El objetivo de Buscadores de Libros, organizadora de la actividad, es fomentar la identidad, el sentido de pertenencia y el amor por la ciudad, conociendo las vivencias de su construcción en la voz de personajes claves.
     

Don, un título honorífico

El bonus track de la jornada fue cortesía de Simón Yegres, quien intervino para pedirle a Don Pedro que aclarara el origen de su título, pues parece nobiliario. Yegres explicó que ha revisado los registros de la ciudad y está prácticamente seguro de que el único personaje que recibe el trato de Don, es Pedro Acosta.

El aludido aclaró que la cosa fue así: “Eso viene por el lado de (Leopoldo) Villalobos, porque en su inteligencia, sagacidad y sabiduría, era un gran echador de broma. Era especial para poner sobrenombres, no mascaba, era una maravilla para eso”. Agregó que le dicen Don desde los 35 años, entonces, su título es “definitivamente honorífico”.

Con la fuerza y vivacidad que la caracterizan, Mariela Mendoza, fundadora de Buscadores de Libros, dio la bienvenida a quienes se reunieron el sábado con motivo de su último proyecto: Para fijar el rostro de nuestra ciudad, un seriado de encuentros que durante cinco sábados se realizarán de 4:00 a 6:00 de la tarde, en la sede de Buscadores de Libros en el Centro Comercial Zulia en Puerto Ordaz.

Con este ciclo de charlas inician el año en el que celebra su décimo aniversario de actividad social ininterrumpida, con Mariela más convencida que nunca de la necesidad que tiene Puerto Ordaz de que “seamos más intelectuales para amar lo que tenemos”.

Entonces, junto a Francisco Arévalo -quien se unió a su iniciativa desde 2019- planifica y realiza actividades con la intención de consolidar “un espacio de gestión y confluencia cultural independiente y creativa, para mantener la magia del arte y de la cultura, una por transgresora y la otra por diversa”.

Los organizadores aseguran que Para fijar el rostro de nuestra ciudad, surge con la idea de compartir anécdotas, vivencias, historias y experiencias de quienes con tesón, esfuerzo y dedicación han entregado lo mejor de sí en el proceso de construcción y desarrollo de Puerto Ordaz.

Los invitados son Pedro Acosta, Alfredo Rivas Lairet, Lourdes de Gago, María Nuria De Cesaris y Simón Yegres, todos protagonistas de diferentes momentos históricos y políticos de la ciudad, que participaron en eventos tan relevantes como la visita del papa Juan Pablo II, la construcción de la sede de la UCAB Guayana o la creación del Plan de Desarrollo Urbano Local de Ciudad Guayana.

Pionero de las relaciones públicas

Pedro Acosta llegó hace 50 años a la ciudad para trabajar como relacionista público en la Orinoco Mining Company. Caraqueño, casado con Graciela Camacho de Acosta, mejor conocida como La Nena, y padre de dos niñas, vivió seis meses en el Hotel Rasil, visitando cada 15 días a su familia en la capital porque todavía no había casas en Puerto Ordaz.

Don Pedro disfrutó una Puerto Ordaz que hoy suena a cuento de hadas. Los carros podían dormir en la calle con las llaves pegadas y no pasaba nada. Limpia, con calles impecables, donde no fallaban ni la luz ni el agua, fue una ciudad de gente trabajadora y disciplinada que respetaba los semáforos y las normas de tránsito. “No había cercas en ninguna casa, era un edén”.

Llegó a Puerto Ordaz cuando tenía 34 años y a sus 80 se siente más guayanés “que cualquier otra cosa”. Recordó que el mayor movimiento comenzó con el desarrollo de todo el plan siderúrgico y luego se mantuvo con la creación de la Corporación Venezolana de Guayana, institución con la que la Orinoco trabajó y mantuvo relaciones de estrecha colaboración.

“Eso trajo a personas de todas partes de Venezuela y del mundo. Cuando había alemanes, los sábados no se conseguía cerveza y cuando estuvieron los hindúes, no se conseguían verduras, pasaban muchas cosas en esa época, pero vino mucha gente de muy alto nivel, muy bien preparada”, rememoró.

Trabajó diez años con Leopoldo Sucre Figarella y en ese tiempo casi pierde los pies de tanto trajín. Se encargaba de terminar la agenda del ministro cada semana. Rellenaba los espacios que él dejaba libres luego de cuadrar sus gabinetes y reuniones. Todas las noches -a las 7:00- Sucre Figarella comenzaba a atender a personas que venían de otras ciudades y terminaban tarde.

Contó que La Nena le reclamaba la tardanza porque ella y las niñas casi no lo veían, se sentían solas. A raíz de eso, decidió arriesgarse y proponer al ministro comenzar las reuniones un poco más temprano, a las 3:00 de la tarde.

Ante su petición, Sucre se agarró la cabeza y le dijo: “Ay, Pedro, esa gente que atiendo a las 7:00 de la noche se tiene que quedar y tiene que pagar hotel, carros, comida, aviones, pasajes, ese es un realero que le entra a la ciudad”, recuerda. “Él era así, muy vivo y una mula para trabajar”, contó.

Entre tanto trabajo, le tocó recibir y atender las visitas de la reina Beatriz y el entonces príncipe Naruhito, el último emperador del mundo, “porque el ministro Sucre no le paraba mucho a eso”.

La vivencia familiar que compartió divertido fue de la primera Navidad que pasó La Nena en Puerto Ordaz. “Quería hacer hallacas y andaba como loca buscando pabilo y no conseguía por ningún lado, hasta que en la chalana en San Félix se consiguió con un guardia nacional que le dijo señora, pida hilo de alpargata porque si no, no lo va a conseguir jamás”.

 
Nirvia Hennig, también protagonista de la historia de Puerto Ordaz desde Sidor y como fundadora de la UCAB Guayana, asistió al encuentro | Fotos cortesía Oscariny Hennig
 


Desde su experiencia, considera como momentos determinantes para la ciudad la gestión de Rafael Alfonzo Ravard que concretó el joint venture con Estados Unidos y el trabajo de Sucre Figarella quien consolidó a Puerto Ordaz como una ciudad abierta.

Considera la llegada de Argenis Gamboa, primer presidente de Sidor, relevante en muchos sentidos, pues entre otras cosas promovió un fuerte movimiento cultural y, como dato curioso -dijo con llaneza- el gobierno del presidente Luis Herrera Campins “no quería a Guayana y le negó recursos para todo”.

Tras bastidores, hizo muchas cosas por la ciudad. Hubo un momento de descenso en las ventas de la siderúrgica y, por recomendación de Sucre Figarella, lo enviaron a Pittsburgh a interceder ante los ejecutivos de la U.S Steel porque “eran los mismos gringos que él conocía de la Orinoco Mining”.

Durante un año vivió en norteamérica con la familia. “Se logró elevar el nivel de las ventas, se pudo embarcar más mineral para los Estados Unidos y se consiguieron mejores condiciones”.

Regresó a Guayana y continuó trabajando. Contó que en los primeros tiempos del ministro Sucre este quería hacer el Museo Soto en Ciudad Guayana, donde está la Plaza del Hierro en Alta Vista. La galería quedaría bajo la plaza, pero por falta de presupuesto no se logró y solo quedó la plaza.

“Había muchos proyectos… Hay proyectos, esos todavía están en CVG. También se habló de hacer una concha acústica detrás del molino del Parque La Navidad y una sala de arte en el Parque La Fundación”.

Cuando llegó el general Francisco Rangel Gómez a la Corporación Venezolana de Guayana, Don Pedro pidió la jubilación, pero aclaró que no fue por razones políticas. “Me dijo, pero ¿por qué te vas a jubilar?, ayúdame”.

Trabajó cuatro años con él y muy bien, dice. “Después que sale Rangel la corporación se fue a pique, ninguno de los presidentes que nombraron, ninguno de los 14 que vinieron después pudo ni siquiera vender un huevo y todavía sigue igual, es un cascarón vacío”.

Aunque llegó asustado a Puerto Ordaz, porque no tenía claro con qué se encontraría, agradece el apoyo de “mucha gente buena, venezolanos excepcionales. Todos sabían hasta dónde podían llegar, se respetaban los espacios y los procesos, eso fue muy bueno para todos. Yo sabía a quién pedirle cosas en Sidor y no había eso de ser amigo del presidente de la empresa o de uno o de otro para saltarse pasos”.

Se jubiló al salir Rangel y dijo que luego se dedicó a vegetar en su casa, a oír música, a ver televisión, a leer un poco y, con la misma sencillez y tranquilidad con la que llevó toda la conversa dijo, en tono de colorín-colorado: “esa es más o menos la historia de mi vida, de la cual estoy muy complacido”.

Dos horas apenas alcanzan para recorrer 50 años de trayectoria. La actividad cerró con una idea común: traer a los jóvenes a las próximas charlas, invitarlos a conocer la rica y relevante historia de su ciudad para comenzar a fijar en su memoria y corazón el legado cultural que durante 22 años se han esforzado en desdibujar.

Reconocimiento a La Nena Acosta

La participación de Pedro Acosta en Para fijar el rostro de nuestra ciudad, fue oportuna para recordar a La Nena Acosta, su difunta esposa, quien es considerada la primera cultora seria que tuvo Ciudad Guayana. “Gracias a su gestión, Puerto Ordaz llegó a ser una ciudad de consumo cultural del primer mundo”, afirmó Francisco Arévalo.

Aunque llegó decidida a convencer a su marido de quedarse solo dos años en Puerto Ordaz, Graciela Camacho de Acosta acompañó a Don Pedro hasta el día en que falleció en la ciudad que los acogió, les permitió trabajar y tener una vida dedicada a lo que ambos disfrutaban: las relaciones humanas.

“Afortunadamente -dijo Don Pedro- empezó a meterse en las cosas de la ciudad y se le olvidaron los dos años”. La Nena cada vez que tenía oportunidad decía en público y en privado que una ciudad sin cultura, en el futuro se convertiría en una aberración. Fue fiel y coherente siempre a este principio.

 
Mariela Mendoza y Francisco Arévalo abrieron el 2020 con el primer ciclo de charlas que busca “mantener la magia del arte y de la cultura, una por transgresora y la otra por diversa”
 


Primero trabajó en la Casa de la Cultura en San Félix con Juan Pagés. Con Argenis Gamboa frente a la Corporación Venezolana de Guayana, se creó la Fundación Desarrollo y Cultura (Fundec), para todo el estado Bolívar y el territorio federal Delta Amacuro y, a partir de ese momento, comenzó un gran movimiento cultural con presupuesto propio al que aportaban las empresas.

Desde el principio, La Nena formó parte de esa movida cultural promovida desde CVG. Luego, la Siderúrgica del Orinoco autorizó la creación de la Sala de Arte Sidor, que se convirtió en el palacio de artes de la naciente ciudad. Fue su directora durante 18 años.

Artistas plásticos, músicos, festivales de teatro nacionales e internacionales, artistas venezolanos y extranjeros expusieron sus obras; jazzistas y agrupaciones internacionales como el Teatro Negro de Praga visitaron la ciudad, gracias a su empeño de ofrecer a los habitantes de Puerto Ordaz la oportunidad de disfrutar la cultura. “Primero pasaban por aquí y luego iban a Caracas”.

Hoy, su máxima se convierte en crítica y está más vigente que nunca: “Será una gran ciudad si los planificadores recuerdan que una ciudad donde solo se forman técnicos será en un futuro una aberración. Hay que humanizar. Valorar a los humanistas”.

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