jueves, 18 julio 2024
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Correo del Caroní y su vocación de trascendencia

Consolidar una lealtad tan profunda y duradera con un medio impreso no es casualidad, ni algo azaroso. Es consecuencia de un conjunto de factores que conforman un círculo virtuoso, que el ciudadano valora positivamente y que lo convierte en lector permanente del periódico.
Foto Correo del Caroní | Archivo

En 1989 me descentralicé. Me desplacé de la capital de la república hacia el estado Bolívar. En Caracas viví unos veinte 20 años, pero volví y eso significó construir un espacio vital con los elementos esenciales que sirvieran de cimientos para anclarme a un desconocido clima emocional, a otro entorno laboral y a nuevas amistades. Debo decir que Correo del Caroní -con su generoso voto de confianza- fue un puerto seguro para mi personal búsqueda de arraigo, pues me dio un espacio para difundir mi opinión en torno a una variada temática. Y jamás he sido censurada, dicho sea de paso.

A finales de la última década del pasado siglo todavía habitábamos la galaxia Gutenberg. El papel dominaba el universo mediático, y nada hacía presagiar que las nuevas tecnologías le quitarían su protagonismo. Y mucho menos que un zurdaje antidemocrático se ensañaría contra los medios que no se arrodillasen -solícitos y sumisos- ante el paracaidista, que traía entre ceja y ceja la imposición hegemónica de su modelo comunicacional. Calcado del que los camaradas pusieron a su servicio en países de ideologías afines.

Para que aquel arrase se perpetrara faltaban algunos años. Los mismos que me permitieron conocer la dinámica comunicacional de esta ciudad. Muchos medios radiales -quizás el mayor número de emisoras en el municipio más pequeño del estado Bolívar- se disputaban una audiencia, que contaba con una oferta variada en el espectro radiofónico de aquel momento. La prensa escrita que circulaba satisfacía las urgencias y necesidades informativas del ciudadano que habitaba esta ciudad industrial, heterogénea y aluvional.

En los periódicos el contenido era diverso y cada cuerpo trataba de cubrir los intereses de los lectores, cuya lealtad siempre fue creciente. Destacaba sobremanera Correo del Caroní que sumaba lectores en la región y en el país. De suyo, circulaba en Caracas y muchos paisanos le tomaban el pulso a Guayana desde las páginas de este diario, que nació con vocación de trascendencia.

Desde que llegué a Ciudad Guayana me vinculé con Correo del Caroní, y pude entender que este no surgió de un impulso súbito, ni fue producto de la improvisación. Tampoco fue un refugio más de inexplicables fortunas, que buscaban negocios para gastar riquezas acumuladas compulsivamente. No. El Correo fue primero soñado, luego pensado y después erigido sobre los sólidos cimientos de una elaborada planificación para un presente, proyectado hacia el futuro, con el concurso de las nuevas generaciones de periodistas que contribuyeron a la consolidación de este periódico: tan nuestro.

Porque Correo del Caroní es un patrimonio espiritual y sentimental para todo aquel que convirtió en ritual su búsqueda matutina, que degustaba el primer café con su lectura. Para ese que comentaba las informaciones más destacadas y para el que lo guardaba, celosamente, para leerlo antes de dormir. Son muchas las razones que hicieron del Correo una necesidad de fuerza mayor, que nos hacía desafiar la lluvia inesperada o el intenso sol de la mañana, sólo por tenerlo en las manos.

Consolidar una lealtad tan profunda y duradera con un medio impreso no es casualidad, ni algo azaroso. Es consecuencia de un conjunto de factores que conforman un círculo virtuoso, que el ciudadano valora positivamente y que lo convierte en lector permanente del periódico. Eso se construye desde el compromiso, el deber y la responsabilidad, de quien comprende lo que significan la información y la comunicación en una sociedad de estos tiempos, marcada por el desafío de las nuevas tecnologías, pero que en Venezuela está constreñida por un asfixiante y precarizado contexto sociopolítico, hostil e involutivo.

La transición del papel hacia la virtualidad no ha sido un proceso normal, sino forzado por las imposiciones de un régimen despótico. El mismo que privó a los medios de los insumos para la impresión y que apostó por la desaparición de toda la prensa libre. Logró su criminal cometido en muchos casos, no así con Correo del Caroní. Que sigue firme en su tarea de ser luz en las tinieblas, oasis en una calculada desertificación informativa, ejemplo de resistencia y una preclara demostración de cómo es posible reinventarse en medio de la adversidad.