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El tiempo revitaliza la voz de Hermann Hesse PDF Imprimir E-mail
Jueves, 09 de Agosto de 2012

Aunque el alemán escribió su obra en la primera mitad del siglo XX, llegó a ser una de las figuras de referencia del movimiento hippie de los años 60 y 70, y desde entonces sus libros Siddhartha y El lobo estepario están entre los más leídos por las generaciones de adolescentes.



Rosa Aranda
Especial DPA / Foto AFP

Berlín.- La fama le llegó tarde y de forma inesperada, pero el éxito del Premio Nobel de Literatura Hermann Hesse (1877-1962), todavía hoy un gran incomprendido, sigue siendo abrumador 50 años después de su muerte por la vigencia y universalidad de sus temas.

Poeta, novelista, crítico literario, pintor y humanista, es aún “desdeñado o mitificado en su patria”, reconoce el semanario alemán Der Spiegel, que dedica su actual edición a quien califica de “perturbador, buscador de sentidos, poeta y anarquista”.

Antibelicista y antinacionalista, ídolo de la contracultura y “el primer ecologista”, según la revista, Hesse habría adoptado con entusiasmo el actual “movimiento de los indignados”.

Lo habría hecho, -afirma la misma publicación-, para defender el que fue su tema por antonomasia, la búsqueda de la identidad personal, y para oponerse a la cultura de masas, el poder del dinero, la pérdida del espíritu.

En 1958, sólo cuatro años antes de la muerte de Hesse, esa misma revista le auguró un futuro negro fuera de las fronteras alemanas, pese a que en 1946 había sido galardonado con el Premio Nobel de Literatura.

Sus títulos han sido traducidos a más de sesenta idiomas, aunque para ello fuera necesario superar varios obstáculos. El lobo estepario, por ejemplo, fue retirado de las librerías estadounidenses por incitar a perversiones sexuales y al abuso de drogas, y en la extinta República Democrática alemana (RDA) fue tachado oficialmente de “antisocial”.

Mucho han cambiado las cosas. Según una reciente encuesta, Hermann Hesse, fallecido un 9 de agosto a los 85 años de edad, es para los alemanes su cuarto escritor más importante, detrás de Thomas Mann, Bertold Brecht y Günter Grass.

Vida tumultuosa
Educado en la más férrea tradición cristiana, atravesó una juventud turbulenta en la que amenazó incluso con el suicidio, se casó tres veces y trabajó como librero y mecánico de relojería, lo intentó todo aunque en realidad tenía claro cuál era su futuro.

“Quiero ser escritor o nada”, escribió a los 13 años, sólo tres después de haber dado forma a su primer cuento.

En 1898, publicó su primer libro de poemas, Canciones románticas, y meses más tarde, Una hora después de la medianoche. Ambos fracasaron y fueron pocos, como el poeta alemán Rainer Maria Rilke, los que detectaron su inusual talento.

En 1904 llegó Peter Camenzind (1904), un libro con el que inició su larga serie de novelas de formación (Bildungsroman), en el que manifestaba su oposición a la creciente industrialización y urbanización de la vida.

A principios de siglo visitó Italia y poco después emprendió un viaje a la India en busca de sus raíces. Allí encontró la inspiración espiritual y religiosa que necesitaba para cambiar de estilo. Pero muchos de los rasgos iniciales permanecieron en toda su obra y volvieron a sentirse con fuerza en obras cumbre como El lobo estepario (1927) o Demian (1919).

Thomas Mann ya lo advirtió entonces. Libros como Demian tenían un “efecto electrizante” por la claridad con la que describían la grandes preguntas del ser humano.

Además de las novelas existencialistas, Hesse destacó también por su obra espiritual, con Siddharta (1922) como máximo exponente. Aquel trabajo proporcionaba una “medicina más eficaz que el Nuevo Testamento”, según el novelista estadounidense Henry Miller.

Inspirador de los pacifistas
Hesse ya era en esa década un referente moral, un abanderado de la lucha de los jóvenes contra las inamovibles estructuras y un defensor de los valores espirituales. Pero su verdadera fama sería póstuma, se haría esperar hasta el fin de la Segunda Guerra Mundial (1939-45), en un momento en el que los jóvenes necesitaban más que nunca reorientación moral y espiritual.

La devoción por Hesse apareció a finales de los años 60, inesperadamente en Estados Unidos, con la guerra de Vietnam. Los jóvenes pacifistas vieron en el escritor un hombre sincero y austero que se había opuesto hasta el final al belicismo y había defendido con garras la identidad personal y los valores humanos en una Europa teñida de sangre.

Y es que Hesse no llegó a luchar en la Primera Guerra Mundial (1914-18) al no ser declarado apto para el combate. Fue enviado a Berna como responsable de la librería de los prisioneros de guerra alemanes.

Y con el ascenso de Adolf Hitler al poder (1933), se opuso como pudo a la temida evolución de Alemania defendiendo a los autores judíos y opositores. Pero ya nadie se atrevía a publicar sus artículos. Desde 1937 su obra sólo podía adquirirse clandestinamente.

De aquella época quedó la novela El juego de los abalorios, impresa en 1943 en Suiza y por la que en buena parte, recibió el Nobel de Literatura.

Tras la guerra, Hesse prefirió callar. Se dedicó sobre todo a pintar, a escribir algunos relatos y poemas, pero sobre todo a responder cartas... A todos, admiradores, artistas, jóvenes talentos, soldados o adolescentes, les daba el mismo consejo, fiel a sus principios: “escúchese a usted mismo, no siga ningún programa”.

 






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