Durante 15 siglos, el Día de San Valentín fue una festividad litúrgica tradicional de la Iglesia católica, pero a partir de 1969 dejó de serlo por decisión del Concilio Vaticano II. En el siglo 20, con la llegada de la producción en serie de tarjetas y otros detalles, se convirtió en lo que sus detractores consideran hoy “un gran negocio”.
     

Milagro de amor

La leyenda de San Valentín habla del milagro que hizo a la hija del juez de la prisión donde estuvo esperando su muerte. El mártir se dio cuenta que era ciega y él pidió a Dios que la joven tuviera la dicha de ver, porque se enamoró de ella.

Al salir a la plaza para su ejecución, Valentín le entregó un papel a la joven. Ella, sin entender para qué se lo dio porque era ciega, cuando abrió el papel, por primera vez pudo ver y leyó una frase que decía: tu Valentín.

Cada 14 de febrero varios países de América Latina y Europa celebran el día de los enamorados, del amor y la amistad o de San Valentín. En varios países al norte del viejo continente suele ser la fecha preferida para pedir matrimonio y casarse.

La fecha tiene gran impacto mediático y en materia de marketing es el momento para ganarse el corazón de los clientes. Las marcas -grandes y pequeñas- ofrecen opciones que van desde comidas fuera de casa, lencería íntima, experiencias inolvidables y joyería, hasta listas de lo que NO debe regalarse en San Valentín.

En el caso de las redes sociales, estas sirven a muchos para enviar mensajes en clave o directos -con fotografías y ubicación- de lo que quieren o les gustaría recibir ese día como detalle de sus amigos o parejas.

También en redes sociales las marcas compiten por la atención y preferencia de los potenciales clientes con el lanzamiento de concursos para amigos o parejas, en los que piden a los participantes promover sus marcas etiquetando a otras personas, usándolos para que hagan publicidad a sus productos o servicios, a cambio de los denominados combos en el caso de la comida, o perfumes y dulces en envoltorios y empaques especiales.

San Valentín, ¿día del amor o del matrimonio?

Entre todos los contenidos, mensajes e información que se generan con motivo de esta festividad, se encuentra -eventualmente- la historia del mártir que dio origen a la conmemoración del Día de San Valentín desde el año 494 después de Cristo.

La leyenda habla de un médico romano convertido en sacerdote católico, que contravino la orden del emperador romano Claudio II. El soberano había prohibido el matrimonio para los jóvenes, por considerar que un hombre sin familia era mejor soldado, porque no tenía ataduras ni vínculos sentimentales.

Valentín consideró injusta la medida y se dedicó a casar a las parejas jóvenes en secreto, hasta que Claudio II se enteró y dio la orden de ejecutarlo. Alegó desobediencia y rebeldía. Lo decapitaron el 14 de febrero del año 270 después de Cristo. 

     

San Valentín casaba a los jóvenes enamorados, según el rito de la Iglesia Católica. Los esposos juraban completarse, ser compañeros y “obedecer el mandato divino de tener hijos y poblar la Tierra”

Aunque el Día de los Enamorados lo celebran novios y parejas casadas, llama la atención la forma en la que se amplió el alcance de la celebración, que desde el siglo 20 incluye a la amistad en la ecuación festiva.

En todo caso, el matrimonio -como lo practicaba San Valentín- está lejos de ser el contrato que imponen las disposiciones legales. Es una institución que tiene como base la unión sagrada en la que sus integrantes deben esforzarse para conseguir que la relación funcione, porque a partir de ella se crea la familia.

“La gente no se casa por los defectos del otro. Está viendo más allá de sus defectos y da el paso porque ve en esa persona la compañía para caminar juntos y, lo que ve, siempre es bueno”, afirma el padre Gerardo Moreno, párroco de la Catedral San Juan Pablo II de Ciudad Guayana.

El sacerdote considera que, aunque se ha convertido en una fecha comercial, es emblemática y se debe aprovechar para confirmar la unión de las parejas, rescatar valores perdidos de la sociedad conflictuada actual y dejarse llevar por el corazón.

Habla de las parejas que dan ejemplo de constancia y superación, porque logran seguir unidos a pesar de los obstáculos. Compara el matrimonio y el sacerdocio y asegura que si las personas supieran lo que se van a encontrar en el matrimonio, no se casaran.

“Si yo hubiese sabido lo que me iba a encontrar como cura, no me caso y eso es lo bello del amor, que sin saber lo que nos vamos a encontrar nos arriesgamos. Gracias a Dios que no lo sabemos”, destaca.

Su consejo para quienes consideran iniciar vida en pareja, es que ante cada reto busquen en su mente y corazón el primer amor, eso que los hizo decidirse a estar junto a esa persona, porque en el camino hay obstáculos, altos y bajos.

Un matrimonio, en cualquiera de sus formas y realidades, es demandante y debe asumirse con madurez y responsabilidad, no con la sociedad sino “con ellos mismos y el futuro que quieren construir juntos”, subraya Moreno.

“A mí me gusta la versión del Génesis que habla de que Dios creó a la mujer de una costilla -no del talón o de la cabeza-, con eso Dios nos dice que ninguno está por encima, ni por debajo, ni detrás, ni delante, sino a su lado para caminar en un proyecto de vida y ese proyecto es la base de la familia, si no hay matrimonio no hay familia”.

Llama la atención que la tradición que se inició con el sacrificio de San Valentín se celebró hasta 1969 como una festividad incluida en el calendario litúrgico tradicional de la Iglesia Católica durante 15 siglos, pero bajo el pontificado de Pablo IV y después del Concilio Vaticano II, fue eliminada del calendario y pasó a ser una fecha con santo pero sin celebración.

“Y vivieron felices para siempre…”

Las parejas del siglo 21 cuentan con herramientas, terapias y dinámicas que promueven hacer revisión constante de la relación y la emocionalidad de ambos, para confirmar que continúan juntos por los motivos que son buenos para ellos.

“La felicidad se alcanza con trabajo interno, proviene del conocimiento de uno mismo y sus motivaciones, no se logra con apretar un botón. Es un estado mental que no se consigue sin dar nada a cambio”, afirma Graciela Flores, practicante de la filosofía del Círculo de Realización Personal (CRP).


El matrimonio es un reto que exige a las parejas constancia y trabajo en equipo para superar los obstáculos y desafíos que conlleva la vida en común
     

Después de la ceremonia, para muchos termina el cuento de hadas y deben hacer frente a una realidad que puede ser decepcionante, sobre todo, si la relación no tiene bases de honestidad y se manejó de forma inmadura a partir de fantasía e imaginación, explica.

“Una relación madura tiene los pies en la tierra, el corazón comprometido y la cabeza ocupada en manifestar reconocimiento y equilibrio. Sus miembros están conscientes de sus necesidades y cuidan de sí mismos para compartir con el otro su mejor versión. No se adivina, ni se supone nada”, asegura la coach.

Todas las corrientes modernas exhortan a las personas a asumir sus nuevos roles y a aceptar los deberes que implica la vida en pareja, desde la consciencia de la transformación de su cotidianidad que, entre otros aspectos, les coloca en posición de abandonar algunas libertades personales y hacer ajustes desinteresados.

Llegado a este punto, cabe preguntarse si quien decidió incorporar la amistad a la celebración lo hizo con la idea de llamar la atención de los enamorados, en cuanto al porcentaje de amistad que debe haber entre las parejas, por aquello de que “cuando se encuentra un amigo, se encuentra un tesoro”.

Hoy parece imposible no celebrar con pareja y amigos el día del amor y la amistad por sencilla que sea la muestra de afecto. Un chocolate, dedicar una canción o entregar una flor este día, potencian su valor y el efecto que causa en quien es objeto del gesto; puede llegar a aliviar tristezas o penas profundas.

En todo caso, y más allá de las cifras y las mediciones de lo que más se obsequia o cuánto dinero gastan las personas este día, seguramente la buena vibra consecuencia de tanta gente con las endorfinas a mil, debe poder medirse y quizá, desde afuera de la tierra, pueda verse algún brillo particular. 

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