Hubo más espectadores que manifestantes en la concentración convocada por el presidente interino Juan Guaidó en Puerto Ordaz. Los transeúntes en Ciudad Guayana atribuyen la poca afluencia a una falta de dirección, organización y unión por parte de la oposición.

@mlclisanchez

Al menos un kilómetro abarcó la protesta convocada por el presidente interino de Venezuela Juan Guaidó para este 10 de marzo, en Puerto Ordaz, estado Bolívar. La caravana movilizada por los partidos de oposición Primero Justicia, Acción Democrática, Un Nuevo Tiempo y Voluntad Popular, partió desde la esquina caliente en Unare, hasta el Centro Comercial Naraya, en AltaVista, un recorrido de 4 kilómetros aproximadamente.

La caravana de este martes fue de un kilómetro, cuando en 2017, 2018 o el primer trimestre del 2019 podría llegar a los 3 kilómetros de participación. Las calles se enfriaron y los 10 ciudadanos entrevistados en las calles lo atribuyen a una falta de dirección, organización y unión por parte de la oposición.

Mientras Antonio Cheremo, un activista político, gritaba con vehemencia “aquí estamos firmes y con valentía en la lucha por la democracia y la libertad”, espectadores de la caravana se cruzaban de brazos en la parroquia Unare.

“Yo saldría cuando me dijeran que hay un objetivo claro, que me dijeran que se va a hacer algo significativo, como lo del cabildo abierto”, expresó Héctor Farías, quien desde su puesto de trabajo, una emisora radial, manifestó que no considera que de esta marcha convocada represente algún avance o progreso auténtico desde el punto de vista político.

Ahora, al menos en las calles de Puerto Ordaz, más son los espectadores que los manifestantes. “Lo que nosotros necesitamos es una solución política, que ambos grupos se pongan de acuerdo. Todos estamos padeciendo las mismas cosas, esta marcha no trae la solución, la solución es que nos pongamos de acuerdo todos los venezolanos”, expresó Francisco Noriega, quien desde lejos contemplaba el desfile de banderas de Primero Justicia y Acción Democrática, Un Nuevo Tiempo y Voluntad Popular con reproche.

“Así salgamos a marchar, si no nos unimos siempre va a ser lo mismo. Yo no confío ni en el CNE (Consejo Nacional Electoral), ni en el Gobierno. Si sale uno a marchar igualito va a seguir el Gobierno”, expresó con pesar otra testigo lejana de la marcha, Aismael Rivera.

Francisco Noriega, otro espectador de la caravana con brazos cruzados y ceño fruncido expresó que “esto no trae ninguna solución, la solución es que se pongan de acuerdo todos los venezolanos”. Para Francisco, hasta que el oficialismo y la oposición no lleguen a un acuerdo, no habrán marchas capaces de lograr cambios políticos.

“Pienso que los que no pudieron salir fue precisamente por el temor a una represión por orden del régimen con sus colectivos destructores”, manifestó Víctor Ruso, miembro de la Intersectorial de Trabajadores de Guayana y asistente a la concentración de Unare, no llegó hasta Alta Vista.

De la rebelión al recogimiento

2013, 2014 y 2017 estuvieron marcados por protestas masivas de venezolanos urgidas por un cambio político. Especialmente 2017 fue catalogado como el año de la rebelión popular por el Programa Venezolano de Educación-Acción en Derechos Humanos (Provea).

“Desde la perspectiva del ejercicio del derecho a la manifestación pacífica, lo que ocurrió en esos 4 meses fue extraordinario”, dice el prólogo del libro 2017: año de protesta en rebelión. La calificación no es sólo por la cantidad de protestas (contabilizadas por el propio gobierno en 9.436 movilizaciones, 78 al día, muy por encima del conteo del Observatorio Venezolano de Conflictividad Social, que las había estimado en 6.729 manifestaciones, a razón de 56 cada 24 horas), sino por la persistencia en su estrategia pacífica, a pesar de todas las víctimas, agresiones y provocaciones del Ejecutivo y sus cuerpos de seguridad, explica Provea.

Según Foro Penal, 136 personas fueron asesinadas en el ámbito de las protestas desde el 1 de abril hasta el 31 de agosto de 2017, cuando manifestantes salieron a marchar en señal de rechazo a que el Tribunal Supremo de Justicia usurpara las funciones de la legítima Asamblea Nacional.

Desde entonces, el régimen de Maduro ha sido implacable en la persecución a la todo signo de disidencia, especialmente a los diputados de la Asamblea Nacional, hoy buena parte de ella en el exilio. Entre tanto, en el país se profundiza la emergencia humanitaria compleja, lo cual ha forzado la salida del país de 4.3 millones de venezolanos, según la cifra actualizada este martes por el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur).

Aunque más de 50 naciones han reconocido a Guaidó como el presidente encargado de Venezuela, y tras una exitosa gira por Europa y América, la oposición tiene el gran desafío de reunificar sus fuerzas a lo interno y presionar una salida electoral pacífica que permita recuperar la democracia en el país.

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