El Acta de Independencia -la primera de Hispanoamérica- fue redactada por el polémico diputado Juan Germán Roscio con el apoyo de Francisco Isnardi, secretario del Congreso. Es este el documento fundamental de nuestra nacionalidad, y es a la vez un manifiesto público y un acta. Nace la República como una confederación de provincias libres, soberanas e independientes, consolidada con la Constitución Federal.

on la Revolución Francesa surge la política moderna, una nueva legitimidad, otro imaginario social, una novedosa modalidad de la acción humana y un protagonista estelar como es el político. Iberoamérica, periferia del mundo europeo, participa en esa gran mutación de los tiempos modernos. Y lo que había sido un lento proceso de transformación cultural se acelera, significativamente, después de 1808. En este contexto, el proceso de independencia no es sólo la ruptura con el imperio español, es también un proceso revolucionario que impacta en lo más profundo de estas sociedades: en los principios que las fundan, en la imagen que tienen de sí mismas y en los valores compartidos y aceptados.

Para aquel momento las ideas de la Ilustración están enseñoreadas en el pensamiento político de la élite dirigente venezolana. Las mismas llegaron a través de los libros o como testimonio -en primera persona- de quienes fueron testigos y hasta partícipes de aquellos movimientos que sacudieron al viejo continente y en particular a Francia.

La Universidad venezolana fue fundamental para la democratización de los principios de la Ilustración, que son esencialmente: la idea de la libertad, el imperio de la razón, la fe en la inteligencia y la crítica a todo tipo de creencia. Los mismos constituyen el sustento teórico de quienes se plantearon una ruptura definitiva con la tradición colonial española, con una prolongada permanencia de 300 años en estos territorios. La Revolución Francesa marcó la pauta en cuanto al modelo a seguir, abanderado con la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. También la independencia de los Estados Unidos fue otro ejemplo a emular.

Lo cierto es que las ideas políticas que tuvieron su origen en Europa se refractaron en el ámbito de nuestro continente americano. Concurrió un pensamiento práctico con programas, justificaciones y lecturas retrospectivas. Es así, que las ideas del Barón de Montesquieu y las de Juan Jacobo Rousseau alimentaron las acciones de figuras como Simón Bolívar y Francisco de Miranda, y el Contrato Social se materializa, según Luis Alberto Romero, en los movimientos “juntistas” de 1810.

Desde 1810 -ya depuestos los borbones a partir de los sucesos de Bayona, la invasión a España por parte de Napoleón y la abdicación de Carlos IV y de su hijo y sucesor Fernando VII- los conspiradores en Venezuela devienen en hombres de Estado, en juristas notables, en teóricos, legisladores, en acuciosos periodistas y fogosos oradores. Son, según algunos historiadores, la más luminosa de las promociones humanas que hayamos tenido. Letrados, sacerdotes, militares, profesionales e importantes propietarios conforman este grupo de notables venezolanos, que tienen la responsabilidad de consolidar la independencia, luego de la incruenta revolución del 19 de abril.

    Termina un año perdido en sueños de amor por el esclavo de Bonaparte. ¡Que principie ya el año primero de la independencia y de la libertad!”. Simón Bolívar y Muñoz Tébar

De aquellos notables venezolanos afloraron importantes contradicciones que ralentizaron la concreción de la independencia. Se encomiaba la obediencia cuando la realidad exigía rebelarse contra la usurpación. Se alegaban principios jurídicos cuando lo indispensable era construir las bases de un nuevo derecho. La voz salía en murmullos cuando se requería la firmeza y la fuerza de la palabra. La acción se detenía justo cuando las trincheras debían ser asaltadas. En fin, como lo afirmó el profesor Manuel Vicente Magallanes, todo era prudencia, legalidad, moderación, rezago, cuando las circunstancias pedían arrojo, insurgencia, audacia y valentía.

Juan Vicente González ve en la Sociedad Patriótica -conformada en agosto de 1810 y para muchos el primer partido político nacional- la respuesta a aquellas contradicciones que frenaban la acción. En efecto, la Junta Patriótica asume la conducción del movimiento revolucionario que presiona a un adormecido Congreso Constituyente, que luego de transcurrido un año del 19 de abril no se decide a declarar, formalmente, la independencia.

La conmemoración del primer aniversario del 19 de abril, ofreció la oportunidad de manifestarse abiertamente, “para reanimar el mar muerto del Congreso”, como lo expresó Francisco Antonio Paúl y para que Antonio Muñoz Tébar y Simón Bolívar dijeran: “Termina un año perdido en sueños de amor por el esclavo de Bonaparte. ¡Que principie ya el año primero de la independencia y de la libertad!”.

Porque la emancipación, es menester enfatizarlo, no era de la corona española, en ese momento desvanecida, sino de la monarquía bonapartista y de una hostil e inoperante Regencia de Cádiz, gestora de erráticas políticas frente al delicado problema colonial. No obstante, la Junta que se organiza a partir de abril de 1810 se denomina: “Junta suprema conservadora de los derechos de Fernando VII”.

Los días que precedieron al 5 de julio fueron de discusiones y enfrentamientos entre la Sociedad Patriótica y algunos miembros del Congreso. El día 3 el diputado José Luis Cabrera propone que se discuta la declaración de la independencia. Argumentó que desde el 19 de abril del año anterior ya Venezuela era independiente. Hubo bastante consenso en torno a esta propuesta, sólo los presbíteros Maya y Méndez se opusieron. Otro obstáculo fue la posición asumida por las provincias de Maracaibo, Coro y Guayana, todavía fieles a la Regencia.

El 4 de julio el Congreso y la Sociedad Patriótica mantienen algunas diferencias, pero el Dr. Miguel Peña, como vocero de Simón Bolívar, solicita la inmediata Declaración de la Independencia. El debate se traslada para el día siguiente, y en horas de la tarde del 5 de julio se procede a la votación. Realizado el recuento de los votos, el presidente del Congreso, Juan Antonio Rodríguez Domínguez, anuncia solemnemente que queda proclamada la independencia absoluta de Venezuela.

El Acta de Independencia -la primera de Hispanoamérica- fue redactada por el polémico diputado Juan Germán Roscio con el apoyo de Francisco Isnardi, secretario del Congreso. Es este el documento fundamental de nuestra nacionalidad, y es a la vez un manifiesto público y un acta. Nace la República como una confederación de provincias libres, soberanas e independientes, consolidada con la Constitución Federal. Los 41 diputados de las provincias de Barinas, Caracas, Cumaná, Margarita, Mérida, Trujillo y Barcelona firmaron este documento, que configura un acto jurídico-político trascendental, emanado de la voluntad del pueblo aquel 5 de julio de 1811, hace dos siglos y nueve años.

 
 

Editorial Roderick