sábado, 21 de mayo de 2022

Rubén Yori: “No creo que vuelva al fútbol”

La pandemia y las inconsistencias económicas del balompié profesional venezolano apartaron de las canchas a ‘Borolo’, conocido así por todo un país que le ha visto con varias camisetas, incluida la casaca nacional. Hoy el técnico se refugia en la cocina.

La tierra del oro lo vio nacer, la misma tierra donde se jugó por primera vez fútbol en Venezuela. Bautizado como Rubén Yori, pero cerca de una cancha de fútbol su nombre es Borolo, solo en la planilla de juego aparece su nombre real, pues hasta los árbitros lo conocen por su apodo.

Y desde el sur del estado, en su natal El Callao, comenzó la historia de este hombre al que el fútbol lo llevó a recorrer prácticamente todo el país y gran parte de Sudamérica, tanto por su presencia en los torneos continentales, como la Copa Libertadores, así como vistiendo la casaca nacional.

Pero hoy Rubén, con ojos brillosos del pasado vivido, sentencia: “No creo que vuelva al fútbol”, tras una combinación de efectos por la pandemia de COVID-19 e inconsistencias económicas en sus últimas experiencias como director técnico, donde tanto él, su grupo de trabajo y jugadores todavía sufren de pagos atrasados, ahora su vida y su futuro están en la comida.

Todo comenzó en El Callao

En el barrio Tres Rosas de El Callao nació y se crió Rubén Yori, y como todos en el pueblo aurífero, siempre estuvo ligado a tres cosas: el oro, el fútbol y el calipso. Así trascurrió su infancia y su vida.

    El Minerven FC, el popular ballet azul, será siempre el equipo de sus amores

“Desde muy pequeño me gustó trabajar y ayudar a los demás. Llegué a trabajar en una panadería, también vendí baterías y uno que siempre me da mucha risa, fue que cuando llegaba un circo al pueblo, junto a Negrín, un pana de la infancia, le pulíamos las botas a los que trabajaban en el circo y nos pagaban con entradas y gozábamos un mundo viendo las funciones. Pero también trabajé en las minas, ya un poco más grandecito, se puede decir que siempre me he defendido ante la vida”, cuenta Borolo.

Pero el fútbol no podía estar fuera de la vida de Rubén siendo estas calles las mismas donde se jugó por primera vez este deporte en la historia del país.

“Al fútbol jugábamos todos los santos días, con sol y con lluvia, nunca parábamos, pero eso, juntos a tantos otros, iniciamos nuestro camino en las inferiores de Minasoro y Minerven”, dice Rubén.

– ¿Y cómo llegas a la profesional?

– “Con el paso de Minerven del amateur al profesionalismo, muchos chamos de El Callao comenzamos a formar parte de las juveniles del equipo (ahora sub20) y de la mano de Fernando Martínez comenzamos con nuestra carrera profesional, la cual se inició en Minerven y en donde quedamos campeones nacionales de un torneo denominado Loto-Gol, dirigido por el uruguayo Víctor Filomeno y Del Valle Rojas, nuestro popular Vallito. Ahí comenzó todo”, nos cuenta Rubén Yori.

Largo camino profesional

    Con el Unión Atlético Maracaibo vivió grandes emociones

De manera meteórica, la carrera profesional de Borolo creció como la espuma y con la característica de que casi todo equipo en donde estuvo salía campeón.

Del Minerven FC guarda sus mejores recuerdos, pero en su memoria no puede olvidarse de sus pasos por el Deportivo Táchira, Deportivo ItalChacao, Trujillanos, Unión Atlético Maracaibo, Carabobo FC, Mineros de Guayana, Deportivo Anzoátegui y de nuevo con Mineros de Guayana donde finalmente terminó su carrera profesional.

La selección nacional formó parte de su carrera, actuando con el combinado patrio de la categoría sub20 en el Sudamericano disputado en Bolivia, bajo el mando de Richard Páez y con la absoluta, estuvo en el ciclo del argentino Omar Pastoriza y el boom vinotinto de nuevo bajo la mano de Páez.

De técnico a cocinero

Dejado atrás el fútbol como actividad profesional, Rubén Yori se quitó los cortos y comenzó a interesarse en el mundo de la dirección técnica, aunque los fines de semana no se perdía una partida en el Ítalo con muchos de sus excompañeros profesionales.

“Mis comienzos como entrenador fueron desde abajo, con las inferiores de Mineros de Guayana y en donde fui escalando hasta llegar a la segunda división. Es realmente bonito ver el crecimiento de los jóvenes, pero a la vez triste, sobre todo ante tantas dificultades que tienen que atravesar por estos días, pero siempre logramos hacer muy buenos grupos. Minerven, Chicó en la segunda profesional y Lala en primera conformaron nuestro trabajo, pero la llegada abrupta de la pandemia hizo que todo llegara a su final”, indica Borolo.

Pero Rubén no se quedó con los brazos cruzados y con el pasar de los meses se dedicó a la gastronomía y hoy en su bunker le brinda a conocidos y extraños excelentes pescados fritos, asados y suculentas sopas, especialmente los fines de semana.

Donde Borolo

Así de sencillo es el nombre de su típico restaurante, completamente al aire libre, con la sombra de una gran mata de mango y con la brisa del río Caroní.

    Su sopa es considerada por muchos como su gran carta de presentación

“Con los compañeros del Deportivo Anzoátegui aprendí a freír pescado en Cumaná, pero en mi local tengo el apoyo de un gran chef. La sopa me la enseñó hacer mi tía en El Callao y te cuento que todas las mujeres del sector (Castillito) se quedan locas con el sabor de mi sopa. Y aquí estamos con los brazos abiertos para recibirlos y para que degusten de un excelente pescado frito, tanto de río como de mar”.

Pero Borolo no puede olvidarse que gran parte de su familia está en el extranjero como tantos venezolanos que sufren de la diáspora que azota a nuestro país.

“Ellos, mis hijos, están lejos, bien lejos. Están en Ámsterdam, Holanda, y me hacen demasiada falta. Trato de distraerme todos los días para no bajonearme tanto, pero los lunes cuando es cuando menos actividad tengo, no hago más que pensar en ellos y realmente no lo soporto. No sé cuándo será el día de que puedan regresar”, expresó Rubén Borolo Yori.

Para él el fútbol es un grato recuerdo, hoy se dedica a su negocio de comida, aunque dejó una puerta abierta, donde sólo un proyecto serio le permitiría regresar a la actividad que tanto ama.

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