El venezolano Rafael Cabaliere ganó el premio Espasa de Poesía 2020. Comentarios adversos inundaron las redes sociales señalando la pobre calidad de la obra llamándola 𝘗𝘰𝘦𝘴í𝘢 𝘐𝘯𝘴𝘵𝘢𝘨𝘳𝘢𝘮. ¿Cuál es la razón de su existencia? ¿Estamos en presencia de un nuevo género literario en ciernes?

@diegorojasajmad

Hace pocos días anunciaron el ganador del premio de Poesía Espasa, premio que consta de 20 mil euros, además de la publicación en la prestigiosa editorial española. El galardón recayó en el joven venezolano Rafael Cabaliere con su obra titulada Alzando vuelo y la noticia, que debía ser motivo de alegría y orgullo, resultó en un altercado más, de los tantos que pululan por las redes sociales. La burla, el asombro, el menosprecio, la defensa por la “verdadera poesía” fue la tónica en la mayoría de los mensajes.

El argumento más utilizado para criticar a la obra premiada fue llamarla “poesía Instagram”, afirmando con ello que la decisión del jurado estuvo basada en la cantidad de seguidores y “likes” que el escritor venezolano tiene en sus redes sociales. Según esta lógica, si Cabaliere cuenta con más de 800 mil seguidores, y recibe más de veinte mil “likes” por cada poema que publica, entonces eso garantizaría el público lector del poemario y por ende el rendimiento económico de la publicación. En el veredicto, el jurado destacó la “conexión y empatía con las nuevas generaciones” y la editorial, en un comunicado, resaltó el “tinte juvenil y motivador, fresco y urbano, con cientos de miles de seguidores”. Así, según los detractores, se privilegia la fama y el gusto de las mayorías por sobre la calidad estética de la obra.

Hay un dato que hay que destacar: el premio Espasa de Poesía lleva ya tres ediciones. En el 2019 lo ganó el español David Galán con Huir de mí, y en el 2018 Irene X, de la misma nacionalidad, con el libro La chica no olvida. Si se revisan los textos de estos autores, incluyendo el de Cabaliere, todos siguen el mismo estilo que podríamos caracterizar como una mezcla de discurso de autoayuda, con frases de grafiti y empalagosas notas de amor. Aquí algunos ejemplos tomados de esos poemarios: “Qué bonito es hacer sonreír a alguien a quien quieres”, “Poesía es tener pizza en el horno y viajar / con su olor hasta los labios de una madrugada / de febrero”, “Echar de menos es querer”, “El cariño cuando es real no desaparece”. Con estos ejemplos basta.

Sí, no hay por qué dudarlo, los textos no tienen la calidad ni la profundidad mínimas que permitan emparentarla con la tradición de la poesía culta. No tienen la densidad que haga espabilar al lector. Sin embargo, prefiero poner la atención hacia otro aspecto, quizás mucho más provechoso. Sería mejor preguntarnos por otras razones y sinrazones: ¿por qué una editorial de prestigio y de larga trayectoria como Espasa premia obras con esas características? ¿Está creando una colección de poesía desde un nuevo subgénero que destaca la liviandad, la superficialidad, la brevedad y el uso de las redes sociales?, ¿cuáles son los valores y las prácticas de lectura del público que consume y genera ese tipo de textos? ¿Podríamos encontrar los antecedentes de este género en los lectores de las novelas rosa y de vaqueros y en los folletines melodramáticos del XIX? ¿Existe la posibilidad de que las redes sociales produzcan un nuevo género: la poesía Instagram?

Aquí estamos frente a un fenómeno que, en primera instancia, el periodismo cultural debe registrar y desbrozar. Por ello, aguardo por las entrevistas al ganador para que pueda hacer pública su poética, sus motivaciones, sus influencias y así, luego, la crítica pueda hacer su respectivo trabajo de comprensión y valoración.

Mucho más interesante que ignorar o menospreciar sería intentar buscar las respuestas a estas preguntas. En definitiva, y para decirlo al estilo de la poesía Instagram: “ganaríamos más si intentáramos comprendernos”.

Otras páginas:

-El gigante invisible: A pesar de disponer de más de doscientos millones de habitantes, y una superficie en la que holgadamente caben nueve Venezuelas, Brasil ha sido un territorio invisible para la historia cultural de nuestro país. Nada se dice de él y su presencia no pasa más allá de alguna referencia a las proezas de sus futbolistas, a sus carnavales o a la cadencia de algún pegadizo género musical. Mucho perdemos si seguimos ignorando a Brasil, tratándolo como a un gigante invisible. Su gran legado musical, tanto clásico como popular, además de su arte y arquitectura, sin contar su extraordinaria historia política y social, son, si a ver vamos, una versión de la realidad americana, construida desde un idioma distinto, y eso nos ofrece una perspectiva inusual de lo que somos. Con la literatura esta situación no ha sido tan distinta. La literatura brasileña, impresionante cantera de imágenes, historias y de un excelso trabajo con el lenguaje, brilla por su ausencia en las librerías de nuestro país y son escasas, por no decir nulas, las referencias en los libros de texto de todos los niveles educativos. Confieso que cuando llegué al estado Bolívar imaginé que el estudio del portugués y de la literatura brasileña tendrían una mayor presencia en estos predios, pues al ser esta una zona fronteriza de seguro me mostraría las prácticas de una mayor compenetración cultural. La realidad se encargó al poco tiempo de desmentirme. Mucho bien haríamos si pensáramos en crear cursos, electivas, charlas, traducciones sobre la literatura y cultura brasileña en general. Nombres como Joaquim Machado de Assis, Jorge Amado, Oswald y Mario de Andrade, Graciliano Ramos, Clarice Lispector, João Guimarães Rosa, João Cabral de Melo Neto, Tatiana Salem Levy, Milton Hatoum, Ferréz, entre muchos y muchos otros, dejarían de ser desconocidos y pasarían a formar parte de nuestros sueños y angustias. Así comenzaremos a dejar de ser un continente desmembrado, que se ignora mutuamente.

-Una totalidad viviente: “La creación consiste en un sacar a luz ciertas palabras inseparables de nuestro ser. Esas y no otras. El poema está hecho de palabras necesarias e insustituibles. Por eso es tan difícil corregir una obra ya hecha. Toda corrección implica una re-creación, un volver sobre nuestros pasos, hacia dentro de nosotros. La imposibilidad de la traducción poética depende también de esta circunstancia. Cada palabra del poema es única. No hay sinónimos. Única e inamovible: imposible herir un vocablo sin herir todo el poema; imposible cambiar una coma sin trastornar todo el edificio. El poema es una totalidad viviente, hecha de elementos irreemplazables. La verdadera traducción no puede ser, así, sino re-creación”. Octavio Paz.

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