Entre diciembre de 2019 y octubre de 2020 aumentó un 19% el índice de escasez general de los principales fármacos de la canasta de medicamentos esenciales.

@mlclisanchez

En ocho de cada 10 farmacias consultadas en Puerto Ordaz en octubre no había medicinas para la diabetes, infecciones respiratorias agudas, hipertensión arterial, depresión, diarrea y convulsiones.

Esto significa que, para el octavo mes del año, en las farmacias de Puerto Ordaz, en Ciudad Guayana, había una escasez de 81% de todas las medicinas para tratar las morbilidades antes mencionadas. El dato corresponde al monitoreo más reciente de la oenegé Convite junto a la Comisión para los Derechos Humanos y la Ciudadanía (Codehciu).

    En ocho de cada 10 farmacias consultadas no había medicinas para la diabetes, IRA’s, hipertensión arterial, depresión, diarrea y convulsiones | Foto William Urdaneta

En diciembre de 2019 en la ciudad se reportaba un índice de escasez general de 68% de las principales medicinas pertenecientes a la canasta de medicamentos esenciales, lo que implica que, entre diciembre de 2019 y octubre de 2020, la escasez de medicamentos se agudizó en la localidad en un 19% según los datos de estas organizaciones.

La canasta de medicinas esenciales fue diseñada por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Todas las medicinas que pertenezcan a este grupo deberían estar disponibles en establecimientos públicos por obligación del Estado venezolano.

Las medicinas que registraron un mayor índice de escasez son las anticonvulsivas, escasas en un 94% de acuerdo con el monitoreo. El mismo ritmo de escasez lo llevan los tratamientos contra infecciones respiratorias agudas (91%), medicamentos para la depresión (91%), para la diabetes (75%), y la hipertensión arterial (65%).

Bien lo sabe Elaine Alcalá, ella dice que debe buscar las medicinas para su hija hasta debajo de la tierra. La hija de Elaine sufre de parálisis cerebral hemipléjica desde hace 22 años, por lo que depende de cuatro medicinas anticonvulsivas que Elaine consigue de milagro a precios casi incosteables para su familia.

En ocasiones, Elaine no tiene otra opción que darle solo Valpron de 500 mg porque se consigue con mayor facilidad que las otras medicinas. “Hemos conseguido por la gracia de Dios”, dijo.

Vulneración al derecho de la salud

Las personas con enfermedades crónicas sufren una sistemática violación a su derecho a la salud. Convite advierte que la preocupación ante la escasez de medicamentos y la poca capacidad financiera para cumplir el tratamiento genera cuadros de estrés y ansiedad que pueden elevar la presión sanguínea y así afectar al aparato digestivo, dificultar la respiración y alterar las hormonas.

María Andrade, de 60 años, se toma a diario un diente de ajo machacado con un vaso de agua para regularse la presión, y cuando el diente de ajo falla se toma un vaso de agua con azúcar. Y si eso no funciona, “prefiero quedarme tranquila y no pensar en eso”, dice. Es hipertensa, y para conseguir su tratamiento debe recorrer más de una farmacia o pedir un servicio público cuando no tiene ni donde conseguirla ni como pagar los siete millones que vale. María vive en el sector de Cambalache, y en el módulo cercano a su zona no hay medicamentos disponibles.

El derecho a la salud es parte del derecho a la vida. La Constitución venezolana establece que toda persona tiene derecho a la protección de la salud y el Estado está en la obligación de promover y desarrollar políticas orientadas a llevar la calidad de vida, el bienestar colectivo y el acceso a los servicios y medicinas correspondientes. Sin embargo, la ley se diluye en medio de la desinstitucionalización y la emergencia humanitaria que trajo consigo.

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