Les ha salido bastante mal la jugada del enjuiciamiento y otras menudencias, por lo que probablemente el resultado será perder la silla presidencial nuevamente, hasta que logren tener un candidato carismático o adaptable.

La mala fe es una consejera traicionera. Fíjense que las actuaciones del régimen siempre salen mal paradas al final. La gente se da cuenta cuando no hay honestidad ni sinceridad en las actuaciones. La ciudadanía comienza a no creer nada de lo que dicen y hacen porque sienten la manipulación y las malas artes usadas para convencerlos de lo contrario a la realidad.

El Partido Demócrata de los Estado Unidos está experimentando las consecuencias de su mal proceder y su incapacidad para entender que el éxito de la presidencia beneficia colectivamente a la población del país. Han personalizado su fracaso en acceder al Ejecutivo y no han podido asimilar que es más importante el progreso común que la pequeñez de sus ambiciones personales.

Esa ira contra todo lo que haga el Ejecutivo se ha traducido en una cantidad de críticas destructivas y acciones inoperantes para torpedear al presidente de los norteamericanos que trata de enderezar algunos entuertos practicados por predecesores.

Al margen de las antipatías ad hominem, el país político debería unirse en torno a los temas fundamentales que afectan a todos por igual, como nación que vive y practica la democracia como un bien redundante en lo más preciado del hombre: libertad de pensamiento, palabra y obra sin dañar a los semejantes.

El Partido Demócrata en su afán de desacreditar la labor realizada por el presidente electo por votos ha caído no solo bajo sino desencajado de su función política y didáctica de marcar algún rumbo positivo. Han perdido la brújula y el tiempo para enfrentarse debidamente en la contienda electoral de finales de año.

La desorientación es tan profunda que el comunista disfrazado ha podido tomar la delantera en la nominación de ese partido hipócrita pero siempre democrático cuando la defensa del país está en juego. Lógicamente por la cabeza de los votantes de esa nación capitalista por excelencia no les pasa un populismo de izquierda ruinoso que los arrastre a las profundidades escabrosas del abismo económico y social.

Afortunadamente los electores del hemisferio norte tienen una edad electoral muy por encima del resto de sus vecinos sureños. Nosotros nos sentimos más afines al burro demócrata que al elefante republicano, pero tal cosa es más por sinrazones sensibleras que por reflexiones derivadas de un análisis serio y ponderado de las situaciones bajo examen.

Les ha salido bastante mal la jugada del enjuiciamiento y otras menudencias, por lo que probablemente el resultado será perder la silla presidencial nuevamente, hasta que logren tener un candidato carismático o adaptable y flexible como lo fueron los antecesores que ocuparon el Despacho Oval.

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