos a los derechos en el país, hasta instaurarse la dictadura socialista del siglo XXI, ya sin ningún disimulo, las comunidades y sectores han hecho valer su resistencia a las paulatina pérdida de libertades y democracia. A la fecha actual los últimos boletines del Observatorio Venezolano de Conflictividad Social señalan claramente (elemento a tener en cuenta) que el estado Bolívar es una de las cinco u ocho regiones en los que la protesta y la movilización ha sido activa, aun cuando a los efectos de correctivos institucionales no haya respuestas.

En octubre volvieron las protestas por la escasez de gasolina en Guayana. Los distantes municipios del sur tuvieron en esta oportunidad focos de trancas de la vialidad. Ya en el mes de septiembre pasado, en el occidente guayanés, los vecinos habían secuestrado gandolas exigiendo la distribución del combustible para las poblaciones de ese eje. Pero las trancas, movilizaciones y protestas son una constante firme en las ciudades de Bolívar, motivado a la situación dantesca de los servicios públicos, sobre todo del agua; a la distribución del gas doméstico, e igualmente al reclamo laboral que se ha venido haciendo relevante motivado a la indefensión de los trabajadores de las viejas empresas básicas. Educadores, vecinos, enfermeras, estudiantes e inclusive un intento de revuelta, dirigido por antisociales en la avenida Manuel Piar de San Félix, por la detención de uno de sus cabecillas siguen mostrando la procesión de la irritación de los habitantes de Guayana en un cuadro insostenible. Claro esas manifestaciones tienen como debilidad la dispersión, falta de continuidad; que no tienen orientación que proporcione caminos a acciones de cambio político. Son visibles pero sin incidencia en los intereses de eternizarse en el poder de la revolución bolivariana. Los portavoces del régimen, de este modo, continúan tranquilamente mirando con indiferencia el clamor popular, mientras se solazan jugando a la política.

Guaidó… otra vez

El rescate del orden constitucional, mediante el decreto de transición, aprobado en la Asamblea Nacional, ha podido estos largos meses comprobar el desenvolvimiento de un proceso de padecimientos, de fracasos y esfuerzos en la conformación de la resistencia democrática. No es la secuencia lineal supuesta, aquella que vocearon las dirigencias partidistas o la de grupos con retorcidas estratagemas de “realismo” que simplemente se han anexado a los cálculos del régimen.

Por eso la acción política hacia la transformación, aun con presencia de grises actores burocráticos como en el caso del estado Bolívar, tenga de trámite imprescindible la conexión con la movilización ciudadana para encontrar las definiciones reclamadas. De allí que la fecha del 16N, a la que convoca el presidente (e.) Juan Guaidó, tenga el matiz especial de representar un nuevo episodio de importancia: “SEPTIMO. Ratificar el derecho que tiene la ciudadanía en Venezuela al ejercicio legítimo de la protesta en las calles, más aun cuando se vive una emergencia humanitaria compleja sin precedentes en nuestro país, que es lo que más teme el régimen usurpador de Nicolás Maduro Moros: una sociedad movilizada en defensa de sus derechos fundamentales y amparados en la letra de la Constitución vigente”. Del ACUERDO EN RECHAZO A LA PERSECUSIÓN POLÍTICA LUEGO DEL ÍRRITO ALLANAMIENTO Y VIOLACIÓN DE LA INMUNIDAD PARLAMENTARIA DEL DIPUTADO JUAN PABLO GUANIPA, Y A DOS AÑOS DE LOS ATAQUES AL DIPUTADO FREDDY GUEVARA CORTEZ. Aprobado en sesión ordinaria de la Asamblea Nacional el 5 de noviembre.

Las voces de la desesperanza no pueden seguir aullando a los oídos de las luchas. Esas batallas significan deudas del país con los venezolanos asesinados, víctimas de la dictadura, con los que no pudiendo más salieron a otros países y también con nosotros mismos. No hay espacio para rendirse; en Guayana la indignación vuela y marcha.

Trocitos…

- Sifontes: los mineros tienen la idea generalizada que los gobernadores (el de Miranda ya se dijo) llegarán a la jurisdicción a tomar posesión de las minas activas. Tienen la idea que esta será otra guerra más de las facciones -similar a El Callao- donde ellos deberán estar preparados.

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