Opinión

Pocas veces se equivocó el poeta Héctor Lavoe. Una de ellas fue cuando afirmó que nadie ya procura leer un periódico de ayer. En realidad, un periódico no está hecho solo para el presente. Al día siguiente, ese viejo periódico se convierte en un valioso documento que debemos preservar para que los lectores del mañana puedan a su vez vernos y verse.
La estatocracia socialcomunista ha elegido aliarse con transgresores y facinerosos, sus socios preferentes, sancionados y cuestionados por la comunidad internacional.
Repetir los episodios vividos por el Correo del Caroní y su director, David Natera Febres, es ejercicio que puede sea redundante por lo plenamente conocido en Guayana. Pero importa, porque esa conducta ha sido la carga de prueba de la fuerza del periódico a través de las páginas y la reinvención que no se detiene.
Hay varias posibilidades para relacionarnos con “el otro”: aislarnos, atacar o cooperar. Inspirada por el libro Encuentro con el otro, del periodista polaco Ryszard Kapuściński, me paseo por esas alternativas, en grande y en pequeño, para concluir en la necesidad de cooperar, dada la situación de pandemia.
Una banda de narcocriminales no se da de baja con diálogos, conciliaciones ni por votaciones. Hay que echarlos a puntapié limpio. Los voluntarios tomen su lugar, en orden que ya el suscrito se anotó con el número uno de la larga fila.
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