La migración de aproximadamente 70 mil personas a minas ilegales como oportunidad de mejora económica, la falta de tratamientos y la nula fumigación por parte del régimen han convertido al estado Bolívar en la principal cuna de malaria en América Latina.

La malaria o paludismo ya no solo se encuentra al sur del estado Bolívar, a pesar de que los pozos de agua en las zonas mineras son el punto de partida para la transmisión de la enfermedad, la falta de tratamiento en estos sectores ha hecho que las personas busquen la cura en zonas urbanas como Ciudad Guayana, propagando aún más la enfermedad.

La Organización Panamericana de Salud (OPS) define el paludismo como una enfermedad causada por el parásito Plasmodium, que se transmite por la picadura del mosquito Anopheles. Los síntomas pueden incluir fiebre, vómito y dolor de cabeza. La forma clásica de manifestación en el organismo son fiebre, sudoración y escalofríos que aparecen 10 a 15 días después del contagio.

Los parásitos que afectan mayormente en Venezuela son Plasmodium vivax que representa un 70% y P. falciparum el 30% restante de los casos registrados, siendo este último el más fatal si no es tratado a tiempo.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) premió a Venezuela en 1961 por ser un país con grandes avances en cuanto a la eliminación de esta epidemia. Pero hoy tan solo es un recuerdo: la crisis política y económica del país creada por el chavismo ha hecho que no se tomen las medidas preventivas para prevenir y disminuir la enfermedad.

Según la OMS, en su informe de 2019, Venezuela representó un 51% de los casos de paludismo en la región, con una cifra de 404.924 personas afectadas y 257 muertes tan solo en 2018; también se reportó un aumento del 209% de los casos entre 2015 y 2018.

En Ciudad Guayana hay pocos centros de salud que tienen el tratamiento para esta enfermedad. Tan solo en el módulo de Manoa y en el Distrito Sanitario de San Félix es donde se reparten no más de 40 números para acceder a exámenes y tratamiento.

Zonas rurales afectadas

Zonas rurales de Bolívar se ven cada vez con menos oportunidades de conseguir cura. Uno de los pacientes, Ricardo Zerom, comenta que cuatro vecinos de su sector, en Caruachi, han muerto por falta del medicamento. Esta es su tercera vez con la enfermedad y agrega que la falta de transporte hace aún más difícil llegar a San Félix. Ha visto a personas convalecientes en las plataformas de los camiones porque no hay otras formas de llegar a los centros asistenciales.

“En la casa a todos nos ha dado”, afirma una de las afectadas en el módulo de Manoa, que opta por el anonimato por temor a represalias. Viene de la vía a El Pao y relata que ya ha padecido la enfermedad unas 10 veces. Pese a todo ha corrido con suerte: su primo de 20 años murió del mismo mal luego de contagiarse en El Palmar mientras trabajaba de agricultor.

Sostiene que las primeras veces se le dificultó conseguir el tratamiento, pero que en últimas ocasiones ha logrado conseguirlo de forma sencilla.

Reventa de tratamientos

Pero esto no siempre es así. El tratamiento debe ser gratuito en los centros de salud públicos, pero ante la falta del mismo en muchos sectores, comprarlo a los revendedores termina siendo la única opción. Hay casos en los que pacientes obtienen el tratamiento sin costo, pero al notar mejoría lo suspenden y venden el resto, lo cual genera dos problemas: ni el vendedor termina de curarse por suspender la medicación, y el comprador tampoco, por tener el tratamiento incompleto.

Albin Romero se recuesta en una de las sillas del módulo. La malaria apenas le permite hablar. Ya perdió la cuenta de cuántas veces se ha enfermado, pero lo que sí recuerda es cuánto le ha tocado pagar donde vive, en Las Claritas, para poder tener el tratamiento: hasta media grama de oro. “Allá nada es gratis”, sentencia el joven trabajador de mecánica.

Según datos de la organización médica y humanitaria internacional Médicos Sin Fronteras (MSF), en Venezuela se diagnosticaron alrededor de 320 mil casos en 2019, siendo el país más afectado de toda América Latina.

Y aunque para 2019 MSF trató a más de 85 mil personas por malaria, distribuyó más de 65 mil mosquiteros, fumigó 530 hogares y ayudó a hacer más de 250 mil pruebas de diagnóstico de malaria, Venezuela sigue siendo tierra fértil para el Plasmodium vivax y el falciparum.

El especialista en el tema de malaria, Leopoldo Villegas, cita unas estimaciones recientes que hicieron las organizaciones Asociación Civil Impacto Social y Global Development One, basadas en las cifras del reporte mundial de malaria 2017 de la OMS, en la que ubican a Venezuela como el segundo país con peor desempeño en paludismo al comparar el número de casos reportados entre los años 2010 y 2017.

Se intentó contactar vía telefónica a autoridades del Instituto de Salud Pública para conocer el plan sanitario del Estado contra la epidemia, contrastar datos y versiones, pero no se obtuvo respuesta.