La élite, sumergida en sus orgías de escocés importado, no va a preocuparse por un indio preso y desnutrido. Sabía que el bacilo de Koch haría lo suyo al acabar con el sistema respiratorio de Salvador.

Mientras la cúpula militar-cívica socialcomunista- corrupta, corruptora y acumuladora de riqueza mal habida gastaba, gozaba y disfrutaba a cuerpo de rey, un venezolano de los pueblos originarios sabía que estaba muriendo en las ergástulas de la revolución. En junio de 2020 Salvador Franco fue trasladado desde Bolívar al Rodeo II en el estado Miranda, junto a otros miembros de la etnia Pemón, acusados de participar en el asalto a las instalaciones del batallón 513 de infantería de selva y el escuadrón 5102 de caballería motorizada. Todos sabemos que la cúpula militar tiene, además de poder de fuego, la capacidad de disponer de la libertad, la vida y la muerte de quienes habitamos este territorio.

La élite, sumergida en sus orgías de escocés importado, no va a preocuparse por un indio preso y desnutrido. Sabía que el bacilo de Koch haría lo suyo al acabar con el sistema respiratorio de Salvador y destruir sus pulmones. Ni los ruegos de la familia ni la orden judicial del 21 de noviembre fueron escuchados por la izquierda caviar. Centrados en sus festejos decembrinos y en el asalto al poder legislativo, que perpetraron el 5 de enero, con todo su despliegue de cursilería y mal gusto. Todo aderezado con el odio y la maldad propia de estos resentidos, que convierten en enemigo a cualquier venezolano -tanto de los pueblos ancestrales como de aquellos que tengan algún gen español- que ose expresar una crítica o una opinión no coincidente con el fundamentalismo del socialismo del siglo XXI.

 La cofradía de camaradas -todos muy sibaritas- pensaba en cómo sorprender a sus pares con sus más pantagruélicos banquetes. Estaban atentos a los precios de los vinos. Eligieron los más costosos del país de origen de Ignacio Ramonet, España, y de Francia, donde esta figura egregia de la Gauche divina está afincada desde hace mucho tiempo. Nada como París para otear revoluciones en otros continentes y planificar chuleos -de toda ralea- para sumarle ceros a las cuentas bancarias. Con la atención enfocada en el hedonismo vinícola y en medio del jolgorio de fin de año, es inútil pedirles a estos abnegados socialistas que volteen hacia el Rodeo II, para enterarse que los presos enfermos están muriendo de hambre, desnutrición, sin medicinas, lejos de sus familias y de cualquier otro afecto.

La camarilla poderosa tampoco podía permitirse abandonar el deleite supremo de seleccionar quesos importados, traídos exclusivamente para su disfrute. Eso no lo pueden delegar en funcionarios de segunda categoría, pues sólo ellos tienen el paladar entrenado -desde hace 20 años- para distinguir entre un Roquefort auténtico de una imitación tercermundista. Aquello exige dedicación, por eso la vida de los presos no puede ocuparle su preciado tiempo, invertido en lo verdaderamente importante, como son sus gozos y delectaciones culinarias.

Los revolucionarios han entrenado su paladar para los más exquisitos condumios. Por eso no se dejan meter gato por liebre cuando se trata de pernil. En dos décadas han afinado el ojo para ver el mejor y al más fresco. Con sus especies, el tiempo de maceración y bañado con unos tintos de buenas cosechas, los chefs de la cúpula ponen en la mesa de los poderosos una pieza digna de Calígula. Estos placeres que se prodiga la izquierda caviar ocupan mucho de su tiempo, por lo cual sería una necedad solicitarle un poco de su atención para trasladar a un pemón -como Salvador Franco- a un centro de salud para salvarle le vida. Sencillo: pernil mata pemón.

La camarilla en y con el poder también hace su esfuerzo para encontrar el regalo perfecto. Sólo imagínense lo que harán en Miraflores para complacer a la primera combatiente, que ya debe tener una colección de Kalansnikof, de carteras Gucci, de trajes Coco Chanel, de los perfumes más caros, de relojes de alta gama, de carros lujosos último modelo y hasta de casas y apartamentos en urbanizaciones exclusivas. Es una tarea grande, de tal manera que la comunidad de Kumarakapay no puede pensar que estos sensibles y solidarios revolucionarios van a ocuparse de un miembro de esa comunidad. Es mucho pedir.

La cúpula podrida y enmacollada va a los suyo. No se distrae en bagatelas como la muerte de Salvador Franco, quien no tenía derecho, ni siquiera, a recibir los rayos del sol. Fue maltratado, hambreado y torturado. El informe del forense afirma que murió por un edema cerebral, shock séptico, tuberculosis y desnutrición.

Agridulces

La Universidad venezolana está asediada por los cuatro puntos cardinales. La tiranía la ha “ubevizado” al imponer el modelo de la bolivariana: esto es mediocridad, facilismo y la ley del menor esfuerzo. Ha sido saqueada, asaltada, hostigada, quemada, depredada, violentada y vaciada tanto de su patrimonio material como de sus fortalezas académicas, de investigación y extensión.

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