Aquellos que lo adversan no lo hacen por sana y honesta política sino porque es un hombre que teme poco y hace, acertado o no, bastante en su ejercicio.

Muchos gobiernos, organismos y pueblos tienen una radiografía clara de la dictadura que nos oprime en Venezuela. Ya las opiniones y análisis están agotados porque no hay duda sobre la situación y su génesis. También está diáfano quiénes mueven los hilos de los títeres venezolanos, y a los interesados en seguir alborotando al continente americano, incluido muy especialmente el norte del mismo.

Aquí todo seguirá igual o peor mientras no haya un vuelco de ciento ochenta grados en el aspecto político y económico. No es cuestión de elecciones o componendas para atemperar el panorama; es un asunto de vida o muerte acabar con todo atisbo de comunismo, socialismo o similar para salvar las futuras generaciones de las garras inmundas de un sistema pernicioso que se ha probado suficientemente en lugares y tiempos como contranatural a los seres humanos que no estén enchufados con los califas que manejan el plan fantasioso y engañoso en su fase preliminar, ya que la fase superior es inalcanzable inclusive para los utópicos comunistas que viven de sus sueños y teorías; como Marx lo hizo.

Sin lugar a duda, Trump, prácticamente la única persona en el planeta que se ha rasgado las vestiduras frontalmente y sin tapujos por nosotros los venezolanos y su democracia actualmente en el limbo, se ha dado cuenta que no solo la antipatía personal de algunos le causa problemas, sino hay algo más profundo en juego que pretende desestabilizar su gobierno. Si fuera solamente un asunto personal no sería extraño ya que no todo el mundo puede ser monedita de oro; en este caso el tema se ramifica en circunstancias alarmantes.

Fue insuficiente el ataque del Partido Demócrata para desbancarlo de sus acertadas políticas internas y externas; igualmente el impeachment que se urdió en su contra, después de las investigaciones sobre los rusos interviniendo en las elecciones americanas, que resultaron una gran falacia; más todos los acontecimientos fortuitos que se sucedieron, inclusive la muerte inintencional de un ciudadano de color que ha sido pretexto para una conmoción social casi sin precedentes en Estados Unidos, y de extraña solidaridad en ciudades de otros países, lo cual es completamente anormal.

Nunca, hasta ahora, habían aparecido, como salidos del closet, elementos declaradamente izquierdistas, aparte de Sanders; como el gobernador del estado de Washington, o la alcaldesa de la capital de ese estado, para apoyar abiertamente actividades violentas y subversivas que afectan a todos los estados de la Unión y al gobierno presidido por alguien electo democráticamente en comicios legítimos, de acuerdo al sistema imperante en el país.

Trump ha tenido que lidiar con los coreanos del norte, chinos, rusos, iraníes, europeos, la OTAN, la OMS, la ONU, el Partido Demócrata, entre otros, y el régimen venezolano solito y sin mucha ayuda. Ahora también con los saboteadores extremistas izquierdosos revoltosos externos, y lo peor, los internos con quintacolumnistas traidores agazapados dentro de sus fronteras. El colmo de la envidia, de la mala fe y de la maldad es tratar de cambiar a uno de los países más modernos y adelantados de la civilización occidental, y sus alrededores, a otros procedimientos, métodos, estilos, costumbres o modos de vida social, religiosa, política y económica diferente a la que ha sido exitosa durante al menos doscientos años, no obstante las equivocaciones humanas y organizativas que han tenido que superar como todos aquellos que tratan de desarrollarse en forma positiva, tanto seres de carne y hueso como sociedades o grupos de cualquier etnia.

Aquellos que lo adversan no lo hacen por sana y honesta política sino porque es un hombre que teme poco y hace, acertado o no, bastante en su ejercicio; que se ha atrevido a proteger a sus connacionales y su economía, y enfrentar a todos aquellos, como últimamente a la Corte Penal Internacional, con intereses subalternos que se esconden bajo el manto de gente, desgobiernos y organismos multilaterales muy laxos y cómodos en acoger a todo tipo de individuos con toda clase de perversiones; también las intelectuales.

El que se atreve a apartarse de la mayoría y a disentir de ella siempre es mal visto porque ese hecho pone en evidencia las omisiones de muchos y las carencias de criterio y decisión.

Es fácil achacar racismo de una sola vía a una sola nación sin asimilar que el globo completo ha sido y es discriminador de minorías durante toda su existencia. ¿El rábano por las hojas?

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