La memoria es el cemento de la sociedad y sin ella corremos el riesgo de cometer los errores de siempre. Educar contra el olvido es una tarea perentoria.

@diegorojasajmad

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Es frecuente toparse por las redes sociales con este tipo de mensajes. Todos ellos exhiben como caracter铆stica com煤n el asombro de un joven ante un hecho que resulta obvio para las generaciones anteriores. As铆, hay textos donde se afirma, como una gran noticia, que se puede secar la ropa al sol, que las pi帽as no crecen en 谩rboles o que es posible preparar una hamburguesa en casa. La respuesta inmediata que ofrece la mayor铆a, en tono de burla, es decir que los 鈥millennials descubren...鈥.

S铆, lo confieso, sonr铆o con muchos de esos mensajes... pero a los pocos minutos termino sumido en la preocupaci贸n y en la tristeza.

Sean reales o no estos mensajes (y dejando a un lado el feo e in煤til anglicismo) ellos evidencian un problema mayor que se disfraza con el chiste f谩cil. Detr谩s de la inocencia y el asombro por descubrir el agua tibia, y detr谩s de la iron铆a y la burla por la ignorancia, se esconde el debilitamiento del proceso de transmisi贸n de la cultura. Una falla enorme en la educaci贸n, que no es m谩s que la pr谩ctica de dar el testigo del saber de una generaci贸n a otra.

El asunto es preocupante pues, m谩s all谩 de algunos gestos, de ciertas pr谩cticas y nociones que deber铆amos compartir para identificarnos como parte de una misma cultura, hay temas trascendentales que no deben dejarse al olvido. Al comienzo de este a帽o, por ejemplo, un estudio revel贸 que 鈥M谩s de la mitad de los millennials estadounidenses no saben qu茅 ocurri贸 en Auschwitz鈥, y en otro estudio se lleg贸 a la conclusi贸n, de hace algunos a帽os y esta vez para el 谩mbito latinoamericano, que estudiantes chilenos conocen m谩s historia europea que de Am茅rica Latina.

La memoria es el cemento de la sociedad y, cuando escasea, cuando el olvido es la regla, los ladrillos de la realidad terminan aplast谩ndonos irremediablemente. Esta misma preocupaci贸n es la que manifest贸 el escritor Jos茅 Vicente Abreu, que ya he mencionado en alguna columna anterior, y que le sirvi贸 de argumento para escribir sus inolvidables novelas testimoniales Guasina (1968) y Se llamaba S.N. (1964) como una forma de dejar constancia a las generaciones futuras de lo sucedido en este pa铆s. En ellas, Abreu denunciaba los a帽os de tortura y represi贸n de la dictadura perezjimenista y el infierno vivido en los campos de concentraci贸n venezolanos, en especial en el campo de Guasina, ubicado en una isla del Delta del Orinoco. Los millennials de aquellas d茅cadas, los j贸venes lectores de los a帽os en los cuales salieron publicadas las novelas, respondieron con la incredulidad, con el descreimiento. La falta de una intensiva y extensiva educaci贸n de la memoria les llev贸 a afirmar que los campos de concentraci贸n venezolanos eran producto de la fantas铆a. Abreu, en el pr贸logo a Guasina, se lamentaba desesperanzado: 鈥淟os camaradas j贸venes no quieren creer que Guasina existi贸 y que yo estuve all铆鈥 No creen ni en mis cicatrices鈥.

Lo peor de todo es que apenas hab铆an transcurrido poco menos de 15 a帽os, m谩s o menos, entre las torturas de Guasina y la publicaci贸n de las novelas.

Esto mismo me hizo recordar lo ocurrido con los exiliados cubanos de los primeros a帽os de la revoluci贸n. Varios de los ni帽os y j贸venes que integraban esas familias, cuando alcanzaron la mayor铆a de edad, y a tan solo diez a帽os luego de haberse coagulado la dictadura de Castro, se unieron bajo el nombre de Grupo Are铆to y organizaron, tanto en Miami (EE.UU.) como en San Juan (Puerto Rico), manifestaciones, revistas y charlas en defensa de la revoluci贸n cubana, la misma que hab铆a hecho salir de la isla a su familia.

La aparici贸n de nuevas tecnolog铆as y sus correspondientes discursos, caracterizados por la fragmentaci贸n de los relatos, la asincron铆a, la l贸gica del espect谩culo y la fama, la disminuci贸n de atenci贸n y la sobreabundancia de informaci贸n, entre otras, han alterado el tradicional modo del proceso educativo. Si no reflexionamos y actuamos desde ya en estos cambios en los modos de transmisi贸n de la memoria, y que la educaci贸n no ha sabido llevar con conciencia a su terreno, podr铆amos terminar como peces de colores, pensando que cada vuelta en la pecera es el inicio de una nueva y desconocida aventura.

Ojal谩 que los j贸venes de las pr贸ximas d茅cadas sean cautelosos y no repitan, por olvido o desinter茅s, nuestros horrores de hoy. S铆, hay que ense帽arles a mojar el pan en el caf茅, y tambi茅n a que no borren de la memoria las violaciones a los derechos humanos, la corrupci贸n y el desastre de los 煤ltimos a帽os, quiz谩s como nosotros olvidamos los anteriores. Para ellos debemos mantener encendida la hoguera de la democracia y la memoria.

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-Algo m谩s que investigaci贸n: 鈥淣o por ser obvio hay que dejar de decirlo: la cr铆tica es esencial a la creaci贸n literaria. No solo forma una parte de ella, sino que tambi茅n la hace posible. Pero es algo m谩s que un m茅todo o un modo de conocimiento. As铆 como la ficci贸n literaria no puede ser reducida a sus puras t茅cnicas expresivas y siempre hay en ella una dimensi贸n que las trasciende, de igual modo la cr铆tica no puede ser confinada a un mero ejercicio de investigaci贸n. Toda gran cr铆tica supone, por supuesto, un m茅todo, solo que este m茅todo es una relaci贸n personal con la obra鈥. Guillermo Sucre.