Domingo, 07 Diciembre 2014 00:00

“Seremos la próxima generación que va a gobernar a este país”

 
Ligia estuvo dos meses separada de su familia Ligia estuvo dos meses separada de su familia Fotos William Urdaneta / Archivo

En el sosiego de los días duros, con el amainar de las aguas que no dejan de ser bravas, la dirigente estudiantil Ligia Delfín mira con satisfacción la lucha política que emprendió desde el pasado 12 de febrero, junto con otros de sus compañeros, ciudadanía en general, y una parte del país que se sumó a la causa.

Reconoce el calvario de la persecución política, las borrascas del sistema de justicia, pero nada que la amilane de sus convicciones para seguir exigiendo un cambio de gobierno. Si algo agradece del vía crucis es que la hizo madurar, y ver con mayor claridad el sentido de una lucha política que, asegura, se mantiene.

Con el testimonio de Ligia, Correo del Caroní estrena la serie Rostros del 12F: el testimonio de los protagonistas de una protesta que marcó el devenir político del país durante el 2014.

Una joven de 25 años de edad, estudiante de Educación Integral en la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), que se considera soñadora, competitiva, perspicaz, y que la crisis económica y social por la que atraviesa el país la hizo madurar tras pasar por una lucha contra el actual Gobierno que implicó represiones, persecuciones y hasta le costó la libertad.


Delfín asegura que sus sueños y metas no han cambiado. Asegura que los momentos difíciles durante las manifestaciones le sirvieron de aprendizaje, para ahora asumir con mayor madurez una nueva etapa de la protesta por esa mejor Venezuela que sueña.

Se trata de Ligia Delfin, una de las dirigentes estudiantiles que participó activamente en las protestas de calle en Guayana que iniciaron el 12 de febrero de este año.

Como el resto del movimiento estudiantil y demás jóvenes que protagonizaron una de las más grandes manifestaciones que se hayan dado en Ciudad Guayana -sin que esta vez se tratase de una protesta sindical-  Ligia reclamaba seguridad social, acabar con la escasez, mejores oportunidades de empleo, de estudio… en resumen, un cambio de Gobierno.

“Los estudiantes salimos el 12 de febrero haciendo un llamado a la colectividad a que alzara la voz, y de ese grito desesperado surgieron muchísimas vértices; no solo gritos de desesperanza, de fuerza, protestaban estudiantes, madres, tanto así que la decisión de permanecer en la plaza (Monumento CVG en Alta Vista) fue espontánea. Se nos salió de las manos, en el sentido que jamás pensamos que íbamos a tener ese nivel de apoyo”, recuerda.

Aunque reiteraban el llamado pacífico en cada una de las manifestaciones, la gran tranca generada en las principales calles de Alta Vista terminó con la primera represión efectuada por efectivos de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB).

Fue en la madrugada del 16 de febrero, durante una vigilia en la Plaza Monumento CVG, cuando funcionarios llegaron con tanquetas y, acompañados de patrullas policiales, tras ordenar el desalojo de los manifestantes, las bombas lacrimógenas terminaron replegándolos.

No solo esos manifestantes resultaron agredidos, también los vecinos de los edificios adyacentes, que entre sirenas y olor a gases lacrimógenos despertaron aquella madrugada. Su respuesta fue un enardecimiento de la protesta, que retomó los espacios de la plaza esa misma tarde tras una marcha a la que se sumaron más personas.

“A pesar de ser reprimida la protesta, la gente no respondió con violencia hasta el enfrentamiento con los colectivos y trabajadores de las empresas básicas”, admite Ligia. El hecho se registró el 19 de febrero luego de culminar la famosa “marcha por la paz”, convocada por el gobernador del estado Bolívar, Francisco Rangel Gómez, y el alcalde de Caroní, José Ramón López.

Alta Vista se convirtió en zona de guerra. Bombas lacrimógenas, morteros, molotov y detonaciones de armas de fuego fueron parte del enfrentamiento que dio pie a las primeras detenciones.

A3Audiencia2Ligia y sus compañeros fueron imputados por siete delitos, entre ellos homicidio en grado de frustración

Acusada de homicidio
Ligia fue detenida el 24 de marzo junto con otros cuatro estudiantes. “El 23 de marzo participé en una marcha pacífica desde el Centro Comercial Atlántico hasta el semáforo de Río Negro, y de allí a la urbanización Las Garzas. Hubo un cacerolazo, trancamos una sola vía… luego estaba reunida en casa de mi compañero Manuel Rodríguez porque al día siguiente íbamos a clases después de muchísimo tiempo”, relata la dirigente estudiantil.

Cuenta que fue aproximadamente a las 4:30 de la mañana cuando fueron emboscados por un grupo de civiles no identificados. “Fuimos raptados de la casa de Manuel”, afirma.

“Esta gente le decía a Manuel: ‘¡Ah! ¿Tú no eres chévere?, ¿no eres guarimbero?, ¿no te gusta insultar al alcalde?”, a propósito que tres días antes el joven había tenido un impase con el burgomaestre. “Nos golpearon, nos jalaron del cabello, nos dijeron cosas grotescas. Allí empezó el viacrucis”, rememora.

El retardo procesal que signa la justicia venezolana tuvo un punto de excepción. A las 7:00 de la mañana, hora en que sus padres se enteran de lo ocurrido, sorpresivamente, Ligia Delfín junto con Manuel Rodríguez, Xabier García, Mariannys Mejías y Jonás Días ya estaban siendo procesados en tribunales.

El 25 de marzo debió ser la audiencia de presentación pero fue diferida para el día siguiente hasta horas de la tarde. Desde la mañana, estudiantes y familiares esperaban el veredicto a las afueras del Palacio de Justicia en Puerto Ordaz. Los abogados informaron que el proceso se extendería por 48 horas más, lapso que el tribunal se tomó de reserva para emitir su fallo.

“No sabíamos de qué se nos estaba acusando hasta que nos leen el expediente y dicen: ‘estás acusada de ser autora del delito de homicidio en grado de frustración, más seis cargos más, y los demás son tus cómplices”, narra Ligia aún sorprendida.

“¿De dónde sacaron esa historia? Pudiera entender que me sembraran pruebas pero la historia del homicidio era muy fantasiosa”, acota. Desde la detención de los cinco dirigentes se manejaron diferentes versiones extraoficiales; una de ellas fue la declaración de una presunta víctima que había sido atacada con un mortero.

El supuesto testigo habría dado características físicas que coincidían con tres de los cinco estudiantes, mientras que la Defensa alegaba la siembra de evidencias.

Además del delito de homicidio, se les imputaron los cargos de instigación pública, detentación de artefactos, destrucción de las vías públicas, resistencia a la autoridad, agavillamiento y obstrucción de vías.

Estudiantes, familiares y la sociedad civil esperaban entonces por el veredicto, pautado esta vez para el 28 de marzo, pero inesperadamente, en horas de la tarde del jueves 27 de marzo, se conoció que los estudiantes eran trasladados nuevamente a tribunales, pues la audiencia la habían adelantado.

“Fue más la presión de la gente la que nos liberó… el viernes se había convocado para una gran marcha para esperar nuestra audiencia, y mágicamente la adelantaron. Había una gran cantidad de personas esperándonos afuera, imagínate si la marcha se hubiese dado el viernes”.

A3Liberacion2“Fue más la presión de la gente la que nos liberó”, afirma Delfín

“Intentaron secuestrarme”
La libertad no fue plena. Les fue impuesto un régimen de presentación y la prohibición de salida del estado, y aunque Ligia aseguró que no les prohibieron participar en manifestaciones pacíficas, pudo seguir su lucha hasta que enfrentó una persecución a dirigentes estudiantiles.

Para el 27 de mayo el movimiento estudiantil convocó a una rueda de prensa en la Plaza Monumento CVG, tomada desde el 19 de febrero por la GNB, con la campaña “Trae tus bombas y cartuchos”, actividad que consistía en que los ciudadanos mostraran públicamente los pruebas de la represión militar en la ciudad.

Esa mañana Alta Vista amaneció con un extravagante despliegue militar, justificado por el G/D Luis Arrayago, entonces comandante del CORE 8, como una estrategia para garantizar la paz y evitar la anarquía en el municipio.

La rueda de prensa no se dio. Mientras Ligia y su compañero Samuel Petit esperaban a los medios de comunicación en las instalaciones del Centro Comercial Ciudad Alta Vista II, los intentaron detener arbitrariamente.

“En cadena nacional dijeron que una dirigente estudiantil había hecho un llamado a la violencia, y que era responsable de la quema de autobuses en días anteriores… intentaron secuestrarme, y a Samuel lo intentaron detener funcionarios de la Policía del estado Bolívar, pero ambos logramos escapar”.

Testigos del hecho confirmaron la versión de los estudiantes; los usuarios del centro comercial acusaban a un sujeto vestido de civil, y presuntamente armado, de intentar secuestrar a Ligia. Arrayago, por su parte, mantenía la versión de que a través de las redes sociales, la dirigente hizo un llamado a la violencia, mas no comentó sobre el incidente con ambos estudiantes.

A312F2El 12F cientos de estudiantes y sociedad civil se unieron en una gran marcha como protesta al gobierno de Nicolás Maduro

Separada de su familia
Pese a la medida cautelar, Ligia estuvo dos meses sin presentarse ante los tribunales, justificando su ausencia por razones de salud física y mental y seguridad personal, “pero confiando en que iba a regresar porque al fin y al cabo no soy culpable de nada”.

Esto la llevó a distanciarse aún más de sus seres queridos. “Me separé de mi familia, de mis amigos, de mi lucha y mi región. Ya teníamos tiempo separados de la familia, nos pesaba un poco, pero decíamos que era un sacrifico por el país, y no estar luchando pesa aún más… más cuando ves cómo otros iban cayendo, aunque no protestamos en el mismo ámbito, les reconozco su lucha”.

Considera que los malos momentos que vivió también le sirvieron de aprendizaje y asegura que ha valido la pena. “Nos demostramos a nosotros mismos que no estamos solos. Sí bajó el ritmo de la protesta, pero la lucha se mantiene… nos permitió aprender muchas cosas, ver los errores y prepararnos para la siguiente etapa de las protestas. De aquí nació una nueva generación de líderes… si mi mensaje llegó a una persona, entonces valió la pena. Maduramos y creemos que seremos la próxima generación que va a gobernar a este país”.
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Un antes y un después

Todas las vivencias de Ligia Delfín, como dirigente estudiantil, la hicieron madurar en cuanto a la forma de impulsar sus luchas. Sigue describiéndose como la misma soñadora, perspicaz, ambiciosa, competitiva y decidida.

“Mis sueños no han cambiado. Ahora más madura en cuanto a ser más paciente y más prudente, con un discurso más claro, con más neuronas y menos hormonas, pero los sueños, valores y convicciones son los mismos”.

El tiempo que estuvo separada de su familia, amigos y de su lucha, lo aprovechó para el aprendizaje y alimentación personal. “Estuve leyendo mucho, investigando, pensando, imaginando lo que podía suceder y hoy lo estoy poniendo en práctica”.

Modificado por última vez en Miércoles, 11 Febrero 2015 22:36

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