Cuando veo lo que han tenido que soportar estos parlamentarios siento un gran respeto por ellos. Me enorgullece ser venezolana y recobro la esperanza que zigzaguea en mi emocionalidad golpeada y adolorida.

Desde 2015 el poder legislativo ha pagado un alto precio para mantener una precaria independencia frente a las arremetidas de una macolla tiránica, que ha utilizado los más bajos, nefarios e innobles recursos para arrasar la disidencia parlamentaria, electa por los venezolanos hace cinco años. La elite dominante solo espera obediencia y sumisión, como si Venezuela fuese un cuartel comunista, inspirado en esa escuela de dictadores, que cumplió seis décadas bajo la férrea rectoría de los hermanos Castro.

Desde que se instaló la dictadura, al Congreso Nacional de la democracia se le denominó Asamblea Nacional como en Cuba. Un órgano subalterno que se reúne cuando lo decide el tirano, donde las decisiones se toman por unanimidad y las autoridades se eligen por aclamación. Una parodia: eso es el poder legislativo en estos regímenes dictatoriales, que los serviles de aquí copiaron para mostrar que Venezuela es, sin ninguna duda, una colonia cubiche. Y no lo disimulan. Al contrario, la cúpula corrupta y criminal despliega un enorme orgullo al exhibir cómo se somete, voluntariamente, a los designios y caprichos de la más vetusta satrapía del continente, que practica un proxenetismo caníbal, miserable y protervo.

Han copiado lo peor del comunismo y lo han pervertido todo, pues en estas dictaduras la disidencia es un crimen, y el poder legislativo es en esencia confrontación, diversidad y pluralidad. Vale decir, las condiciones esenciales del ejercicio político democrático en nuestra cultura occidental, marcada por los aportes que el barón de Montesquieu dejó como legado en ese largo e interminable camino hacia la civilidad.

     

Agridulces

En Colombia renunció el ministro de la Defensa, como ocurre en cualquier democracia cuando un alto funcionario no cumple con las funciones encomendadas. Pero en la satrapía venezolana se le aterraja en su minpopo y se le asciende, porque para una cúpula mediocre, corrupta e ignorante lo único importante es la sumisión.

Los diputados que fueron electos en 2015 -la mayoría concebidos, nacidos, criados y formados en democracia- han tenido que enfrentarse a los abusos y arbitrariedades de un ejecutivo dictatorial, represivo y militarista, que ha perseguido, hostigado y encarcelado a nuestros parlamentarios, pasando por encima de su legitimidad y de lo establecido en la CN, que ellos aprobaron y que la macolla no se cansa de enarbolar en su versión azul.

Cuando veo lo que han tenido que soportar estos parlamentarios siento un gran respeto por ellos. Me enorgullece ser venezolana y recobro la esperanza que zigzaguea en mi emocionalidad golpeada y adolorida. La tiranía los ha perseguido con saña y alevosía para anularlos, atemorizarlos, encarcelarlos y torturarlos. Como es el único poder con una legitimidad incuestionable, es objeto de toda la maldad y sevicia que anida en las mentes retorcidas de los miembros y miembras de esos aquelarres, que ellos llaman salas situacionales, donde se planifican ruindades, infamias, daños, perjuicios y cualquier acción infernal contra esos venezolanos que no se han dejado intimidar.

Algunos se han fugado, otros están protegidos en embajadas, la clandestinidad ha sido un refugio para preservar vidas y libertades, pero otros están presos y son el blanco de toda la crueldad enquistada en los verdugos del régimen. Por si aquello fuera poco, ahora los acosan con maletines repletos de dólares, pues buscan quebrar su honor y jugar con sus necesidades en medio de la hiperinflación más alta del mundo. Ojalá que nuestros diputados resistan estas embestidas, pues Venezuela requiere que el poder legislativo no se sumerja en la pocilga de la corrupción como lo hizo la fuerza armada, que no es merecedora ni siquiera de una mayúscula.

Vale dejar testimonio de los nombres de Juan Requesens, preso en las tumbas de este socialismo humanista, de Gilbert Caro que lo apresan y lo sueltan según la convenga a los cuerpos represivos del régimen, de Edgar Zambrano recién excarcelado. También de Américo De Grazia, Freddy Guevara refugiados en sendas embajadas, de Gaby Arellano, Richard Blanco, Julio Andrés Borges, Carlos Vecchio, José Manuel Olivares, Ismael García y otros que se fueron para que no los detuvieran. Está de anteojito que ser diputado en Venezuela es altamente peligroso.

Hoy la cacería depredadora tiene un blanco preferente. Se trata de Juan Guaidó, a quien los capitostes le arman, a diario, todo tipo de trampa para inmovilizarlo y apresarlo. Mientras el amoroso contralor lo acusa de desangrar a un país anémico y exangüe, el psiquiatra lo quiere rastrojar: esto es arrancarlo de cuajo del terreno legislativo, pues no lo quiere ver sembrado en la presidencia ni en la preferencia de la mayoría nacional.

 

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