Sábado, 24 Septiembre 2016 00:00

Crónica de un atraco: “no sabía qué iban a hacer con nosotros y me lancé del autobús”

 
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Además de lidiar con los atracos, los pasajeros deben afrontar ahora el temor de que el bus en el que viaja pueda ser secuestrado Además de lidiar con los atracos, los pasajeros deben afrontar ahora el temor de que el bus en el que viaja pueda ser secuestrado Archivo

Este viernes por la noche una unidad de transporte público fue secuestrada por tres atracadores armados, a la altura del hipermercado Makro. Una víctima cuenta la historia del suceso que no fue reseñado por autoridades policiales.

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El transporte público es, para una gran mayoría de la población venezolana, la única forma de traslado urbano. En Ciudad Guayana, las colas para abordar una unidad pueden extenderse hasta por una hora, tanto por falta de unidades como por aumento de pasajeros.

Según la asociación civil mexicana Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y Justicia Penal, Caroní ocupa el puesto número 11 de las 20 ciudades más peligrosas del mundo. El transporte público es uno de los blancos principales de un hampa que se mueve a sus anchas por el fracaso de los planes de seguridad del Estado.

Así es como se ara el camino a sucesos dignos de una película de acción: este viernes 23 de septiembre, hacia las 7:00 de la noche, una mujer se lanzó por la ventana de una unidad de la ruta Alta Vista-Unare-Sierra Parima, cuando escuchó “esto es un atraco”.

Por motivos de seguridad, la declarante prefirió no revelar su nombre, por lo que adoptó el seudónimo de Mariana. Eran las 7:00 de la noche y abordó la unidad en la parada del CC Orinokia, frente a la plaza Monumento a la CVG. Se decidió por esta, pues el conductor cobraba solo 100 bolívares. La de más adelante, pedía 200… y el pasaje cuesta, legalmente, 50 bolívares.

En la parada no había ni fiscales del Instituto Municipal de Tránsito Terrestre (Imttv) ni funcionarios policiales. Hay que pagar el sobreprecio del boleto y punto. Mariana portaba sus objetos personales, teléfono celular y una mercancía de maquillaje valorada en 95 mil bolívares. Ingresó y tomó, como de costumbre, un puesto en la ventana. El bus arrancó por la avenida Guayana.

“¡Esto es un atraco!” escuchó cuando iban por la última entrada del CC Orinokia. Sintió un escalofrío. “No fue tanto por el atraco, sino porque el tipo abrazó al conductor y le dijo ‘métete por ahí’” para que se desviara hacia la vía Caracas, que conduce hacia el cementerio Jardines del Orinoco.

Esa calle, como otras tantas de Ciudad Guayana, está totalmente a oscuras. “Mi preocupación era qué iban a hacer con nosotros, no les basta con robarnos si no que tienen que desviar el autobús hacia un sitio tan solo ¿Para qué?... empecé a abrir la ventana”.

Desesperación

El secuestro de unidades no es nuevo. En junio de 2015, un grupo de transportistas protestó frente el CC Ciudad Alta Vista I, para rechazar el rapto de la unidad de Estálides Ortiz, quien fue atracado y abandonado con todos sus pasajeros en el balneario Mi Bohío, del río Caroní.

Mariana se sintió desamparada. “No puedes hacer nada, no hay policías cerca y si los hubiera ¿Cómo les dices que están secuestrando el autobús?... yo lancé mi cartera por la ventana y, como el autobús iba lento, me lancé yo también”.

Este es el segundo caso similar en menos de un mes en Ciudad Guayana. El 31 de agosto, Del Valle Farmún, de 21 años, se lanzó de una unidad Encava que iba secuestrada por atracadores, a la altura del puente Caroní. En esa oportunidad, ni la Policía del Estado Bolívar (PEB) o la Policía Municipal de Caroní (PMC) dio con el suceso, pero Farmún quedó en terapia intensiva en Guaiparo.

Asistencia

Alguien intentó impedir que se lanzara y la haló por la camisa. Los pocos segundos que Mariana estuvo suspendida en el aire por la ventana del autobús la hicieron entrar en razón. “¿Qué hice?” se preguntó. Pero luego, ya sin camisa, solo en sostén, cayó al asfalto a la altura de la entrada del hipermercado Makro.

Llena de adrenalina pudo correr a localizar su cartera y pedir ayuda. Rápidamente llegaron funcionarios policiales que no supo identificar. Estos le ayudaron a ir al hospital Uyapar y revisarle la herida de la cabeza. Mariana no supo del paradero de la unidad.

Se consultó con la PMC, con el servicio de emergencias 171, y con los centros de coordinación policial (CCP) Los Olivos y Unare de la PEB, pero ninguna institución tenía reporte del siniestro de Mariana o del robo y secuestro del bus.

A las 8:00 de la noche, Mariana estaba en el único hospital de Puerto Ordaz esperando ser atendida en la unidad de traumatología, donde confirmó la crisis sanitaria de Venezuela: le cosieron dos puntos en la parte inferior izquierda de la cabeza sin anestesia. No había el fármaco, ni siquiera para el tiroteado que estaba a su lado, que gritaba por recibir atención sin el adormecimiento necesario.

 

BARRA5

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“No tenían gasa. La doctora tenía un poquito guardada y recibieron ayuda de pediatría. Fue horrible ver cómo trabajan con las uñas”, relató. Hacia las 11:30 de la noche regresó a casa. Toda la espalda, rodillas y manos están raspadas con quemaduras por fricción. Aunque no amerita reposo según lo que arrojó la placa de su cráneo, Mariana se quedará en casa los próximos días.

Déficit de los cuerpos de seguridad

Funcionarios de la PMC indicaron que los robos a las unidades de transporte público son frecuentes, sobre todo las que cubren la ruta Alta Vista – Vista al Sol, que son atracados por antisociales de Campo Rojo.

“El problema es que nosotros no tenemos suficientes unidades”, dijo el oficial que resguardó su identidad. Solo en San Félix hay tres patrullas disponibles. En Puerto Ordaz, cuatro. Un importante número de vehículos, que no supo cuantificar, está parado por cauchos. Ello les impide patrullar o llegar a los sucesos.

Lo mismo ocurre con el Imttv Caroní, aquejado también por la precaria dotación a sus fiscales de tránsito, que incluso estuvieron de paro los primeros seis meses del año.

Mariana no tiene otra opción para trasladarse. Un transporte privado es costoso. Los taxis también. Irse caminando es una alternativa que, debido a la oscuridad de las calles, no puede tomar todos los días. Cuando pase el susto, tomará el transporte público otra vez aunque, asegura, no volverá a lanzarse de la ventana nunca más. “Será confiar en la buena voluntad de los malandros”.

 

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