Repetir los episodios vividos por el Correo del Caroní y su director, David Natera Febres, es ejercicio que puede sea redundante por lo plenamente conocido en Guayana. Pero importa, porque esa conducta ha sido la carga de prueba de la fuerza del periódico a través de las páginas y la reinvención que no se detiene.

@OttoJansen

Una cosa es ver los acontecimientos desde la poltrona, desde la indiferencia con esa sensación de espectador sin compromisos; la exclusiva contemplación sin afanes mayores de imbuirse en las complejidades de las causas y los efectos. Eso que el cristianismo reza de: “Solo la verdad os hará libres”; como corresponde a quien busca, procesa e imprime la noticia. El aparente distanciamiento aséptico, equidistante y narcisista sobre el sentir de las mayorías que en comportamientos de gran parte de propietarios de medios de comunicación social y de numerosos profesionales del área era normal en la Venezuela de antier.

En las regiones, y acá tomo por ejemplo a esta Guayana nuestra, podía catalogarse la información diaria casi como vuelo rasante, con un enfoque, como refiere la profesora Mirla Alcibíades sobre la literatura nacional del siglo XVIII, misceláneo. Quizás no tanto, pero sí doméstica, por supuesto con las excepciones y con las intermitentes ráfagas de seguimiento a algún acontecer de insoslayable impacto en la población.

El ejercicio del periodismo local guayanés (se constata a través del estudio de sus publicaciones) en los 40 años de desarrollo democrático, fue influenciado por matices de las anécdotas o los escándalos aldeanos, cuando no de velado y no tan escondido apoyo a opciones partidistas o de gobierno. Sin sentido crítico en rigor que profundizara el encuentro de razones de interés colectivo. Por eso volvemos a la primera frase: es fácil la distancia ante la noticia, ante el manejo turbio, cuando no existe compromiso o solo se entiende la labor comunicativa como un objeto de vanidad. Ese nunca fue el caso de la Casa de las Ideas, de la trayectoria de Correo del Caroní (que cumple este 27 de junio 43 años), que desde sus inicios dio duras batallas en la labor de difusión y cobertura, teniendo como fuente la extensa Guayana y de manera específica las injusticias del mundo laboral.

Ha contado para estos episodios con la convicción de defensa de la democracia que nunca podrá negársele y que le otorgó la identidad de férreo contrincante, por numerosos trabajos del equipo reporteril, al bandidaje regional, enquistado en la corrupción y manejo de las influencias del poder político y económico que ahora cambió de colores pero que son en esencia los de siempre.

Resistiendo el acoso dictatorial

La revolución bolivariana desde sus tempranos días, atacó y coaccionó la influencia de los medios en sus distintas modalidades, pero sobre todo a la prensa escrita. Las publicaciones clásicas y con menos años, en el estado Bolívar bajaron el volumen a los enfoques que pudieran serles incómodos al comandante fallecido (no se hable de la presente etapa) y trasladaron el foco de atención a la frivolidad y cuando más a las crónicas de los sucesos: es decir, la prensa edulcoró más sus centimetraje, que perdió las angustias de los trabajadores y la existencia de las comunidades. Ahí estuvo la derrota, ya que con el correr de los años, fueron desapareciendo, incluso aquellos periódicos que nacieron bajo el signo del régimen prontamente establecido.

Repetir los episodios vividos por Correo del Caroní y su director, David Natera Febres, ocasionados por la revolución, es ejercicio que puede que sea redundante por lo plenamente conocido en Guayana entera. Pero importa, porque esa conducta, incomprendida por varios en las primeras de cambios, ha sido la carga de prueba del coraje, en la fuerza por mantener la presencia en la opinión pública. Es testimonio del desenvolvimiento del periódico a través de las páginas en físico, como semanario y en la reinvención que no se detiene en el portal on line, miles de veces visitado.

La población venezolana y en el estado Bolívar, es notorio, están desarmadas de instrumentos democráticos y del Estado de derecho para enfrentar la implantación totalitaria del proyecto chavista. Para “mejorar” el panorama nacional, la irrupción -en desarrollo- de la COVID-19, supone una suerte de juicio final que si los filósofos y estudiosos de las ciencias sociales en el mundo no coinciden en que producirá cambios sustanciales, pues para Venezuela sí los tendrá. Es la percepción que nos indica lo que en criollo anteriormente era el sentido común para todos. Ahora, siendo además el tiempo de los falsos profetas, impostores de la democracia, miembros de la corte de la corrupción roja y los antivalores; igual que el momento de mucha cobardía, toca a la calidad (desde la comunicación comprometida, en este caso) empinarse en la resistencia de registrar los alientos que la sociedad produce en función de la libertad, de la justicia, y en beneficio del futuro para la región. Esa es ahora la cualidad fundamental que ha venido erigiéndose desde el oficio y ejercicio periodístico independiente; cultivado con la actualización de conceptos y tecnología. Esa agilidad que aporta la pasión de un equipo de jóvenes profesionales, pero igual con demostrada experiencia y dignidad, valorada por la lectoría de Correo del Caroní.

El pensamiento plural impondrá su validez frente a la oscurana dictatorial, para que la acción de la sociedad sea fecunda. De allí que la rotativa de La Casa de las Ideas estará siempre preparada, porque ni los principios ni la dignidad se van.