En 21 años el poder ha estado en manos de ineptos, ignorantes, irresponsables y corruptos, con el añadido de su sobrevaloración, la ausencia de evaluación de su gestión y la falta absoluta de autocrítica.

El asalto intrusivo e invasivo a nuestros hogares, mediante las ripiosas cadenas de la cúpula, es una demostración de la clase de satrapía que se ha adueñado del país. A cualquier hora irrumpen en nuestras casas, para perturbar la escasa tranquilidad que arañamos en medio de nuestra lucha diaria por la sobrevivencia. Sus voces, poses, vestimentas, la versión oficial y la sarta de mentiras que espetan -con exceso de gotículas contaminantes- son un tóxico indigerible que afecta la salud mental de los venezolanos.

Pero el venezolano cuida su psiquis. Por eso la mayoría apaga la radio y el televisor, y ahora con más razón, que no puede migrar a los canales por suscripción que ofrecía Directv. Los escuchan los periodistas de guardia -castigados- que heroicamente quedan en los pocos medios, que no han sido clausurados por esta tiranía hegemónica. La misma que ha acabado con emisoras, periódicos y televisoras, pero que exige ser oída, vista y leída por Raimundo y todo el mundo.

Su guerra de guerrilla comunicacional arremete contra el ciudadano con toda la artillería de la que disponen. Una es la campaña machacona en forma de cuña publipropagandistica, que insertan en horarios estelares, de manera gratuita, en todos los medios. En estos tiempos de COVID-19 nos tienen hasta el gorro con sus consejos, recomendaciones y amenazas para “crear conciencia” mediante la represión policial con toque de queda, no declarado, a partir de las primeras horas de la tarde.

No contentos con las cadenas y las repetitivas campañas a cada hora del día -mal redactadas y peor leídas- sus geniales propagandistas han diseñado una cruzada contra los papagayos, amenizada con una canción infantil de Serenata Guayanesa. Mientras suena la pieza musical, una voz femenina advierte que estos juguetes infantiles dañan el tendido eléctrico. Era lo que faltaba después de la iguana, el rabipelado y los sabotajes que denunció, reiteradamente, aquel general que buceó en el Guri. Ese que se convirtió en verdugo de los que acusó sin pruebas: unos están presos y otros bajo tierra.

El descaro y cinismo que exhiben los militares deben aprenderlo en los cursos de estado mayor, donde los altos mandos se ¿forman? para la procacidad e inverecundia. Aquello los convierte en unos caraduras para mentir, burlarse de la gente e imponerse por la fuerza de las armas. Nunca por la fuerza de la razón. La mayoría son unos incompetentes. Por eso cuando son designados en puestos que los superan, actúan con extrema confianza en sí mismos y se sienten superiores, por lo cual las consecuencias suelen ser catastróficas. Esta es una de las explicaciones de la hecatombe en Venezuela. En 21 años el poder ha estado en manos de ineptos, ignorantes, irresponsables y corruptos, con el añadido de su sobrevaloración, la ausencia de evaluación de su gestión y la falta absoluta de autocrítica.

Es en el servicio eléctrico donde las consecuencias de lo anterior se ha vivido como una verdadera catástrofe. En la cartera respectiva han colocado a una pléyade de individuos, incapaces hasta para cambiar un bombillo en sus casas. Pero el peor de todos, que es mucho decir, ha sido Luis Motta Domínguez, quien fue minpopo de energía eléctrica y presidente de la corporación eléctrica nacional (corpoelec), en rigurosas minúsculas.

Como no podía ser de otra manera, Motta, fue sobresaliente en corrupción. Tanto, que hasta en el imperio supieron de su exuberante y súbita fortuna. La Oficina del Tesoro para el Control de los Activos Extranjeros (OFAC), en EE UU, conoció de sus jugosos negocios y de los de sus colaboradores -Jesús Ramón Veroes y Alberto Chacín Haddad- ambos recluidos en una prisión federal por blanqueo de capitales.

A Motta se le señala por otorgar contratos de compras de Corpoelec a tres empresas en Florida, por más de 60 millones de dólares. Transparencia Venezuela investigó a este militar y encontró que: ¡con las mejores intenciones de frenar la crisis eléctrica nacional! adquirieron 500 transformadores, con el detallito que estos sólo eran compatibles con los sistemas eléctricos de Cuba y Nicaragua. También compró a los Emiratos Árabes Unidos 40 montacargas, que vendió a Corpoelec con un modesto sobreprecio de 300%. Advierto que esta es la punta iceberg de la descomunal corrupción, perpetrada por este general entre 2015 y 2019, tanto en el ministerio como en Corpoelec. Y ahora quieren culpar a los carajitos y a sus papagayos de la crisis eléctrica. ¡Lo qué hay que ver en revolución!

Agridulces 

Walter Martínez fue echado con su parche y su Dossier del canal 8. Me entra un fresquito, porque ese presunto analista se convirtió en un defensor a ultranza de esta tiranía. Ya fue sustituido por el zar Nicolás II. 

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