Pedro Trigo (filosofo), Rafael Uzcátegui (sociólogo-Provea) y Pedro Rodríguez (psicólogo) debatieron sobre las secuelas humanas de las políticas de represión, hostigamiento y las vulneraciones de derechos humanos.

Psicólogos, filósofos y sociólogos debatieron sobre los daños antropológicos causados a los venezolanos en los últimos años en un foro organizado por la Escuela de Psicología de la Universidad Católica Andrés Bello.

El término, acuñado en Cuba, busca explicar los diferentes agravios al tenido social que generaba vivir bajo un gobierno dictatorial.

Distintos autores lo describen como una vulneración a la condición humana y la pérdida de capacidades de elegir sobre su destino. Entre los daños se incluyen el miedo a la represión, la desesperanza, la crisis ética y el servilismo político.

   
Distintos autores describen el daño antropológico como una vulneración a la condición humana y la pérdida de capacidades de elegir sobre su destino | Fotos William Urdaneta

Rafael Uzcátegui, sociólogo y coordinador de Provea, explicó que, a diferencia del concepto de emergencia humanitaria compleja, este término abarca otras dimensiones más profundas de lo que sucede en el país. Para el defensor de derechos humanos el daño antropológico ha afectado al venezolano para determinar quién es, cómo se relaciona con otros y cómo se vincula con su entorno en el ámbito institucional y cercano.

“Que no tengamos referente, que no tengamos ejemplo, en donde se ha intentado reescribir la historia para sustituirla por un relato que fue inconcluso, eso nos ha convertido en venezolanos que somos mucho más fáciles de dominar, de gobernar. Eso ha sido uno de los objetivos de ese desdibujamiento intencionado de la identidad, de lo que somos como país”, comentó el representante de Provea.

De acuerdo con el especialista se han perdido los mecanismos de sociabilidad por la crisis continuada y la emergencia humanitaria compleja. “Se construyó una cultura de la solidaridad que, si bien hoy no está desaparecida del todo, sí está intervenida por las situaciones de crisis”.

Uzcátegui aduce una política del gobierno el aumento de la polarización y la separación para intentar recluir a las personas en sus espacios privados.

Propuso para ir superando los daños antropológicos, la recuperación de la memoria gastronómica, deportiva y musical, además de generar encuentro entre los ciudadanos, sobre todo desde la base de la familia.

“Tenemos que generar espacios de confianza, generar iniciativa para satisfacer cualquier deseo, a partir de esas iniciativas que pueden ser un club de lectura, un torneo de dominó en la comunidad, esto nos permite encontrarnos, reconocernos entre todos y comenzar a pensar las posibilidades que tenemos para superar nuestras diferentes deficiencias”, recomendó.

Humanidad para restablecer la democracia

Para Pedro Trigo, filósofo, teólogo y sacerdote jesuita, los daños antropológicos  ocurren desde hace más de 20 años, sobre todo cuando el ciudadano dejó de ser responsable de sus acciones y siguió completamente al presidente Hugo Chávez por encima de cualquier otra cosa.

“Un daño antropológico masivo es la corrupción. Chávez popularizó la corrupción que puede estar afectando a más de 4 millones de compatriotas nuestros de todas clases sociales”, expresó.

   
Un efecto deshumanizador ha sido la incapacidad del Estado para responder a las necesidades de los más vulnerables

De acuerdo con Trigo, para remediar toda esta situación se necesita de humanidad y así lograr reestablecer la democracia.

El jesuita alertó que el daño antropológico es más grave que la crisis económica e institucional. “Es imprescindible una dosis enorme de calidad humana, solo quienes hayan aprendido de esta tremenda desgracia podrán llevarlo a cabo, ¿existe esa masa crítica? Tenemos que hacer todo lo posible por pertenecer a ella y lograr que exista”, dijo.

El psicólogo Pedro Rodríguez manifestó que hay varias dimensiones del daño antropológico, entre ellas la incapacidad del Estado para responder a las necesidades de los más vulnerables, la polarización política usada como estrategia para deshumanizar al enemigo político y la simplificación del pensamiento.

Para reconstruir nuevamente el país considera que es vital trabajar los procesos de humanización, luchar por condiciones realistas de reinstitucionalización que permita distribución razonable de justicia y la reparación y acompañamiento compasivo y humano del dolor que ha significado vivir bajo estas condiciones de país.

“Esto es un proceso donde necesitaremos tener una serie de redes, necesitaremos las mociones de alteridad, de respeto de institucionalidad (…) yo creo que el turno que viene es de las personas, de los grupos humanos, de los diferentes macroproyectos de ilusión y esperanza que puedan existir respetuosamente entre sí”, finalizó.

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