El clásico de Gustave Flaubert presenta una permanente defensa a la libertad como único camino hacia la felicidad. Dando paso al realismo literario, sus personajes son movidos por la ambición y el placer.

@francescadiazm 

Como buen clásico, Madame Bovary no solo llamó la atención en el momento de su publicación (1856), sino que sigue vigente y dando de qué hablar siglos después. Emma, la protagonista, es quien nos conduce en la burguesía del siglo XIX, pero para esta arcaica sociedad ella no es Emma, sino madame Bovary, una mujer cuya existencia se reduce a ser la esposa del médico Charles Bovary.

Gustave Flaubert, escritor francés, creó para el lector una relación marital particular para la época en la que los roles de género se han invertido. Deduzco que es por ello que la protagonista no aparece en las primeras páginas: nuestro primer contacto es con Charles, quien será el futuro marido de Emma. El padre de Charles tiene un carácter fuerte y su madre le brinda una sobreprotección abrumadora. Ambos impiden que el joven pueda desarrollar una personalidad. Es un hombre que está esperando de que alguien dirija sus decisiones. Esta conducta sumisa y dócil era la que se esperaba de una mujer. Por el contrario, Emma se subleva contra las monjas del convento donde vive y reniega de la realidad sumergiéndose en horas de lectura. Es soñadora, idealista y ansía poder salir a vivir las emociones que se plasman en sus novelas románticas. Encuentra en su condición de mujer un impedimento para tener la vida que desea. Es por ello que llegó a creer que el matrimonio la sacaría de su tediosa y campesina vida. Representa todo lo que una mujer de su época no debía ser. Por esta razón, el autor fue procesado por inmoralidad luego de publicar el libro en 1857.

Los lectores no deberían acostumbrarse a pecar de moralistas. Adúltera, melodramática y llegando a ser despreciable en algunas partes: Emma -quien terminará aborreciendo llevar el apellido de su marido- tiene algo que atrapa, es el reflejo de lo irritado que se sentía el autor ante una sociedad llena de prejuicios en la que todos fingían no estar hastiados de vivir como se supone deberían hacerlo. Madame Bovary no es una heroína, pero tampoco una villana, es una simple mujer. Una mujer que se reconocía a sí misma como una persona. Pensante, con aspiraciones, ambiciones e ideas. La desgracia de Emma es pretender vivir un amor que solo existe en sus libros y el egoísmo desmedido que suele dirigir sus acciones.

No catalogaría Madame Bovary como un libro feminista; de hecho, creo que termina satirizando el carácter romántico y soñador que se creía propio del sexo femenino. Sin embargo, el libro plasma el suplicio que era ser una mujer instruida pero inevitablemente encadenada a los quehaceres domésticos. La situación es lo que termina generando un punto de quiebre en la protagonista: insatisfecha, hastiada de la tranquilidad de las cuatro paredes del hogar que su esposo le ha impuesto y condenada a repetir las únicas notas que conoce en el viejo piano de la sala. Es por eso que ella se empecina en transfigurar su realidad en la hedonista vida que desea. Lujos, satisfacción, placer. Los años de matrimonio acabaron con la joven que leía novelas, adoraba la poesía, dibujaba con el ferviente deseo de colgar su lienzo en la pared. Emma sufre una metamorfosis total debido a la frustración que le hace perder la cabeza. El lector puede apreciar el desbalance y los cambios en su personalidad.

Todos tenemos algo de Madame Bovary. Algo de rebeldes y hedonistas. Incluso los que la aborrecen tienen deseos egoístas y lujuriosos como los que ella tenía dentro de sí. La historia produce una claustrofobia atípica. No estamos encerrados en un lugar físico, sino en el confundido subconsciente de esta mujer a la que el aburrimiento y las buenas costumbres han trastornado.

Los libros te vuelven exigente, te hacen creer en otras realidades y tener la expectativa de otros mundos. Eso le pasó a Emma. La historia contiene muchos conceptos que hoy día son arcaicos y situaciones que, quizás, ya no vemos; sin embargo, la exaltación de la libertad y la pasión siguen vigentes y creo que es lo más cautivador del relato. Emma desea ser libre y como no puede serlo, daña a todos los que están a su alrededor. Con sus lujos y extravagancias intenta llenar ese vacío espiritual que siente en cada capítulo.

Cada persona necesita ser libre. Tener la dignidad de poder construir la vida que desea y no la que se pretende que viva. La supeditación del ser humano no solo es antinatural, sino dañina para esa institución que los conservadores defienden: la familia. La frustración de la protagonista termina destruyendo lo que había obtenido a lo largo de la vida. ¿Puede alguien ser feliz si no es libre? Esta es la pregunta que Flaubert responde a través de su historia. Una muchacha que tiene belleza, un matrimonio, un estatus, pero no es feliz. Podemos tenerlo todo, pero si no somos libres, nada de eso tendrá sentido para nosotros.

Hay una fuerte crítica social. Se ridiculizan las buenas costumbres y el realismo del autor se mofa de los convencionalismos y la hipocresía de la época. Con pocos personajes logra evocar una sociedad rural con ínfulas de riqueza y retratar la vida de las comunidades agrícolas europeas. Todo desde la mirada desdeñosa de Emma, quien sueña con las grandes ciudades como París.

Los personajes que la rodean no están tan desarrollados y considero la letanía de descripciones un tanto engorrosas; sin embargo, la historia se cuenta como la ligereza de las emociones que pasan por la mente de cualquier persona. Situaciones ordinarias como servir la cena se vuelven todo un evento en Yonville con Emma a la cabeza del espectáculo que representan las visitas de los pacientes a su esposo.

La narrativa es libre, fluye, y el descaro siempre está presente junto a la insatisfacción. Considero que es una lectura provechosa y para nada anticuada. El relato puede ser analógico de cualquier relación infeliz.

La publicación de este texto para algunos representa un gran paso para el estilo realista que fue la contraposición del romanticismo de la época.

Un llamado a una sociedad más libre para que pueda perdurar la cordura en los hombres. Así definiría la historia de Flaubert. La he disfrutado genuinamente. Tiene una audacia muy adelantada a su época y un ritmo narrativo que te transporta a los monótonos paisajes en los que tuvo lugar la tragedia de Emma, que hizo todo por dejar de lado la perfección que recaía en el nombre de madame Bovary.

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