Hay una manipulación, repetida ante los ojos de las masas desde los poderes confiscados, para que la ciudadanía se ponga su propia soga al cuello con el chantaje electoral a cualquier precio.

@ottojansen

Es de imaginar que la guerra del Peloponeso (liderada en el periodo clásico por la ciudad-Estado de Esparta, en la península griega) es episodio universal ajeno, con toda seguridad, a las preocupaciones de los venezolanos en la actualidad.

Las secuencias de estos hechos de la historia, que los especialistas nos ilustran, nos interesan por el cuadro humano en el combate contra el mal por parte de una población desgarrada por la miseria y el infortunio, reflejado en muchos padecimientos para los que buscaban la salvación pero debían quedarse fuera de la ciudad amurallada, como es ahora con las fronteras que limitan el espacio nacional, cerradas como consecuencia no del virus terrorífico, que era razón en aquella democracia, sino por la voluntad tiránica de quienes hoy dirigen el gobierno de Venezuela.

Quizás la larga cuarentena trastoca la dimensión del tiempo con el que, saliendo de la antigua Grecia, nos toparnos al ver la sentencia de hace pocos días del TSJ venezolano: la numero 0068-2020, en la que “se declaró competente para conocer y resolver la demanda por Omisión Legislativa de la Asamblea Nacional en desacato, planteada por los ciudadanos Javier Bertucci, Claudio Fermín, Timoteo Zambrano, Felipe Mujica, Luis Romero, Rafael Marín, Juan Alvarado y Segundo Meléndez, asistidos por el abogado Francisco Matheus”, tal y como reseña la nota de prensa de Venezolana de Televisión.

La visión que parte del dictamen actual nos traslada a la Edad Media, donde la vida y miseria de las mayorías estaba supeditada al servicio de reyes o príncipes. Lores que con sus edictos imponían su dominio, mientras las ratas recorrían salones y cocinas y el pueblo se alimentaba con migajas y dormía en los establos. Tiempos esos en que la sanidad no existía y quien caminaba a la sombra de los castillos podía recibir de lluvia un baño del excremento de los señores de casa.

Menjurje para adormecer la libertad

En el siglo XXI no han desaparecido las torceduras del poder, aun contando con instrumentos de ley que tienen carácter universal e inapelable. El totalitarismo y la “banalidad del mal” que Hannah Arendt exorcizó con sus descripciones sobre los acontecimientos en la Europa de siglos pretéritos y que en las fases del capitalismo no parecían tener gérmenes mayormente exitosos¸ los encontramos, sofisticados por sus instrumentos y no por su esencia, que contiene los mismos horrores, en la realidad latinoamericana que encabeza nuestra sufrida Venezuela. La manipulación, repetida ante los ojos de las masas desde los poderes confiscados, para que la ciudadanía se ponga su propia soga al cuello para el chantaje electoral sin condiciones a cualquier precio (y que aúpan y aúllan los cómplices, emisarios e ilustres libre pensadores), ensaya la versión renovada de un modo de entender el menjurje de democracia con dictadura. Se trata de eso que en otra dictadura nacional fue la tesis del “gendarme necesario”, que en este caso es el perfil que pretende la revolución bolivariana, responsable del entierro de la economía, depauperación de la vida cotidiana y la conculcación de la libertad y los derechos venezolanos.

La población genera “instintos” ante la injusticia: no pasan desapercibidas las burlas de la usurpación. Lo que sí es causa de angustias es el papel de las vanguardias de la lucha democrática, y esto ocurre porque es evidente el descredito de los partidos políticos que no se ayudan (en el vínculo con la activa sociedad civil) por los titubeos y el afán de abrazar cálculos propios. En nuestro estado Bolívar, los socios de los diputados comprados en enero para instalar una directiva paralela a la AN reparten bolsas de comida -proporcionadas por la revolución- en reuniones que algunos G-4 convocan. Todo para impulsar parlamentarias chapuceras y que siga el sufrimiento de 20 años de tenaza autoritaria en nombre del altar de la democracia. ¿Cómo entenderlo? Por las organizaciones políticas secas de contenidos, aferradas a consignas gastadas. Por ello no contribuyen a la estrategia de rescate del orden constitucional que encabezan el presidente (e) Juan Guaidó y la Asamblea Nacional.

Acompañar pantomimas de eventos electorales está descartado para los venezolanos. Si el llamado es a la resistencia democrática con la CRBV, la población tiene que persistir en la tarea de sacar cuentas de argumentos, razones y aliados, en función de las batallas que, como ayer en Atenas, la época feudal o años que incubaron las guerras mundiales, produjeron las conquistas democráticas para la humanidad. En aquellos entonces, el requisito nunca fue claudicar ante los instrumentos del totalitarismo ni ante pócimas de cínicos hechiceros como los que ahora en Venezuela pavonean sus sentencias en la plaza pública.

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