La nueva realidad educativa impuesta por la COVID-19 implica que docentes se adapten a las plataformas virtuales y sorteen, en la medida de lo posible, las fallas de internet y electricidad en el proceso.

@mlclisanchez

En la Universidad Bicentenaria de Aragua (UBA), sede Guayana, siempre existió la modalidad de estudios en el aula virtual, lo que no se sabía es que a mitad de trimestre caería una cuarentena colectiva que obligaría a los profesores acostumbrados a las cátedras presenciales a migrar al método online. “Si no se estuviera aplicando en la universidad esta herramienta a través de la plataforma que tienen hace años, la situación sería otra”, señaló Cecilia Silva, docente de la institución.

Silva lleva al menos 13 años enseñando distintas cátedras de la carrera de contaduría pública en la UBA. Si bien ella está familiarizada con el aula virtual de la institución desde hace 3 años, uno de sus mayores retos durante la cuarentena ha sido enseñar a otros profesores a migrar a la enseñanza online para poder finalizar el trimestre.

En Venezuela, las clases a distancia han sido un reto para alumnos y profesores por la deficiencia del servicio de internet -que es el más lento de América Latina-, y por las fluctuaciones del servicio eléctrico.

La organización no gubernamental Aula Abierta reportó que al menos el 71.9% de la población universitaria nacional no está en condiciones mínimas para recibir clases a distancia, por servicios públicos o falta de recursos tecnológicos.

Para sobrellevar la situación, algunas universidades en el país, como la Universidad del Zulia (LUZ), piden a sus profesores tomar previsiones como no enviar videos largos, o archivos de carga pesada.

Aula Abierta advierte sobre la desigualdad que permea en el acceso a la educación por estas fallas en el país, que ponen una barrera entre docentes y estudiantes, pues preocupa que el proceso de aprendizaje sea imposible de lograr para algunos.

A esto se le suma el hecho de que muchos de estos profesores nunca habían utilizado la plataforma, la necesidad de salvar el trimestre en universidades como la UBA, -interrumpido desde el decreto de cuarentena el 13 de marzo- fue lo que llevó a otros docentes a buscar la manera de aprender en poco tiempo para adaptar el proceso de enseñanza a la virtualidad. “Esta es una cuestión que no se aprende de la noche a la mañana, fue un desafío para todos, pero se lograron los objetivos y se finalizó el trimestre con mucho éxito”, expresó la profesora.

En una semana, los docentes tuvieron que aprender a dominar la interfaz, utilizando como auxiliares los videos, el WhatsApp, las llamadas y mensajes de textos. Entre errores cometidos, fallas eléctricas y las fallas del servicio de internet, que sin duda dificultaron aún más el proceso de adaptación, se cumplió el objetivo de evaluar las tareas asignadas y la culminación del trimestre. Ahora queda reajustar las estrategias para el trimestre entrante en mayo.

La cuarentena tomó por sorpresa a la UBA -y a todos- cuando ya faltaban tres semanas para culminar el trimestre, para entonces no se sabía si los docentes podrían migrar a otras plataformas, y si los alumnos reunirían las condiciones para asistir a sus clases en línea. “No es fácil manejar la plataforma, me tocó colaborar con profesores para migrar a esta modalidad”, expresó la docente y abogada Yrama Cordero.

Aparte de las plataformas de aula virtual propias de cada institución, los profesores deben aprender a usar aplicaciones como Zoom, Go to Webinar, Google Meetings y Hangouts.

La Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) ofreció un período de formación para que los docentes se prepararan para la metodología virtual, los profesores continúan en entrenamiento desde inicios de abril y van reajustando las estrategias a medida que avanza el semestre que inició el lunes 27 de abril. La institución cuenta con la plataforma virtual Módulo 7, que colapsó el primer día de clases por la conexión de 7 mil estudiantes, sin embargo, los docentes tienen la posibilidad de contar con otras plataformas auxiliares.

Para el profesor de historia de la UCAB, José Gregorio D’Aubeterre, de 65 años, una de las ventajas de la migración a la plataforma digital es el hecho de aprender a valorar los espacios físicos de la casa de estudios. “Creo que cuando nos incorporemos vamos a arrastrarnos, vamos a abrazar los pisos y las paredes, besando las puertas, ¡Dios mío, aleluya!”, expresó.

Y es que la virtualidad también ha hecho que aumente la carga de trabajo de los docentes, que asegura que ahora la tarea es tiempo completo.

Tiempo completo

Todos coinciden en que ha sido un reto que impactó directamente la rutina de enseñanza que se venía manejando, sobre todo en el ritmo y horas de trabajo que ahora implican mayor tiempo.

“Yo empecé el lunes con una angustia terrible, pero ya lo estoy dominando, ha sido una cooperación profesor-alumno, extraordinaria”, dijo D’Aubeterre, quien ya tiene 18 años impartiendo clases en la UCAB. Para él, la mayor presión está en los bajones de luz en su sector y las fluctuaciones del servicio de internet.

Luis Cumana, también docente de la UCAB en la cátedra de Geografía económica, por su parte, indicó que lo más importante es saber que se pueden hacer las cosas de una forma distinta. Un proceso de aprendizaje entre alumnos y docentes para enfrentar la nueva realidad educativa. “De lo que se trata es que el estudiante aprenda por sus propios medios y el profesor se transforme en un facilitador y un orientador”.

Para Cumana, el reto más importante que ha tenido como educador es el de ser, en tiempos de contingencia, canalizadores de un aprendizaje autodidacta.

El ministro del Poder Popular para la Educación Universitaria, César Trómpiz, informó que el 90% de las 59 universidades en el país se unieron al plan Universidad en casa durante la pandemia por la COVID-19.