El cronista de Upata, Atife Habib, repasa en el Día de San Antonio de Padua, patrono de la capital del municipio Piar, la presencia del santo y su generosidad en la historia fundacional de este pueblo fundado en 1762.

Reproducimos el texto San Antonio de Upata, El pan de los pobres con motivo de celebrarse este 13 de junio el Día del Santo Patrono de Upata.

¿Cómo conocimos al Santo Patrono de nuestra ciudad?

Érase una vez, en el siglo XVIII, en el año de 1729 vinieron unos forasteros vestidos de largos atuendos de un color que estigmatizó a la mayor orden religiosa universal y un calzado de lo más sencillo, ¡¡¡¡Unas sandalias!!!! que luego marcaron nuestras fronteras y además protegieron de nuevas y perversas ocupaciones de territorios de aquellos que en el nombre de la monarquía inglesa y amparados en la corriente protestante de la Iglesia Adventista que ad-misericorde venían tomando ventajas en la zona sur de Venezuela.

Este intento de fundar pueblos en la última provincia venezolana no prosperó por razones de salubridad y del estado anímico de quienes iniciaron esta acción en 1650, cuando un hermano no sacerdote llamado Fray Francisco de Pamplona había logrado permisos para fundar misión en la Isla de Granada y en vista que esa región ya contaban con la presencia de colonizadores franceses, decidió junto a sus compañeros venir a Margarita a evangelizar a pueblos indígenas dispersos de tribus como Cumanagotos, Palenques y Píritu, protegiendo de abusos que los blancos ocupantes de la región hacían con los indios.

Con el devenir de los años y para 1682 se forman los primeros pueblos de reducción y es en las altiplanicies y sabanas de Upata cuando se funda la Misión de Belén de los Totumos, donde más tarde tienen que abandonar sus objetivos por la muerte y enfermedades que afectaron a estos primeros misioneros; sin embargo años después se trasladan a la extensión hoy rural de Altagracia, inician fundaciones de pueblos con los indígenas guayanos, con el nombre de San Francisco de Altagracia y luego Nuestra Señora de la Candelaria de Altagracia a partir de 1724 y que definitivamente quedó establecida nuestra villa de españoles en 1762.

La Villa de San Antonio de Upata

Los Franciscanos Catalanes Capuchinos de los Hermanos Menores cuya orden se inspiró en 1525 Fray Mateo de Bascio acompañados de otros frailes de la Observancia llamados Ordo Fratum Minorum Cappuccinorum, abreviándose como O.F.M.cap.

   

Los 13 de junio, Día de San Antonio, en muchas iglesias se suele repartir panes bendecidos, una costumbre que nace de uno de los tantos milagros del santo, el “Milagro de Tomasito”

Los Capuchinos Observantes se ubicaron en conventos de retiro, para allí tener una vida más contemplativa; crecieron de manera acelerada con los viejos preceptos de la primera Regla de Francisco de Asís para luego crear la orden. Esto era muy común en aquella época, las reformas franciscanas que se sitúan dentro de la observancia, se separaron de los observantes y estuvieron bajo obediencia del ministro general de los conventuales hasta tener su propio ministro general. Los capuchinos son la rama heredera de los espirituales de los primeros tiempos, dedicándose al cuidado pastoral de las parroquias.

Adoptaron el hábito marrón con un cordón (como los franciscanos observantes), pero la diferencia principal con los otros dos grupos es que llevan una capucha unida a la túnica (de acuerdo a la forma del hábito original que usaba San Francisco) y es más larga comparada con las otras ramas.

Esta Orden de los Hermanos Menores Capuchinos se ocupó de estas nuevas formaciones de pueblos reducidos y de doctrinas; la Villa de San Antonio de Upata constituye el primer ejemplo de fundación de una villa de españoles en esta provincia de Guayana y Trinidad, estas familias de Canarias estaban residenciadas en Araya y tras el asedio constante de la piratería holandesa e inglesa inician su peregrinar a nuestra zona con la anuencia del señor gobernador José Diguja para el mes de octubre de 1761 y el principio de los meses de abril y mayo de 1762 llegan a este territorio cuyas condiciones eran favorables para su habitación definitiva.

En principio se toma la decisión de traer como santo patrono de esta comunidad El Cristo de Medinacelli como así debió llamarse este primer pueblo de blancos españoles. Para ese tiempo Marruecos, un país árabe ubicado en el norte de África, asediado por la conquista del Imperio Islamista, se decide enviar esta magnífica obra de nuestro señor Jesús a fin de producir un proceso amplio y extenso de la evangelización en el continente africano lo cual no tuvo el éxito correspondiente y la obra tallada en fina madera y otros materiales fue arrastrada por las calles de la ciudad de Trípoli como rechazo al cristianismo; simultáneamente la orden franciscana de San Antonio de Padua destina al más grande de los estudiosos del catolicismo de todos los tiempos, de origen portugués que su nombre civil llamado Fernando Bulloes Teixeira de Acevedo, el santo que el 13 de junio de cada año elevamos nuestros respetos y veneración perpetua porque en 1231 ascendió a la diestra de nuestro Dios.

La caridad de San Antonio de Padua

Hablemos de San Antonio de Padua y su inmensa caridad a los pobres de la tierra. Todos los 13 de junio, día de San Antonio, en muchas iglesias franciscanas se suele repartir entre los fieles pequeños panes bendecidos, una costumbre que nace de uno de los tantos milagros del santo, el “Milagro de Tomasito”.

Un día Tomasito, un bebé de 20 meses, queda jugando solo fuera de la vista de su madre. Al regresar, la madre encuentra al niño sin vida, ahogado en una tina de agua ubicada en las afueras de su humilde vivienda.

Desesperada invoca la ayuda del santo canonizado pocos meses después de su fallecimiento y en su oración hace un voto: si obtiene la gracia, daré a los pobres tanto pan cuánto pesa el bebé. El hijo recobra milagrosamente la vida y nace así la tradición del Pondus Pueri (el peso del niño), una oración con la cual los padres, a cambio de protección para los propios hijos, prometían a San Antonio tanto pan cuanto era el peso de los hijos, para ser donado entre los más necesitados, “el pan de San Antonio” es sinónimo de caridad.

Este milagro, dio origen a dos obras en fidelidad al espíritu de San Antonio: primero la Obra del Pan de los Pobres, la organización antoniana que en Padua se ocupa de llevar alimentos y enseres de primera necesidad y asistencia a las personas en dificultad. Son muchos los fieles que también hoy en agradecimiento o para pedir favores al gran santo taumaturgo suelen hacer para su fiesta estos famosos panecillos, que luego hacen bendecir en la misa para compartirlos con familiares y amigos.

San Antonio de Padua fue a Marruecos para llevar la fe, de allí se traslada a la región de Sicilia tras un naufragio decide regresar uniéndose a los frailes de San Francisco para peregrinar en Francia. Cuando vuelve a Italia se instaló en Padua donde murió en 1231.

Se cuenta que hablaba una lengua compuesta por miles de acentos pero que era comprensible para todos. Y era cercano a todos: a los pobres, a las personas en dificultad, a los enfermos. En este ser hermano de todos, también está su universalidad, La obra del Pan de San Antonio es tal vez la más antigua obra caritativa de la Iglesia Católica de las que hoy existen y una de las más importantes instituciones sociales no gubernativas del mundo. Se remonta al siglo XIII, según la tradición franciscana. San Antonio de Padua fue un santo muy milagroso, ya en vida, que tuvo un amor muy grande a los pobres, que acudían a él pidiéndole comida, pan. Por eso en no pocas imágenes de San Antonio de Padua aparece con el Niño Jesús en los brazos, un libro y un panecillo, ya sea en su libro o en sus manos.

El santo vivió en el siglo XIII. Fue un gran predicador y muy generoso con los pobres y los necesitados y con los que sufrían injusticias frente a los poderosos de su tiempo. Un día se presentaron ante San Antonio un grupo de pobres que no tenían para comer. Él se fue a la cocina de los frailes, cogió todo el pan y se lo dio a los pobres. Al llegar los frailes vieron que los cestos de pan estaban vacíos y pidieron a San Antonio explicaciones. El santo les dijo que miraran bien en los cestos. Fueron y estaban llenos de pan.

San Antonio de Padua vivió tan entregado a los pobres y tan lleno de sabiduría cuando predicaba, que muchos le daban por santo en vida. Tanto es así que es el santo que fue canonizado en menos tiempo: solo pasaron once meses desde su muerte el 13 de junio de 1231, hasta su canonización el 30 de mayo de 1232.

Una vez, años después de la canonización, cuenta una leyenda franciscana que, cerca de Padua, a una madre que estaba trabajando en el campo se le cayó su hijo en una cisterna. Cuando lo recobró, estaba muerto, ahogado. La madre fue corriendo ante el altar de San Antonio, pidiéndole encarecidamente que devolviera la vida a su hijo y prometió dar a los pobres una cantidad de trigo igual al peso del niño. Al final de su súplica, el niño fue reanimándose hasta volver a la normalidad.

La mujer tomó el trigo, lo amasó y distribuyó el pan entre los pobres. Por eso, al principio, la obra del Pan de San Antonio se le llamó Peso de los niños, después se le llamó Pan de los Pobres y finalmente Pan de San Antonio. El día de la festividad del santo se distribuyen entre los fieles que van a la misa panecillos en recuerdo del “Pan de San Antonio” en las iglesias dedicadas al santo. Quizás sea el mayor ejemplo en la Iglesia Católica donde la muerte se celebra en gozo y oración; en vista que algunos justifican la falta de información de la fecha de su nacimiento.

Si bien al principio la obra de San Antonio consistía en dar pan para los pobres, después resultó más práctico dar monedas, porque el pan, si no era retirado a tiempo, podía estropearse. Las limosnas a San Antonio también sirven hoy para ayudas a las familias de los migrantes que carecen de vivienda, pago de alquileres retrasados, lucha contra el alcoholismo y la droga, aportaciones económicas para el Tercer Mundo, asilos para ancianos, centros, educación de migrantes, etc.

Hoy, frente a todas las dificultades que el ser humano atraviesa en nuestra región y en el mundo invocamos su presencia y su generosidad santa.

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Cronista de Upata

Bibliografías consultadas
Documentos diversos eclesiales y comentarios Albacea Orden San Antonio del Prado (España) en entrevista con el Dr. Carlos Villaverde, 2008