Las experiencias en Fe y Alegría, de escuelas confiadas al Ministerio de Educación, del Colegio Loyola, junto a la experticia de los especialistas, dan cuenta de lo avasallante que puede ser la enseñanza en una pandemia y con una emergencia humanitaria a cuesta.

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El panorama más hostil
a la educación

De acuerdo con el Observatorio Venezolano de Servicios Públicos, sólo 34% de ciudadanos afirmó tener acceso al servicio de internet fijo en el hogar, de los cuales casi dos terceras partes indicaron que su servicio no tiene la capacidad suficiente para trabajar o recibir clases en línea.

La Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (Encovi) correspondiente al período de noviembre de 2019 a marzo de 2020 revela que hubo una reducción entre 2014 y 2018 de 12,7 millones de estudiantes a 11 millones. La cobertura educativa -antes de la pandemia- era de 70%, por detrás de los países de la región.

La escasez de gasolina y los salarios menores a 20 dólares mensuales alejan a docentes de garantizar un proceso educativo de calidad. Además de ello, la emergencia humanitaria compleja priva a los niños de formarse de manera correcta en un ambiente sano.

Pese a que van más de cuatro meses desde que se decretaron las clases en línea, pocas son las políticas públicas para mantener una educación óptima. Los maestros se siguen reinventando en la lucha por mantener la educación con ninguna condición a favor.

Luego de culminar un año académico atípico por la pandemia de COVID-19, los colegios aprovechan el periodo de vacaciones para evaluar las condiciones en las que finalizaron el período escolar y analizar oportunidades de mejoras en un contexto donde las fallas de los servicios básicos hacen más cuesta arriba el proceso educativo.

Los colegios Fe y Alegría lograron remontar en el camino la cuesta, pero sus autoridades y docentes reconocen que no son pocas las carencias que deben ser abordadas con miras al próximo año escolar.

La institución conformó una comisión nacional con representantes de los estados, informó la directora zonal del Fe y Alegría en Bolívar, Yanitza Manríquez, quien explicó que este equipo levantó una data y creó nuevas guías didácticas para cada grado con actividades diarias para la semana.

El material incluye videos, imágenes, canciones y lecturas para el aprendizaje de los estudiantes. Los colegios debían notificar la cantidad de alumnos que participaron en el proceso cada semana. Sin embargo, la enseñanza se vio afectada por las interrupciones de internet y falta de equipos tecnológicos.

“Se fue quedando por fuera quien no tenía herramientas digitales”, manifestó. Manríquez calcula que en marzo, al principio de la pandemia, tan solo pudieron contactar a un 40% de los estudiantes en el estado Bolívar, situación que mejoró con la implementación de medidas que privilegiaban la colaboración entre profesores y estudiantes para compensar la falta de aparatos tecnológicos e internet.

Para poder incluir a un 30% de los estudiantes que no tenían acceso a esta información en línea, los educadores realizaron papelógrafos con las actividades, los cuales fueron colgados en las puertas de colegio y canchas de la comunidad. Allí los representantes podían tomar apuntes para, semanalmente, entregar las asignaciones en el buzón escolar.

“En sectores más complejos como la vía a El Pao, la docente recogía los cuadernos del niño, le hacía las actividades a mano y le entregaba las asignaciones porque también encontramos padres analfabetos”, señaló Manríquez. De esta forma semi-presencial aumentó en 78% la cobertura educativa de forma permanente.

La directora zonal expresó que se debió hacer un plan de recuperación a estudiantes que no participaron en casi todo el año escolar. Para mediados de junio, el trabajo estuvo orientado a la atención de los estudiantes ausentes desde marzo y así llegaron a casi 95% de asistencia de un total de 19.229 estudiantes en 34 escuelas.

Meta: Dotar al educador de teléfonos inteligentes

Un primer paso en el diagnóstico fue identificar a los docentes sin acceso frecuente a los equipos tecnológicos para prestarse apoyo entre ellos. Resaltó el caso de una profesora que prestó su teléfono para que otros maestros enviaran las asignaciones a tres grados distintos. Además establecieron horarios en las instituciones donde tenían conectividad para que los profesores usaran los equipos en días específicos y pudieran descargar y enviar información a los estudiantes.

Fe y Alegría tiene una campaña a nivel nacional llamada Maestra al teléfono en donde buscan dotar de teléfonos y equipos inteligentes a los docentes. La directora manifestó que con ayuda de Unicef en el estado Bolívar están esperando 66 teléfonos y 20 enrutadores de internet.

De acuerdo con la representante regional, los teléfonos serán utilizados por profesores primordiales y los routers estarán en zonas estratégicas que permitan a varios profesores aprovechar estos insumos. “Es imposible que Fe y Alegría equipe a todos los docentes de teléfonos inteligentes”, indicó.

    Maestros y representantes se vieron obligados a romper la cuarentena para sacar adelante un proceso educativo a distancia sin condiciones mínimas | Fotos William Urdaneta

Resaltó que aparte de los equipos es necesario garantizar la operatividad de los mismos. Durante los meses de abril, mayo y junio hicieron recargas a los profesores que utilizaban sus teléfonos para el servicio educativo.

El aporte inició en 80 mil, luego 150 mil y en junio transfirieron 200 mil bolívares. “No es sostenible, fue por la inmediatez de resolver la situación”, manifestó. La inversión en recargas para cubrir el consumo de telefonía móvil de 259 docentes ascendió a 150 dólares mensualmente.

Los papelógrafos y la búsqueda de los cuadernos en las casas, en aquellos centros con más dificultades de conectividad, seguirán presentes entre los recursos para mantener viva la relación con los alumnos. “La idea es llegar a cada niño”, señaló.

Pero la presión no solo es tecnológica. El alto costo de la vida, en un escenario de emergencia humanitaria compleja, obliga a un grupo de docentes a aumentar sus ingresos en otros trabajos. Por esta razón, Fe y Alegría considera necesario ayudar a aquellos en situaciones de mayor vulnerabilidad para preservar la estabilidad del cuerpo docente.

En las últimas dos semanas de julio esperaban trabajar en talleres de formación sobre el uso de WhatsApp para el desarrollo de clases y de competencias en educación a distancia debido a que este tipo de métodos implican complejidades a las que el educador se debe adaptar.

A falta de internet, buzones escolares

La realidad de los colegios públicos es aún más difícil. Requieren desde equipos tecnológicos hasta garantías de movilidad para cumplir con el proceso educativo. Del 75% de receptividad que tuvieron de los estudiantes de primaria en el Colegio Teresa de la Parra “casi nadie cumplió con el perfil para el año próximo”, indicó la directora de la institución, Elizabeth González.

Descartado el correo electrónico, algunos profesores intentaron trabajar con WhatsApp pero en estos casos la herramienta resultó insuficiente porque los mensajes podían tardar hasta un día en ser enviados y llegar a los representantes.

La directora señaló que profesores pasaron hasta 10 días para ir al colegio a recibir y entregar las asignaciones por los problemas de transporte. Sin embargo, afirmó que es probable que sigan trabajando con el buzón escolar, en el que dejaban semanalmente las asignaciones, debido a que no hay condiciones para mantener una educación virtual.

“Ellos quieren que se haga online, pero que brinden las herramientas”, inquirió González. A la directora le gustaría contar con herramientas tanto para profesores, como para estudiantes y que el proceso pueda ser más fluido pero, considera que es poco probable, sobre todo cuando el colegio tiene 15 años sin que se le haga una mejora por parte del Ministerio de Educación y el mantenimiento depende de la colaboración de los representantes.

González señaló que esperan hacer un censo para lograr tener un mayor alcance de los estudiantes, además incluirán a los representantes del consejo comunal para que les entreguen asignaciones a los estudiantes que estén lejos del alcance de los profesores.

Inversión para mejorar la conectividad

El sacerdote jesuita y rector del Colegio Loyola Gumilla en Ciudad Guayana, Luis Ovando, manifestó que la institución ya contaba con guías de contingencias para circunstancias en las que no tuvieran electricidad o agua. La declaratoria de emergencia nacional por la pandemia de la COVID-19 hizo que estos materiales se adaptaran a los retos de la modalidad a distancia.

Para el proceso de retroalimentación pautaron junto a otros cuatro colegios jesuitas reuniones semanales. “Compartimos cuáles eran nuestras experiencias exitosas, el material que cada colegio iba elaborando”, detalló. Además están por aplicar una encuesta a los docentes para determinar los aspectos positivos y negativos que hubo en la modalidad de enseñanza a distancia y conocer la situación específica de cada educador.

Expresó que hubo un contacto directo entre docentes, coordinadores por año, estudiantes y representantes para mejorar el proceso educativo. Los estudiantes que no tenían acceso a tecnología tenían que comunicarse con estos representantes para entregar las asignaciones en puntos concretos de la ciudad y que el delegado las entregara en el colegio.

Aunque no tuvieron muchas dificultades con equipos, sí se presentaron problemas con el internet que usaban los docentes. “Más importante que el teléfono o la computadora es la conexión”, indicó Ovando. De acuerdo con el rector tuvieron que hacer inversiones en equipos de banda ancha móvil para el personal crucial y así mejorar la conectividad de los docentes.

Sueldos justos y garantías para educar a distancia

“Ya la educación media general viene arrastrando muchísimos años de crisis”, indicó la directora académica de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB Guayana) y directora de la Escuela de Educación, Claudia Arismendi. Los bajos salarios de los profesores, dijo, causan que las escuelas se queden con menos profesores especialistas en todas las áreas.

Expresó que, además de que los colegios carecen de condiciones para el proceso educativo dentro de las aulas, la enseñanza en línea fue mucho más complicada. “Nosotros estamos convencidos que hay instituciones que no pudieron tener ningún contacto con ningún estudiante”, indicó.


Arismendi comentó que en zonas rurales y tomando medidas preventivas hacer encuentros pequeños podría ser una opción para impartir clases
     

Para Arismendi los resultados de la educación media-diversifica reflejan una situación preocupante. Citó, por ejemplo, que en la última prueba de conocimiento para ingresar a la UCAB, el promedio de los bachilleres en matemática fue de 3 puntos sobre 20, mientras en inglés la nota más alta fue de 8 puntos. “La prueba que hace la universidad se saca de los contenidos que ellos cursan en bachillerato”, detalló.

Comentó que han tenido que diseñar programas de acompañamiento, cátedras de nivelación en matemática y textos, además de programas psicológicos para integrar a los estudiantes que vienen ingresando a la universidad y mantenerlos dentro del sistema.

“Nosotros sabemos que si un docente no tiene para comer, menos va tener probablemente para tener un teléfono inteligente y llevar clases virtuales”, razonó Arismendi. Considera vital garantizar sueldos justos, con calidad de vida digna para asumir el reto de educación a distancia.

Señaló que es necesario que los sectores que forman parte del proceso educativo puedan definir mecanismos que permitan tener educación a distancia con un mínimo de garantías en tema de conexión. Expresó que es importante definir los protocolos para ayudar al estudiante en los momentos donde los representantes no tengan la capacidad y evaluar los contenidos que se van a dar para no sobrecargar a niños y jóvenes.

Arismendi resaltó que es fundamental que haya encuentros entre los estudiantes y profesores para que puedan preguntar y aclarar dudas, por lo que ve necesario tomar en cuenta los recursos tecnológicos. Expresó que en los lugares sin internet y zonas rurales, las clases por televisión y radio pueden funcionar siempre y cuando sean de calidad con profesores bien formados.