Además de ícono y actor, Marlon Brando fue un activista comprometido con causas comprobadamente justas. Era notable en él también, su sentido de los medios de comunicación y cómo se manejaba con ellos. Así como algunas de sus escenas son ejemplos en las clases de actuación, también lo pueden ser sus entrevistas.

@RinconesRosix

Quisiera escribir no tanto sobre Marlon Brando, el ícono del cine y la actuación, sino sobre lo que nos interesa de Marlon Brando. A los venezolanos, ya cansados con tener que decidir entre las noticias confusas y el agobio de la vida diaria, no les debe interesar saber nada de la zona oscura y caótica de la vida del actor, sino más bien en algo que nos pueda acercar a él.

Marlon Brando se sabía influyente e ícono cultural de los Estados Unidos, y decidió timonear ese privilegio en pro de sus actividades políticas. Trató siempre, de no dejarse llevar por la frivolidad de la prensa de farándula, y por lo contrario optó la calle del medio para expresar sus posturas de corte político y social. No le gustaba dar entrevistas, pero contaba con los presentadores de televisión para hacer llegar sus declaraciones. Después del asesinato de Martin Luther King, él fue al programa de Johnny Carson para reiterar su apoyo a la causa de los derechos civiles. Dijo en esa oportunidad algo como esto: "Hay que donarle dinero a la Southern Christian Leadership Conference (SCLC) porque necesitan seguir adelante. Apoyarlos significa resolver el problema. Si uno no es parte de la solución, uno es parte del problema. Así que me contenta saber que muchos de mis colegas están respondiendo."

El afamado actor apoyó financieramente y activamente a varios movimientos de derechos civiles de minorías tanto en los Estados Unidos como en otros países y estableció una relación cercana con las naciones indias de su país. En cuanto a su activismo social y político, Marlon tuvo una hoja limpia. No cayó en el juego de figurar o de venderse, y eso se notaba, por ejemplo, en cómo expresaba su admiración por las personas a quienes defendía. Y no era ciego ni ingenuo cuando se trataba de hacerle seguimiento a los objetivos de esos grupos. Por ejemplo, cuando la radicalización y violencia pusieron en entredicho al partido de las Panteras Negras, él le retiró sus donaciones. Era generoso y serio en su apoyo, pero también tenía los pies sobre la tierra. No se puede decir exactamente lo mismo de su amigo y sucesor artístico Sean Penn, quien se benefició del gobierno de Chávez. Seguramente Penn debió añorar la desconfianza de su otrora maestro, cuando se percató que el intergaláctico de Sabaneta se lo había venido vacilando.

Marlon Brando intentó participar en películas que se correspondieran con ese esfuerzo ulterior que tanto lo conmovía. Conocía de la superficialidad y los intereses de Hollywood y llegó a rechazar papeles. Varias veces debió reescribir o improvisar sus diálogos cuando los sentía tiesos o carentes de sustancia. Intentó escribir y producir películas, no fue exitoso, y pienso que se debió no a falta de talento, sino a su desorden. Pudo haber no ganado mucho dinero con sus propias producciones, pero ojalá hubiese podido expresar esa poesía que tanto le inquietaba. Simplemente, no se hallaba. Queda el alivio de que, lo que fue una frustración en su carrera, fue una gran satisfacción en su vida pública.

A Brando lo recuerdan más por unas cosas que otras. La verdad yo vine a ver algunas de sus películas en tiempos de los vhs y dvd, y en ocasiones quisiera verlas otra vez. Era notable en él también, su sentido de los medios de comunicación y cómo se manejaba con ellos. Así como algunas de sus escenas son ejemplos en las clases de actuación, también lo pueden ser sus entrevistas.

A la periodista Connie Chung, llegó a decirle algo como esto: "Tú piensas que con una entrevista hay una búsqueda de la verdad y no te percatas de que esto es un juego. Una vez que hay cámaras y micrófonos, uno ya decide un juego. Tú lo haces, yo lo hago. Tú respondes a unos intereses y yo a los míos. Esto es una mentira". Detestaba los superlativos aun cuando lo encumbraran a él, y tampoco le temblaba el pulso para derribar las fuentes de su entrevistadora: “¿Y tú crees todo lo que declaran por allí, todo lo que te dicen? Después de esa experiencia casi boxística, Connie Chung lo entrevistó un tiempo después y comprensiblemente venía mucho más preparada. Sabía cuándo no tomarlo tan en serio y apelar a su sensatez. Cuando él se ponía infantil, ella también. Ya en ese segundo round, el juego quedó parejo entre ambos.

En varias ocasiones, en otros programas, él insistió en que su problema con las entrevistas era el dinero y que él estaba consciente de que él era en sí mismo un producto de compra venta. Era artista y sabía de la significación de las palabras, de que salen para no volver. Su afán de dominio sobre cualquier mensaje se basaba en esa premisa, por eso era un retador formidable. Se reía de los lugares comunes, volteaba los esquemas sin dejar tiempo a que el entrevistador reaccionara. No obstante, podía apreciar una pregunta inesperada, honesta. Tampoco era tan difícil Marlon Brando.

Aunque cuando se vio medio perdido con Connie Chung, el actor del Último Tango en París sacó aún más su carta seductora. Al parecer Connie resistió heroicamente y humorísticamente, para librarse del zarpazo de este homme fatal.

JSN Megazine 2 is designed by JoomlaShine.com | powered by JSN Sun Framework