El símbolo significó para ellos el medio de comunicación idóneo para que el espíritu se expresara. Los pintores del simbolismo fueron los creadores de una nueva realidad.

@ngalvis1610

Demasiadas son las cargas de la realidad para que puedan ser soportadas en su totalidad. Hace falta el escape, la evasión, la huida de su yugo hacia otros confines. No es negarla, es apaciguarla. El mundo se enfrenta diariamente con la “cruda realidad”, término que se ha acordado en utilizar para describir la cotidianidad, o el peso que significa su acarreo, por lo continuo y carente de expectativas, las que se inscriben en el plano de lo soñado, de la esperanza que nunca debe perderse. Seguramente, porque es casi imposible que se cristalice.

Es una posición pesimista sobre la vida y la existencia. Me gustaría llamarla romántica en este caso. Lo cierto es que hemos recurrido a los sueños, a los anhelos para sobrellevar el día a día. Visualizar el futuro con fe de cambios y transformaciones que dibujarán un resplandeciente horizonte, cuando estamos viéndolo desde la oscuridad y el desasosiego.

La existencia humana es la vida de un artista: o te quedas con lo que ves y tratas de plasmarlo en tu pensamiento tal cual es o lo transformas, producto de una interpretación creativa, que desborda los límites de lo conocido y se sumerge en profundidades oníricas, fantásticas. Que por lo imposible que parezcan, por no pertenecer a esta inmediatez que sabemos como real, también son aprehendidas como consecuencia de nuestra historia no contada.

Parecen los extractos de un poema ya leído. El recurrente pensamiento que transforma la realidad y la deviene anhelo es real por necesidad y por deseo. Estas controversias estuvieron en la palestra de la reflexión estética, y por supuesto que el mundo del arte exhibió su respuesta.

Las últimas décadas decimonónicas fueron el escenario para el nacimiento de un movimiento que si bien se le pueden formular ciertos aspectos heredados del Romanticismo, marcó una pauta y sentó las bases para una renovación del espíritu libre, soñador y deseante del ser humano. El hombre pretendió crear su propia alegoría de vida para resistir las dificultades de un mundo convulso. Intentó darle rienda suelta a la expresión del espíritu. Una tendencia que defenderá no la capacidad de dibujar el objeto tal cual lo observamos, sino su posibilidad de trascender a otros ámbitos a través de la intuición y la contemplación.

El mundo empieza a reconocer varios estadios de la realidad. Propone una novedosa manera de expresarla. Es decir, materializa la forma de poder representar aspectos de la vida tan intangibles como el sueño, la alegría, la tristeza y el desamor. Lo hace pintura, lo hace poema. Y en la creación plástica lo logra sustituyendo el concepto por un referente simbólico, que nos permite acceder a él y reconocerlo.

Temáticas que patentan un destacado interés por el inconsciente, lo onírico y lo fantástico sientan las bases que definirán en gran parte al movimiento del Simbolismo. Hacia 1885 el poeta Jean Moréas en su Manifiesto Simbolista es quien utiliza el término por primera vez. Luego se extendería para caracterizar a la nueva pintura de la época.

El simbolismo surge en un controvertido momento de pérdida de valores y en consecuencia de orientación, ya que gracias a los valores fundamentales el hombre se puede orientar en el mundo. Y como lo llegara a expresar Michael Gibson “el simbolismo intenta representar otra cosa que lo real inmediato y visible. Es romántico hasta cierto punto, alegórico a ratos, onírico o fantástico cuando le place, y a veces se aproxima a esa instancia profunda que Freud había descrito al teorizar sobre el inconsciente”. El develamiento de Freud sobre la vida de los sueños y la coexistencia de un aspecto irracional en el ser humano es aprovechado por el programa simbolista reivindicando la ansiada búsqueda interior del romanticismo.

Según la historiografía del arte, “el simbolismo surge como reacción al planteamiento positivista que había preconizado el Impresionismo. Los movimientos contemporáneos habían descrito la ruta de la interpretación de lo político, de los asuntos morales e intelectuales. Los artistas simbolistas indagaron en nuevos valores basados en lo espiritual para afrontar lo que para ellos significaba la imposibilidad de la sociedad de enfrentar y resolver los cuestionamientos sociales que aquejaban en la época”. Estamos en la antesala de un enfrentamiento bélico mundial. No me atrevo a asegurar que el hombre lo pueda profetizar con certeza, pero su sensibilidad lo respira en el ambiente.

Se ha ido gestando un sentimiento de decepción frente al positivismo y cientificismo, consecuencias del alto desarrollo alcanzado y de las derivaciones de la revolución industrial. Lo que orienta al hombre a descubrir una realidad más allá de lo empírico. A lo que contribuyen posiciones y planteamientos filosóficos como los de Schopenhauer, quien en su oposición al positivismo, insiste en que “el mundo visible es mera apariencia y que sólo adquiere relevancia en el momento que tomamos conciencia que sólo a través de este se puede expresar la verdad perpetua”.

En tal sentido, consideran la obra de arte como equivalente a una emoción provocada por la experiencia. Es la clara pretensión romántica de exteriorizar una idea, de analizar la subjetividad. Hay un marcado interés por insinuar, por instaurar nuevas relaciones entre los objetos y las sensaciones que provocan, se fascinan con el misterio, el ocultismo. Muestran la necesidad de expresar una realidad distinta a lo tangible e irremediablemente van hacia los caudales de la espiritualidad. El símbolo se convierte en el instrumento más idóneo para tal fin. Una novedosa manera de comunicación, traducida por figuras que trascienden lo material, provenientes de mundos ideales e inauditos. Signos de una inclinación hacia lo sobrenatural, hacia lo que no se ve.

Estos pintores procuran una especial atención a la forma, supeditada a ideales que sobrepasan la pura apariencia. Acuden al símbolo enmarcado en una profusa ornamentación para plasmar sus sueños y fantasías. Se sirven del colorido fuerte que desdibuja las figuras para destacar el sentido onírico de lo sobrenatural. Considerados precursores de esta nueva tendencia, nombramos a Gustave Moreau, Puvis de Chavannes y Odilon Redon.

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