La política y sus prácticas en este siglo XXI, en lo que va del mismo, se encuentra inmersa en procesos de transformación como producto del desarrollo de las tecnologías de la información y la comunicación.

Hace unas décadas, en la última parte del siglo XX, Herbert Marshall McLuhan, filósofo, erudito y profesor canadiense de literatura inglesa, crítica literaria y teoría de la comunicación, quien ejerció la docencia y la investigación en las universidades de Toronto, Fordham y San Luis, expuso dos premisas básicas en torno las cuales giran sus análisis y razonamientos sobre el papel de los medios de comunicación en la vida de la humanidad: “Somos lo que vemos” y “formamos nuestras herramientas y luego éstas nos forman”. Desde esa perspectiva, este autor consideraba en los medios la función de constituirse más en agentes de posibilidad que en agentes de conciencia. McLuhan percibió a los medios más allá de la conceptualización de fuentes mediante las cuales proporcionan información a la sociedad, en tal sentido enfatizó en la tesis mediante la cual asumió a estos como expresiones de orden tecnológico y en ese particular estimó a la tecnología, valga decir cualquier medio, como extensiones del ser, mente y cuerpo humanos.

Al respecto, McLuhan manifestó lo que sigue: “Después de tres mil años de explosión por medio de técnicas fragmentarias y mecánicas, el mundo de Occidente entra en implosión. Durante las eras mecánicas prolongamos nuestros cuerpos en espacio. Hoy en día, después de más de un siglo de técnica eléctrica, hemos prolongado nuestro propio sistema nervioso central en un alcance total, aboliendo tanto el espacio como el tiempo”. Aun no se habla de internet, ni de ciberespacio, ni de nube, ni de redes, ni de virtualidad, pero ya el pensamiento de McLuhan prefiguraba lo que ocurriría en ese futuro que desde el pasado siglo se avizoraba con interés, incertidumbre y reserva. Ese futuro es nuestro hoy. Lo que en el siglo XX se veía como ciencia ficción es ahora la realidad diaria.

A lo dicho, este autor agregó: “Estamos acercándonos rápidamente a la fase final de las prolongaciones del hombre, o sea la simulación técnica de la conciencia, cuando el desarrollo del conocimiento se extienda colectiva y conjuntamente al total de la sociedad humana”. Uno de los conceptos clave del pensamiento de McLuhan fue El medio es el mensaje, el cual fue expuesto en su libro Comprender los medios de comunicación: Las extensiones del ser humano, publicado en 1964 con numerosas ediciones posteriores. El medio, cualquier medio, desde su perspectiva, y en sí mismo es “el que modela y controla la escala y forma de las asociaciones y trabajo humanos”.

Para McLuhan la relación de la política con la vertiginosa evolución de los medios de comunicación se había tornado en imprescindible en el siglo XX, fenómeno que se ha extendido al presente siglo y en ese particular dejó una serie de enfoques sobre tal fenómeno: “La política es asistida por la imagen. El político se conforma solamente con una buena imagen, ese será el mayor logro que obtendrá”. Obviamente, no se equivocó. La política como práctica social se ha despojado de todo ropaje y contenidos filosóficos e ideológicos. Izquierda, centro y derecha son marcas dentro del supermercado electoral, con sus planes de marketing, asesorías de imagen, coaching político e influencers que marcan las pautas del devenir de partidos, líderes y candidatos. La política de ideales y pasiones, activismo y propaganda artesanal es cosa del pasado. El mercado electoral se mueve dentro de los parámetros de la oferta y la demanda.

La política y sus prácticas en este siglo XXI, en lo que va del mismo, se encuentra inmersa en procesos de transformación como producto del desarrollo de las tecnologías de la información y la comunicación. Es lo que denomina política 2.0. En el documento Ética en Internet, emanado del Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales se advierte: “El cambio que hoy se ha producido en las comunicaciones supone, más que una simple revolución técnica, la completa transformación de aquello a través de lo cual la humanidad capta el mundo que le rodea y que la percepción verifica y expresa. El constante ofrecimiento de imágenes e ideas así como su rápida transmisión, tienen consecuencias, positivas y negativas al mismo tiempo, sobre el desarrollo psicológico, moral y social de las personas, la estructura y el funcionamiento de las sociedades, el intercambio de una cultura con otra, la percepción y transmisión de los valores, las ideologías y las convicciones religiosas.”

Desde lo político, este documento se enfoca en torno al tema de la libertad de expresión en consecuencia expone: “Apoyamos enérgicamente la libertad de expresión y el libre intercambio de ideas. La libertad de buscar y conocer la verdad es un derecho humano fundamental, y la libertad de expresión es una piedra angular de la democracia. El hombre, salvados el orden moral y el bien común, puede buscar libremente la verdad, declarar y divulgar su opinión (…) y, finalmente informarse verazmente sobre los conocimientos públicos (…) Y la opinión pública se constituye en una expresión esencial de la naturaleza humana organizada en sociedad”.

De esta forma, se desarrollan acciones para acallar, censurar o someter el libre flujo información y en ese sentido “los regímenes autoritarios son con mucho los peores transgresores; pero el problema también existe en las democracias liberales, donde, a menudo, el acceso a los medios de comunicación para la expresión política depende de la riqueza y, los políticos y sus consejeros no respetan la verdad y la lealtad, calumniando a los opositores y reduciendo las cuestiones a dimensiones insignificantes”.

La denominada política 2.0 en el mundo actual entra en estos escenarios como el entorno político virtual o digital que se desenvuelve en internet, de forma preferencial se expresa a través de medios bidireccionales tales como los blogs, foros y redes sociales y que en teoría permite la participación e interacción entre los ciudadanos y los políticos. En ese particular se asume que con esta nueva forma de hacer política los ciudadanos en su condición de votantes, participan del debate político y son escuchados. Hay varias plataformas donde se desarrolla este fenómeno, pero sin embargo, muchas veces no ocurre así. Las fake news y su manipulación así como los bots, entre otros elementos, pueden desfigurar estos propósitos.

Sin duda alguna, la política 2.0 está cambiando la vida de las sociedades, como bien dice el autor Morató: “La red ha producido las primeras manifestaciones de la e-democracia, lo candidatos tendrán que contar cada vez más con la red”.

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