Opinión

La neolengua de la revolución bonita es harto famosa y conocida, lo que pudiese bastar para entender cualquier acrobacia del discurso del PSUV, que en esta ocasión obliga, por mayor depresión económica, miseria social extendida, inexistencia de autoridad y gestión pública, radicalizar la forma como estos elementos martirizan la vida guayanesa.
“El que no vote no come”. La amenaza, retumbó en medio de una de las tantas tronas, mentales y sentimentales, del procerato de narcotiranos. Dirimen, entre ellos, quién es el más miserable, el menos dotado moral e intelectualmente, el más encumbrado en el ranking nacional de la vesanía animal o vegetal.
Alexander Calder, a partir de un minucioso trabajo de simplificación, arribó a una abstracción muy original hasta descubrir que a sus singulares formas les provocaba un dinamismo interno que les proveía de movimiento. Así dio vida a sus innovadores móviles, los que pronto protagonizarían la escena de la escultura cinética.
Gracias a la ambición desmedida de algunos hoy pareciera que el partido está dividido en dos o tres partes, incluso irreconciliables algunas de ellas. No es así. El problema de fondo es en las alturas debido a la lucha por el poder interno al margen de los estatutos y reglamentos del partido.
Este domingo, 29 de noviembre, celebramos los 239 años del nacimiento de Andrés Bello. Este inmenso personaje, símbolo del orden, de la inteligencia y la civilidad, ha sido una presencia constante en nuestra vida. La imagen usual que tenemos de él es la de un ser sobrenatural, de una inteligencia superior y, paradójicamente, desprovisto de vida y emociones. Sin embargo, hay otro Andrés Bello.
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