Miércoles, 12 Febrero 2014 00:00

Juventud a prueba: la historia y su eterno retorno

 

Larga vida al legado de Nietzsche. La historia, una vez más, cumple el curso inexorable hacia el Eterno Retorno. Hace 200 años la voluntad emancipadora de un grupo de jóvenes se sumó a las tropas de José Félix Ribas para defender a La Victoria de las acechanzas del “Urogallo”… y ahí lo consiguieron. Ahora, dos siglos después de aquella gesta, otro grupo de jóvenes, de los que creen que Venezuela puede enrumbarse hacia un destino mejor, manifiestan en las calles de Venezuela contra el gobierno al que repudian por una lista de infinitos etcéteras.

La juventud de Caracas, Táchira, Mérida, Valencia y otras tantas ciudades conmemoraron la gesta al calor de las calles. Con el grito de protesta a flor de verbo. Así mismo lo hizo Ciudad Guayana, en una movilización donde los protagonistas fueron los jóvenes universitarios.

Si algo debe destacarse del capítulo guayanés fue la alta participación de los jóvenes. Los partidos políticos, aunque al acecho, no pudieron apoderarse para hacerse con el rédito. Pudo más la espontaneidad de la juventud, su voluntad de manifestarse y su determinación que aquellos que trataban de asomar colores políticos.

Esa voluntad fue la que marcó el poder de convocatoria y la contundencia de la actividad pero, como diría el maestro Manuel García Pelayo, la voluntad sedienta de razón no siempre lleva a feliz puerto. Por fortuna la desgracia no sonrió de este lado del mapa, más bien pueden señalarse algunos elementos que desdibujan el sentido de la actividad.

Fervor de juventud

La falta de organización es uno de ellos. La protesta estudiantil, distinguida siempre por su cohesión organizativa, tuvo un punto de inflexión en esta oportunidad. Disyuntivas entre “concentración o marcha”, la división del grupo en dos grandes falanges, dos marchas improvisadas y sin destino cierto, y la ausencia de una agenda clara por parte de los estudiantes, sumieron la acción de calle en un limbo que mutaba al paso del segundero. Primero se habló de concentración; ya en la tarde era una marcha hasta los tribunales.

Si bien es cierto que es difícil controlar la espontaneidad de la masa, también es cierto que un mínimo de direccionalidad y organización se hubiese traducido en mayor contundencia. Hubiese servido, por ejemplo, para cohesionar fuerzas entre los estudiantes y grupos que ese día manifestaron por el derecho a la vida en una de las ciudades más violentas de América Latina.

La falta de claridad en los objetivos también estuvo presente. Una gama de finalidades que iban desde una mejor educación, cárcel para el gobernador Francisco Rangel Gómez por “robarnos en nuestras narices”, hasta “la salida” del Presidente de la República fueron algunas de las motivaciones que se esgrimieron en la marcha. No hubo un sentido definido. Ni mucho menos una proyección para futuras acciones. Esta vez se protestó en sentido abstracto.

La protesta como símbolo

Esta observación tiene su punto de indulgencia, pues debe entenderse que la manifestación también tuvo un sentido de crítica general contra el gobierno, como conmemoración de una fecha patria que los jóvenes protagonizan por su simbolismo. Aun así, una protesta sin direccionalidad ni objetivos claros puede generar desviaciones en la masa. Si no que lo digan los caídos de Caracas.

Pero a pesar de ello, lo que quedó demostrado en esta jornada fue la gallardía, la determinación y la voluntad de los estudiantes de Ciudad Guayana. Una camada que apostó por la paz y que segregó los mínimos focos internos decantados por la anarquía. Una cohorte laureada por su poder de convocatoria, granjeado por la credibilidad que solo a ellos los reviste. Esta vez se impuso el brío de la juventud estudiantil.

Pero no todo está logrado. La efervescencia de la calle sin objetivos claros difícilmente puede alcanzar una meta. ¿Serán los estudiantes de Guayana capaces de mantener su determinación para protestar en otras ocasiones distintas del 12-F? ¿Saldrán a la calle para protestar contra la inseguridad como lo hicieron una vez por un presupuesto universitario justo? ¿Saldrán a exigir papel para los periódicos, amén de su derecho a la libertad de expresión? Y más aún ¿serán capaces de enarbolar una nueva gesta contra un poder al que contrarían? La juventud vuelve a estar a prueba. La historia, al igual que hace 200 años, se vuelve a repetir. Larga vida al legado de Nietzsche.

Modificado por última vez en Miércoles, 11 Febrero 2015 22:41

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