Ni el analfabetismo ni el semianalfabetismo es sinónimo de idiotez. Menos aún de inmoralidad, pero si se mezclan los tres ingredientes con poder político, el resultado es de tierra arrasada.
Los estudiantes de entonces, encabezados por Jóvito Villalba y Betancourt cristalizarán sus sueños de civilidad luego de una compleja transición civil-militar o militar-civil a partir de 1959, con la instalación de la república civil de partidos.
El culto de la heroicidad siempre lleva al destrone y a la profanación de los otros héroes, y por ese camino las mentiras o medias verdades perturban el sano juicio del hombre libre.