Las estructuras de la resistencia democrática, que incluyen partidos, agrupaciones unitarias, además de personalidades de Guayana, tendrán que hacer efectiva no solo su sensibilidad -que no a pocos se les recrimina en circunstancias “ordinarias”- sino también su compromiso con la vida de la gente.

@ottojansen

 El reconocido sociólogo venezolano Ramón Piñango escribe en su cuenta de la red social twitter (@rapinango): “Para luchar eficazmente contra una pandemia es indispensable que quienes gobiernan tengan credibilidad”. Ese elemento: la solidez de palabra dirigente, también en crisis profunda, probablemente llegue a ser el más significativo de la caótica situación de Venezuela en la pandemia mundial. Por supuesto no es el único; la asistencia sanitaria en condiciones de absoluta precariedad en centros de salud, el hambre entronizada que abre sus fauces desesperada, la desnutrición, junto al desmantelamiento de los servicios públicos, donde el agua destaca claramente en el estado Bolívar; sumado a la ausencia de las autoridades locales, regionales y nacionales en el pulso de las comunidades, integran un cuadro pavoroso para la lucha contra el Coronavirus.

 Los guayaneses han tomado con la calma del escepticismo, otra amenaza más a la existencia: “Si no nos ha matado Maduro -dicen- la epidemia no nos matará”. Es el lujo de los primeros días, donde no se sabe la proyección del impacto del Covid-19. Mientras tanto, el régimen en el plano nacional se afianza en sus armas: la propaganda que muestra “diligentes” esfuerzos y el control militar al que añade el pintoresco refuerzo de la milicia, los reaparecidos consejos comunales, REDI, ZODI y cuadrantes de paz. Las autoridades locales, los alcaldes y funcionarios de confianza, despiertan del largo anonimato intentando repetir la línea nacional, pero a las primeras de cambio no son las penurias de la población las que reciben la atención: la idea con más fuerza, como ocurrió en el municipio Caroní, la tienen los horarios de las licorerías, que se extienden, debe ser por el uso alcohol para enfrentar los contagios.

 El discurso de lucha democrática, de combate a la usurpación, en un momento que se eleva todavía más el riesgo mortal de la salud nacional, se encuentra en obligación de cuidar su lenguaje y planteamientos, considerando el comportamiento de la gente y la necesidad urgente de insuflar confianza con la posibilidad de ayuda concreta. Hacia esa dirección enfilan los pronunciamientos del presidente (e), Juan Guaidó. Ahora, tiene de debilidad, la ausencia de control de los organismos y evidente fatiga de factores partidistas, prácticamente “engatillados” en este momento de emergencia, dejando grietas en difusión de la comunicación que intentan ser aprovechadas por la usurpación y los gatopardianos de todas las especies. Lo nuevo es la epidemia: el resto sobre las mentiras del régimen, las dificultades opositoras, y la pesadilla económica y social, es conocida por los venezolanos. La dirección con credibilidad de liderazgo, en el escabroso episodio de la pandemia, tendrá especial relevancia.

Tres fronteras

 En los primeros días de la cuarentena social, la mirada del habitante de esta región pareció estar dirigido a la contemplación de la existencia. En reportes particulares de comunidades en Caroní, Heres y resto de la Guayana extensa, no hubo señales ni de alarma ni de organización especial. Algunos menguados operativos oficiales, similares a los que se abordan por las temporadas de carnaval o semana santa -nos refieren del sur del estado y otros que encabezó el general Justo Noguera hablando de su pasión- no sacan a los guayaneses de la angustiante dinámica económica y las dificultades de sustento cotidiano. Como un eco lejano se percibió en Ciudad Guayana, la obligación de quedarse en casa, que mejoró con las horas, probablemente por “iluminación” paulatina del temor. La valoración de la trascendencia humana en los primeros momentos se enmarcó en la actitud de desafío por lo que se vio en quienes estaban en la calle, pero el asunto es que una epidemia de este calado, no se enfrenta solo con actos de fe.

 El estado Bolívar tiene tres fronteras extensas que, con la crisis integral donde nos encontramos, tienen condición de “calientes”: las de Brasil, Guyana y Colombia. Ante esa realidad, el esfuerzo de atención sanitaria comporta retos importantes, ya por sí potenciados con el difícil cuadro regional y nacional. La población espera con el corazón en la boca que la incidencia sea reducida, pero las clases más pobres, que incluyen a las etnias indígenas de Bolívar, se encuentran en la mira de los más altos riesgos. Las estructuras organizativas de la resistencia democrática, que componen partidos, agrupaciones unitarias, además de figuras públicas y personalidades de Guayana, tendrán que hacer efectiva no solo su sensibilidad -que no a pocos se les recrimina en circunstancias “ordinarias”- sino también su compromiso consecuente con la vida de la gente. Allí estará la diferencia entre autoridades incompetentes y mentirosas, frente al sentimiento de respeto a sus derechos que aúpa la sociedad. Diferencia a traducir en contención de la epidemia, en frenar cuadros desastrosos de infectados, por lo que pedimos al Creador no nos desampare en evitar que los guayaneses sigan siendo atacados por más pestes terribles; ahora con el mundial Covid-19.

Trocitos… Escuchar las recomendaciones es básico, asumir el temor como instinto de contribuir con la solidaridad y la calma necesaria es útil; no hacerlo de otro modo. Debemos enfocarnos en superar el ambiente de epidemia con el optimismo fortalecido en la espiritualidad. ¡A cuidarse todos!

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