Guayana fue el gran laboratorio socialista, quizás el pionero, en volúmenes de dineros saqueados nacionalmente. Para ello, la compra de conciencias de personalidades, grupos económicos y dirigentes políticos es uno de los logros de la revolución bonita.  

@OttoJansen 

Lo visible: la orden de allanamiento de la casa de David Natera Febres, director y editor de Correo del Caroní, en esta semana que transcurrió. Lo que no se conoce, y permanece en las sombras, es la madeja de intereses y situaciones que están moviéndose por estos días sin destino claro (aparentemente). Todo induce a pensar en la condición de la fiera herida del poder. Venezuela, a pesar de la opacidad informativa o el cauteloso accionar de los factores políticos en torno de la Asamblea Nacional, está viviendo momentos cruciales en la definición de su existencia. Esto se palpa desde los movimientos de la comunidad internacional, que aun siendo hasta contradictorios, parecen estar más activos y dinámicos que en otros momentos. Pero sobre todo crece el ambiente de la irritación popular y de inconformidad de las poblaciones venezolanas que ya están hastiadas del discurso truculento de la revolución, su nada hacer, la ostentación de la corrupción y de sus socios de utilería.

¿Dónde entra aquí el nuevo hostigamiento al editor guayanés? La rigurosa verdad es que Natera y Correo del Caroní tienen años (como ya lo repite con lujo de detalles el país) en la esencia vigilante de la opinión pública regional, caminando por el intrincado camino de la información comprometida con la verdad. Haber confirmado su vocación -registrada desde los inicios del periódico- de presentar los elementos de luchas del mundo laboral, de las otrora pujantes empresas básicas, y en la etapa de estos años del desastre revolucionario; no haber cedido a los guiños interesados del chavismo a través del general Rangel Gómez, y más aún, haber puesto al descubierto sus  mafias que compraban y se daban el vuelto desde las direcciones del alto poder local y nacional, le valieron el sello por siempre de la persecución socialista. Pero en el 2020 puede pensarse que son materias diferentes las que traducen el episodio del allanamiento y esto da lugar a dos respuestas: sí y no. La afirmación positiva tiene que ver con la labor del portal de Correo del Caroní, que en medio de las condiciones en la que están los medios de comunicación del estado Bolívar, con la mayoría cerrados, continúa retratando el alma de una ciudad y de todo el territorio, importante para el desarrollo de Venezuela (cosa que sabe muy bien el régimen). Estado que viene llenándose de nuevos elementos en los aspectos social, económico y cultural; fraguándose la lenta transformación de la antigua urbe industrial, lo que deriva en que solo su exacta interpretación pondrá a la futura dirigencia a la altura del anhelo democrático de los guayaneses. Estos elementos los describe fielmente -por sobre retaliaciones y sacrificios de la empresa para su funcionamiento- el periodismo del medio que dirige David Natera.

Lo otro y no menos importante en la ecuación de las maniobras del poder revolucionario estriba en que más allá de los nombramientos que puede hacer el presidente interino Juan Guaidó en esta complicada etapa, más allá de las irrupciones intermitentes de la movilización social, el acento de incuestionable ejemplaridad para la región, es el empecinamiento, tozudez y formidable determinación personal del editor bolivarense en cumplir la resistencia cívica, apegada a los preceptos de ley, pero sin hacer concesiones a la estridencia, la radicalidad inútil, e incluso al lenguaje florido, que usan muchos en nuestro patio pero que nunca aparecen cuando de las amenazas y atropellos se trata.    

Identidad contra la falsedad

Guayana, y de manera destacada la zona del hierro, fue el gran laboratorio socialista, quizás el pionero en volúmenes de dinero saqueados nacionalmente. Para ello, la fórmula de la compra de conciencias y silencios a personalidades, grupos económicos, dirigentes políticos e instituciones diversas, fue y es todavía uno de los logros obtenidos por la revolución bonita. En todo este tiempo, la disolución de la identidad de distintos actores de la región ha operado como el mejor instrumento para que los principios, convicciones y valores quedaran aplastados como hechos nimios e intrascendentes para quienes los han defendido; vistos como especies de quijotes, fuera de la realidad. Tal es el caso evidente del director de Correo del Caroní.

Si algún modelo ha de ser requerido en esta hora de traiciones, flaquezas y de farsantes que se venden al régimen revolucionario, es el modelo encarnado en la firmeza ante la duda shakesperiana del ser o no ser. El periodismo de La Casa de las Ideas ha sido rotundo: la identidad de ser portavoz de las angustias, denuncias y sueños de Guayana frente al asalto del bandidaje y la aniquilación del desarrollo y la democracia. No se quedó en la contra natura a  la disyunción de la lógica sobre pretender ser verdadero y falso al mismo tiempo. Como el humanismo del socialismo del siglo XXI, opositores que conviven con el totalitarismo, demócratas que aúpan la dictadura, defensores que no defienden; en fin, el largo etcétera del proceso en el que las luchas se pretenden sin ética, coraje libertario, ni acciones auténticas que enfrenten el descomunal aparato dictatorial que hunde a cada guayanés decente. Se mueven las aguas y David Natera una vez más respondió, en medio del asedio de la oscurana: “Yo soy de los que no se van”.     

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