“Oso”, mascota del preso político, sargento mayor, Gilberto Rafael Martínez Daza, cumplirá el próximo 25 de febrero, un año “encarcelado”. Hay muchas otras bestialidades, iguales o más graves, de la RoboLución.

@omarestacio

Tropezamos, ahora, con que al narco desgobierno, le ha dado por secuestrar perros. O matarlos. O una cosa, tras la otra.

Reseña, “Alberto News”, portal de noticias, que “Oso”, mascota del preso político, sargento mayor, Gilberto Rafael Martínez Daza, cumplirá el próximo 25 de febrero, un año “encarcelado”. Hay muchas otras bestialidades, iguales o más graves, de la RoboLución.

El animalito mencionado al comienzo, fue capturado por un comando de las FAES para, al final, sin derecho a perrera municipal, ir a dar a una ergástula para criminales peligrosos, en específico, la Zona Siete de Boleíta, Caracas. Desde entonces, es víctima de los tratos más crueles. Su amo y otros miembros de los Martínez Daza, peores. Como, la familia entera se niega a confesar crímenes que no ha cometido o a inculpar inocentes, sus represores intentan doblegarla, martirizando al fiel “Oso”.

La pena no puede trascender la persona del penado. Tal postulado universal, opera en dos direcciones: 1) Nadie puede ser castigado, en, un tercero -humano, ni perro; 2) Se proscriben las condenas criminales por acciones ajenas. Pero el narco desgobierno paria, no se “para en artículos”. Persigue de manera colectiva a maridos, esposas, madres, abuelos, suegras, hijos, familiares -cercanos o remotos- por el solo crimen de lesa RoboLución de ser parentela. Los animales domésticos, tampoco escapan de la onda represiva.

En algún momento, habrá que reflexionar de manera serena, sin apasionamientos, con rigorismo científico, sobre la conveniencia de elaborar un Código Penal, especialísimo, para subhumanos. Personas que lo parecen, en lo exterior, pero sus apariencias engañan. No es cuestión de abogar porque se les trate mejor o peor. Sino que se tenga en cuenta lo que no son. Ni personas. Ni gente.

Cavilaba con tales expresiones de extrema maldad robolucionaria, cuando me llega por distintas fuentes otra información, veraz, incontrastable, insólita. El subhumano en cuestión, el mismísimo secuestraperros o Mataperros Mayor, padece, por si fuese poco, alguna malformación moral de índole prevoyerista. Para darle rienda suelta a tal depravación, ha ordenado instalar videocámaras en las celdas de máxima seguridad de Fuerte Tiuna, donde sobreviven, a duras penas, presos que considera de su propiedad: “Esos dos generales y aquellos tres civiles caídos en la mala conmigo, son míos y ¡pa’ gozá!” responde, baboso, lombrosiano, con su mostacho Igotint de medio lao, cuando alguien trata de interceder.

Stalin, asistía a fusilamientos de muchos de sus excamaradas. Los disfrutaba en tiempo real y primera fila a través de esos cristales que permiten a los espectadores ver, sin ser vistos. Nerón, en otro tiempo, hacía algo por el estilo. Nuestro protovoyerista, también, pero con circuito cerrado, made in China.

Se refocila, cuando enciende su monitor en medio del tormento ajeno. Entra en trance, baila salsa, se tongonea, taconea, quién sabe si travestido de rumbera cubana, para darle rienda suelta a cierta fantasía tropical. Mucha tela qué cortar para Freud, Adler, Adorno. Semejante humanoide me provoca asco y lástima a la vez. Oramos por la salvación de su alma, aunque dudo que tenga alguna. Habrá, que recluirlo en cárcel segura, 100, 200 años, para intentar regenerarlo. Sin ánimo de venganza. Sin malos tratos. Con apego al debido proceso.” Odia al delito, compadece al delincuente”, nos enseñaba la poetisa, Consuelo Arenal.

Decíamos que “Oso”, no ha sido el primero, pero aseguramos, que será el último. El tiempo se les acaba a sus victimarios. El Mundo se le viene encima  a tal narcobarbarie contra, hombres, mujeres y perros.