“Si alguna chispa de sentido común tuvieran, deberían callarse la boca...al menos que lo de la muerte sea una estrategia para hacerse el muerto, porque penden sobre ellos varias órdenes de captura.

@RinconesRosix

Se sabe que los políticos y gobernantes, como los gatos, no pueden dar señales de debilidad, sobre todo en regímenes de fuerza donde la animalidad cuenta.

Sin embargo, en democracias no es muy distinto. Demostrar fuerza le puede brindar credibilidad y seguridad a los ciudadanos. El primer ministro del Reino Unido, Boris Johnson, debió ser hospitalizado por varios días a causa del coronavirus y, en honor a la verdad, esa fue una experiencia que le sirvió para valorar a su sistema nacional de salud (NHS), de tal manera que él ha debido replantear las políticas del sector más inhumano y radical de su partido. Sobrevivió al corona, pero tampoco que salió de allí riéndose y mostrando músculo. Salió vencido de esa gravedad, justamente por quienes le habían salvado la vida, pero en esa jugada con la muerte salió fortalecido en su interior. Tragarse las palabras, reconocer que los ciudadanos son importantes y que el ratón puede salvar al león: esa es la ética del liderazgo que piensa más en servir. Ahora Bo Jo está, como diría una amiga mía, de “cachapita y queso de mano” con el NHS.

Por cierto, una de las ventajas del presidente interino Juan Guaidó es su imagen de fortaleza física, muy en el tono con los retos que la juventud que ha tenido que luchar contra este régimen. Fue un acierto haber publicado las fotos de su torso herido y haberlo hecho correr por las redes, como respuesta a aquellos quienes dudaban de su valentía. A él le gusta mostrar su fuerza y debe ser algo inconsciente, su intuición lo lleva a saltar cercas y montarse en los techos para hablar y dirigir. Esas conductas las cargamos en la sangre desde que somos especie.

El presidente Rómulo Betancourt se salvó milagrosamente de un atentado. Sin embargo, así sería su fuerza de carácter y su talento como orador y como líder, que logró navegar al país fuera de las amenazas antidemocráticas. De Rómulo Betancourt se puede decir que dio la vida por su país.

Distinto es esto de estos políticos del régimen que corren a clínicas privadas a curarse del COVID-19 y después salen contentos a dárselas de machos. Ya sabemos que no les importa la vida de nadie en este país y que por eso el sistema de salud, las cárceles, la alimentación de la población, todo está hecho para engrosar el número de sus víctimas. Sin embargo, ellos ven todo eso como una oportunidad para engrandecerse, una gracia, pues. De su “gravedad” salen sonreídos a decir que “vencieron la muerte” (a punta de billete, claro). Les debería dar vergüenza hacer tal demostración de su poder corrupto.

Si alguna chispa de sentido común tuvieran, deberían callarse la boca...al menos que lo de la muerte sea una estrategia para hacerse el muerto, porque penden sobre ellos varias órdenes de captura.

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