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Director: David Natera Febres Ciudad Guayana, Domingo 19 de Mayo de 2013
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“La fe implica un compromiso no sólo individual, sino social” PDF Imprimir E-mail
Domingo, 27 de Mayo de 2012

El obispo de Ciudad Guayana Mariano Parra Sandoval habla de su afición por el cine cómico, los “reguetones bonitos”, sus caminatas por la mañana, las visitas a las parroquias y sobre todo su convicción en Dios como motor de vida. “Yo no podría alcanzar nunca la realización como persona, o la felicidad verdadera, si no tengo la presencia de Dios en mi vida”.

Natalie García
Foto William Urdaneta

A7MonsenorNació en 1947 en el Saladillo de Maracaibo al lado de la Basílica de la Virgen de la Chiquinquirá, en el seno de una familia religiosa. Su papá era médico y su mamá, ama de casa. Uno de sus tíos paternos, monseñor Mariano Parra León, fue obispo de Cumaná más de 20 años y él inspirado por la vocación de servir hizo sus votos. Hoy es el pastor que cuida la grey guayacitana

Sus primeros estudios fueron en el Seminario de Maracaibo, de allí partió a Caracas para cursar dos años de teología y dos de filosofía. Tras una crisis conciliar Mariano Parra Sandoval fue mandado a Estados Unidos, a la ciudad de Rochester en New York, a estudiar y de allí regresó a Cumaná, donde estuvo 20 años.

En el estado Sucre fue párroco de varias iglesias, fue rector del Seminario de Cumaná y rector fundador del Seminario Mayor de esa misma ciudad. Tras dos décadas en la región costera partió tres años a Caracas, donde estuvo en la Conferencia Episcopal.

Durante ese tiempo estuvo al frente del departamento de vocaciones del ministerio católico y luego fue subsecretario de la Conferencia Episcopal un cargo con connotación nacional.

Cuando pensó que iba a regresar a su Cumaná querida, el papa Juan Pablo II lo nombró obispo en Apure, y es así como llega a ese estado llanero donde reconoce haber visto muchas necesidades materiales y espirituales.

“Fueron siete años fregados, pero bonitos. Fregados porque fueron años fuertes, una diócesis muy necesitada, con muchos valores espirituales, pero con muchas necesidades tanto materiales como espirituales”.

Resalta monseñor que las carencias llegaban a tal extremo que él mismo tuvo que involucrarse en las luchas regionales apureñas. “Me tocó pelear hasta desde el punto de lo material, porque era un estado muy necesitado”.

Añade que “aquella frase de Doña Bárbara la barbarie se tragó a la civilización se hubiese cumplido perfectamente. Recuerdo que intervine en los medios de comunicación social pidiendo justicia para un pueblo que prácticamente estaba abandonado por el Estado e inclusive estuvo abandonado por la Iglesia”.

Nuevamente cuando Mariano Parra Sandoval había hecho planes en Apure, y pensaba que allí descansaría hasta el final, le avisaron su designación como Obispo de Ciudad Guayana. Es así como el 31 de agosto de 2001 llegó a una urbe totalmente distinta a lo que había visto en su trayectoria religiosa en Venezuela.

A juicio de monseñor, Guayana tiene una de las diócesis más motivadas y vivas del país, en la cual tanto religiosos como laicos están compenetrados con su trabajo.

- ¿A su paso por esos pueblos abandonados y en situación extrema, alguna vez se preguntó dónde está Dios?
- No. Al contrario. Me he encontrado a Dios en muchísimas partes. En mi vida me han pasado cosas que digo ‘Dios tú tienes que estar presente para que me sucedieran estas cosas’.

Muchas veces lo he encontrado en personas; Dios se me ha revelado a través de acontecimientos. Una vez trabajando en Sucre tuve un problema, yo trabajaba mucho con la juventud y viniendo de una convivencia con muchachos hubo un accidente de tránsito con uno de los carros que traíamos.

Confieso que me desesperé un poco, y no dije “¿dónde está Dios?”, sino “¿por qué me pasa a mí esto si estoy tratando de ayudar a los jóvenes?”. Y uno de los jóvenes heridos me supo decir una frase que me impresionó, “mire, padre, eso que pasó lo hizo Dios para que tuviera una experiencia muy viva de la presencia de Cristo en mi vida. Cuando nos volcamos, en mi mente sólo tenía presente a Dios y que no me iba a pasar nada”.

- ¿Cómo se siente el haber crecido en una familia religiosa?
- Bien. Tengo cuatro hermanos, yo soy el mayor. Gracias a Dios y la Virgen, los cinco nos hemos mantenido en ese espíritu religioso; mi hermano menor estuvo a punto de hacerse sacerdote, pero no era su misión.

Recuerdo que mamá y yo le dijimos muchas veces “no tienes obligación de…” si Dios te llama: pa’ lante, pero Dios no lo quiso así y ahora está casado, con una buena muchacha. Los dos son profesores universitarios.

Mis dos hermanas viven en Maracaibo, son profesionales. Son mujeres de mucha fe. Ellas ya tienen nietos. Pero bien… ésa es la familia. Yo le doy gracias a Dios por la familia que tuve, con todos sus defectos. No todo es color de rosa, ha habido dificultades.

Yo siempre me acuerdo de las Escrituras, pues si en la ascendencia de María y José hubo de todo hasta prostitutas, que en la familia de uno haya alguna cosa no tiene nada. Somos pecadores todos.

- En sus misas casi siempre habla de que la sociedad actual esconde a Dios, ¿por qué lo cree así?
- Esta sociedad es materialista, y no me refiero a nada político, sino que tanto las dos grandes ideologías en el mundo el neoliberalismo y el marxismo más que el socialismo, no les interesa que Dios exista.

El marxismo negó la presencia de Dios, hablaron del opio del pueblo y esas cosas. Pero el capitalismo, el neoliberalismo de una manera sutil lo relega, hace creerle a la gente que Dios no es necesario para ser persona. Que simplemente con tener los bienes materiales tienes garantizada tu realización y felicidad, y eso se piensa mucho.

Luego también tenemos el otro hecho y es la idea que da el materialismo en general que pone a Dios como algo muy individual, muy egocéntrico, Dios y tú, tú y Dios, sin intermediación y reserva la fe al ámbito personal y no social.

En la medida que un cristiano se involucra en lo social, le caen encima, le dicen que no es su problema. A esta sociedad le interesa que sólo reserves a Dios para momentos difíciles. Estás apurada, tienes un problema: recurres a Dios, lo sacas del baúl de los recuerdos, le pides y si no te ayuda, porque no te convenía, lo vuelves a meter en el baúl en los recuerdos. A ninguna ideología le conviene Dios, porque les estorba.

- ¿Qué hacer frente a esta situación?
- Esa ha sido la lucha continua, no de la Iglesia, sino entre Dios y el demonio. Hay que seguir luchando, para los católicos entender que la fe implica un compromiso no sólo individual, sino social. Involucra toda la vida, e involucra toda mi vida, no sólo como religioso, sino como humano.

Yo no podría alcanzar nunca la realización como persona, o la felicidad verdadera si no tengo la presencia de Dios en mi vida. Es falso lo que eso dicen.

“Mis padres me inculcaron muchas cosas bonitas, mi padre era médico, me inculcó el amor al prójimo, el servicio a los demás. Mi papá lo digo con orgullo no fue un médico para ganar dinero sino que amaba su profesión y quería servir a las personas. Eso me enseñó mucho, me inspiró a ese deseo de servir a todos sin excepción”.

- ¿Cuál es su rutina diaria?
- Normalmente me levanto a las 6:00 de la mañana, tengo tiempo que no lo hago, pero usualmente voy a caminar a la Llovizna, por la urbanización, en muchas partes. Simplemente caminar no trotar.

Después de eso regreso a mi casa a bañarme y lógicamente luego viene la oración. Lo hacemos los sacerdotes, pero deberíamos hacerlo todos, yo lo digo mucho a veces hay gente que empieza a buscar qué dice el horóscopo, qué dice el signo, antes que rezar.

Yo rezo de media hora a tres cuartos de hora, porque como le digo a Dios, “este negocio es suyo y yo soy el administrador”, entonces él me tiene que dar las órdenes para saber cómo lo voy a llevar.

Después desayuno, vengo a la oficina y trabajo de 9:00 a 12:30. Almuerzo, rezo un rato, y me vengo a la oficina (a la curia) a trabajar todo lo que no he hecho en la mañana.

A las 6:00 de la tarde me voy a mi casa, ceno y me gusta leer libros de toda índole. Bueno en la mañana veo noticias, y ahora con la tecnología hasta en el celular, así que a veces me entero de lo que pasa con el teléfono o por la radio.

Eso es un día normal, pero hay semanas especiales como las semanas de visitas pastorales en las que me mudo a la parroquia, hago misa allá, duermo allá. Convivo con el párroco para ver cómo está y conocer sus problemas, cómo les va. Visito escuelas, centros de salud, comparto con las personas, es toda una semana de compartir. Esas visitas me encantan.

- ¿Con quién se confiesa el obispo?
- Normalmente uno tiene un sacerdote de aquí de la diócesis, tengo que buscar uno, porque me lo cambiaron. Usualmente uno busca alguien de experiencia con quien uno se confiese y pueda conversar problemas de índole personal y espiritual, que uno tenga y la persona lo oriente a resolver esa problemática.

Porque los obispos, cuando nos confesamos no estamos exentos de problemas, de dificultades espirituales y tentaciones. Hasta el último día hay tentaciones, porque el demonio nunca deja de tentar, y cada día lo hace con mayor sutileza.

- ¿Cuál es su parte favorita de la Biblia?
- Los cuatro evangelios me gustan. Me gustan muchos episodios, la parábola del hijo pródigo, me gusta también la frase ‘no vine a ser servido sino a servir’, para mí es muy bella, tanto es así que los obispos tenemos que hacer un escudo y ponerle un lema, y esa frase es el lema de mi escudo.

Me parece que servir es lo que vine a hacer, además se relaciona con lo que más aprendí de mi padre, el atender a los más necesitados.

- ¿Tiene alguna afición o alguna distracción?
- Me gusta la música, casi toda la música menos el rock metálico ese... Hay hasta reguetones bonitos, pero esa música de rock ácida no, me pone ácida la vida.

Me gusta todo, desde la música popular venezolana hasta la música clásica. En mi casa tengo un reproductor y pongo música de todo tipo. Me gusta mucho al igual que el cine, pero ir al cine me cuesta mucho. Pero no les extrañe que me hayan visto en el Orinokia en el cine, yo voy sobre todo cuando sé que hay una película buena.

- ¿Cuáles películas son sus preferidas?
- El abogado del diablo, Lo que el viento se llevó que es viejísima, un clásico. Me gustan mucho las películas cómicas. Yo no voy al cine a sufrir, voy a disfrutar.

Otra que me gustó mucho es La novicia rebelde. Me gustan mucho las películas policiacas de misterio, no las de vampiros. Las de ciencia ficción no me gustan.

Me encantan las comiquitas (risas), Rio, los pingüinos esos (Happy Feet), me encantan, pero como digo yo: uno que tiene problemas no va ir al cine a saber de más problemas, a complicarse más la vida, a llorar… No chico yo voy a distraerme y procuro que sean así cómicas, mientras más cómicas mejor me desahogo más.

 






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