Opinión

La cuarentena no puede significar la suspensión de los derechos fundamentales. El Estado es el último garante de los DD HH y debe encontrar maneras de facilitar la satisfacción de los derechos a todos los ciudadanos. La Educación venezolana lleva tiempo amenazada y lo que debemos es reducir la brecha entre atendidos y excluidos. No hacer nada no puede ser la alternativa.
Hay una manipulación, repetida ante los ojos de las masas desde los poderes confiscados, para que la ciudadanía se ponga su propia soga al cuello con el chantaje electoral a cualquier precio.
Hasta para dialogar en serio habría que tener fuerza para vencer en el campo de batalla; de lo contrario, el diálogo -como ha ocurrido sistemáticamente- es una vía con la que el régimen gana tiempo.
Lo que ni un banco, ni nadie puede, ni debe, es castigar o limitarle sus derechos a determinada persona por la conducta ajena o por el solo hecho de pertenecer a determinado grupo, en este caso por tener el mismo país de residencia.
La larga cuarentena le cobra medio año de vida útil a la humanidad y a sus sectores más necesitados.
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