El Estado venezolano carece de políticas públicas para proteger la salud mental de la infancia y la adolescencia en el país, que en medio de la emergencia humanitaria compleja está en riesgo.

@mlclisanchez

La cuarentena ha producido un impacto en la salud mental de niños, niñas y adolescentes (NNAA). El 2020 ha sido el año con mayor actividad para el Servicio de Atención Psicológica (SAP) de los centros comunitarios de aprendizaje (Cecodap), al menos 1.458 niños y adolescentes ha sido atendidos en el primer semestre de 2020.

El nuevo informe de Cecodap reveló que hay un aumento exponencial de alteraciones emocionales en los NNAA conforme avanza la cuarentena por la pandemia de COVID-19, y la mayoría de ellos experimentan ideación suicida. “Es un número tremendo porque estamos hablando de un impacto emocional que ha dejado huella o ha dejado algún tipo de secuela”, explicó el psicólogo y parte de la coordinación de Cecodap, Abel Saraiba.

    A veces nos toca aplicar la máxima de bioética, cuando puedas curar, cura, cuando no puedas curar, alivia y cuando no puedes con ninguna, acompaña… nos ha tocado explicarles a las personas que lo que necesitan no lo hay y que escapa de nuestro control”. Abel Saraiba

El 31% de NNAA atendidos por Cecodap en este período acudieron a las consultas por tener ansiedad y depresión, y de ese total, al menos el 20% tuvo deseos suicidas. El especialista advirtió que no atender a los niños y adolescentes que presentan estos cuadros emocionales, supone exponerlos al riesgo del suicidio.

El 14% de los niños que presentaron alteraciones emocionales fueron víctimas de castigos físicos.

Otros de los motivos de consulta fueron la niñez dejada atrás (8%), comportamiento disruptivo en el hogar (9%), violencia de género intrafamiliar (7%), y conflicto familiar que involucra el uso de castigo físico (17%).

De acuerdo con el informe, a partir de marzo aumentó la demanda de atención psicológica que alcanzó un pico en mayo, el 52% de las personas atendidas por Cecodap son niños entre los 2 y los 12 años, el 24% son adolescentes entre los 13 y los 18 años, y el 24% son padres, madres o cuidadores.

Ideación suicida en aumento

Los especialistas de Cecodap advierten que hay una relación directa entre las alteraciones emocionales (ansiedad, depresión, estrés) producto de la emergencia humanitaria compleja y la cuarentena, con los riesgos del suicidio en la infancia. Saraiba advirtió que tanto las alteraciones emocionales como los riesgos del suicidio aumentarán si no se elaboran mecanismos de respuesta del Estado para auxiliar psicológicamente a NNAA.

De acuerdo con el Observatorio Venezolano de Violencia (OVV), 88 niños, niñas y adolescentes se quitaron la vida en Venezuela porque consideraban que no había otra salida, en lo que va de 2020 se han suicidado al menos 19, tomando en cuenta el subregistro de los casos debido a la falta de estadísticas públicas.


Al menos el 20% de los niños que sufrieron estrés, ansiedad y depresión también tuvieron ideas suicidas | Fotos Jhoalys Siverio | Archivo
     

El sentimiento de abandono, sobre todo en la niñez que -producto de la migración forzada- está separada de sus padres, los castigos físicos, y la relación que tengan con su núcleo familiar son otros factores de riesgo.

No es suficiente con atender a los niños, sino también orientar a sus padres o representantes. “No apoyar a las familias supone dejar a NNA a la deriva de la violencia. Si nosotros atendemos al niño y dejamos por fuera el estrés, la angustia y el sufrimiento de sus padres, estos van a tener una menor capacidad de proteger y estarán más reactivos a responder con violencia ante las reacciones de los niños, no necesariamente porque deseen agredir a sus hijos, sino porque no sienten que tienen las herramientas para hacer frente a esta situación”, explicó Saraiba.

Pero este escenario se complica porque el Estado venezolano no tiene la infraestructura necesaria para atender las necesidades en materia de salud mental de NNAA o a sus padres y porque no hay políticas públicas que se traduzcan en un eficiente mecanismo de respuesta durante una emergencia sanitaria. “Es una demanda que no tiene una oferta equivalente, hay estados del país en los que no contamos con estos servicios de atención, y los pocos que hay están sobrepasados”, dijo el especialista.

Hay niños que requieren otro tipo de atención psicológica y no tienen a quién acudir: “la mayoría de las familias no tienen recursos para pagar una atención privada. A veces nos toca aplicar la máxima de bioética, cuando puedas curar, cura, cuando no puedas curar, alivia y cuando no puedes con ninguna, acompaña… nos ha tocado explicarles a las personas que lo que necesitan no lo hay y que escapa de nuestro control”, lamentó.

El sistema de atención de la salud mental de NNAA debe formar parte de la respuesta a una emergencia sanitaria como la pandemia de COVID-19 en la que se ha demostrado que aumentan los índices de violencia dentro de los hogares producto del confinamiento. “¿Qué significa para un niño estar encerrado por cinco meses sin espacios de esparcimiento, sin acceso regular a internet y ahora sin televisión?, eso hace que ese niño se porte mal y devenga en castigo físico (que es un factor de riesgo para alteraciones emocionales)”.

Recomendaciones al Estado venezolano

La organización recomienda que, cuanto antes, el Estado venezolano tome como prioridad la salud mental de niños, niñas y adolescentes con especial énfasis en aquellos que no tienen acceso a internet, en medio de la debacle de los servicios públicos dentro de las comunidades.

Además debe apoyarse a familias con niñez dejada atrás que, de acuerdo con especialistas, son triplemente vulnerables: por ser niños, por no tener cerca a sus padres debido a la migración forzada, y por estar al cuidado -en su mayoría- de personas de la tercera edad que son población de riesgo frente a la COVID-19.

También es necesario crear una infraestructura especial para niños que enfrentan algún tipo de alteración de salud mental, fortalecer el sistema de protección nacional para dar respuesta a NNAA víctimas de violencia, y crear políticas públicas en materia de salud mental que los priorice.

Herramientas

El terapeuta familiar y fundador de Cecodap, Oscar Misle, ofreció algunas recomendaciones para enfrentar los deseos suicidas como riesgo latente dentro de las familias, tomando en cuenta la pandemia, la emergencia humanitaria y el hecho de que el Estado venezolano no tenga como prioridad la salud mental de los NNAA.

El especialista recomienda que la familia se informe sobre el tema para que pueda identificar los factores de riesgo que indique que un niño esté atravesando por esa situación compleja y así poder prevenirlo.

“La mejor forma de prevenir es informarse, frente al suicidio hay un tabú que también genera mucha culpa, como familia se debe asumir la responsabilidad de hablar del tema”, dijo.

También es indispensable que las familias -en la medida de lo posible- puedan conectarse con organizaciones que faciliten la orientación en la materia, de manera que los padres estén capacitados para orientar a sus hijos en casa y promover el libre flujo de la comunicación, la educación sobre el suicidio debe venir tanto del hogar como de los colegios.

   
La salud mental de niños y adolescentes no ha sido prioridad para el Estado venezolano, especialistas de Cecodap aseguran que el peligro de no ser atendidos es que incremente la ideación suicida en la infancia

“Si no lo hacemos los padres, lo van a hacer otros y lo van a hacer desde los mecanismos informales de formación, que son las series o películas. No es que no se habla del tema, si se habla del tema o se muestra a través de los diferentes medios, y los diferentes temas”, explicó. El experto asegura que es necesario dejar la idea de que informar sobre el suicidio -siempre de forma educativa- promueve que se cometa.

También es imprescindible la educación emocional dentro del hogar, que los niños puedan expresar sus emociones sin sentirse juzgados, y más aún en medio de una situación país que genera estrés y requiere válvulas de escape emocionales.

El especialista subraya la importancia de que no se desestimen los signos de depresión en los niños y que es un problema emocional que no depende de la voluntad.

“Cuando una persona se quita la vida no se suicida para quitarse la vida sino para liberarse del sufrimiento que le genera una situación particular”, agregó.  “Los desencadenantes son las situaciones, pero las causas suelen ser más complejas”.

Informó que los factores de riesgo del suicidio en la infancia son todas aquellas situaciones que generan dolor y sufrimiento y que no son abordadas de manera adecuada, como la desinformación que pueda tener el niño en lo que le va sucediendo y el abordaje inadecuado por parte de la familia, “entonces el niño se siente confundido muchas veces y puede buscar una forma de liberarse del dolor que no identifican por separaciones, divorcios, bullying…”

Saraiba, por otro lado, manifestó que es necesario que el país ofrezca a los niños toda la ayuda posible para su desarrollo, que estén en un país donde ellos crean que pueden soñar.

“Tenemos que seguir luchando para generar un país donde los niños vean un futuro, donde no sientan que no hay salida, que estén atrapados, ese es el gran reto y el punto que tendría que inspirar el trabajo mancomunado para lograr condiciones para la niñez y la reducción del suicidio como un riesgo que hoy es una realidad lamentable para Venezuela y es una de las causas de mortalidad poblacional adolescente en el mundo”, concluyó.

En estos momentos no solo la COVID-19 compromete la vida de los niños, hay otros factores que los afectan conforme aumentan las medidas sanitarias, que son invisibilizados y que el Estado tiene el deber de abordar.

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