Domingo, 27 Abril 2014 00:00

“El diálogo debe darse en un contexto realista, no en uno de buenos deseos”

 

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Marcos Carrillo no se anda con rodeos: está claro de que lo que se vive en Venezuela es un enfrentamiento de sectores democráticos contra un gobierno totalitario manejado con los hilos del poder que, desde hace años, se tienden desde La Habana hasta Caracas.

No hay resquicio de vacilación en su postura: “Venezuela vive bajo un estado totalitario”, insiste el abogado; y no se trata de una aseveración azarada de alguien que habla con las vísceras, sino del academicismo propio de quien funge como profesor de pre y posgrado de la UCAB (Universidad Católica Andrés Bello), como jefe de la cátedra de resolución de conflictos de la Escuela de Derecho y jefe del departamento de Filosofía del Derecho de la misma casa de estudios, que identifica claros indicios del totalitarismo en hechos concretos de la realidad venezolana.

“Un Estado que no respeta los Derechos Humanos, que ha abolido de hecho los derechos civiles y políticos, que está planteado para subordinar al ciudadano a los deseos del Estado y no al revés, y que ha acaparado toda la institucionalidad del país a favor del gobierno. Esto conforma el cuadro de un estado totalitario”, explica Carrillo, señalando además que el tutelaje cubano tampoco es un tremendismo de su parte, sino que el propio Gobierno nacional, lejos de negarlo, se ha ufanado de ello con vítores de hermandad y afinidad ideológica.

- Hay quienes dicen que el quid de la conflictividad se debe a la acumulación de un conjunto de demandas de los ciudadanos que no han sido atendidas por el Estado, y que esa frustración devino en las protestas.
- Hay factores de carácter práctico que influyen en el malestar y en las protestas que ha habido, pero se ha pasado por alto decir con claridad que esta es una lucha de carácter político. No es una lucha solo para que haya menos escasez, porque si mañana aparecen todos los productos en los que hay escasez esto no mejoraría; seguiría habiendo los abusos de carácter civil y político. Esto no se circunscribe solamente a un malestar económico, esto tiene su origen en la lucha por la recuperación de las libertades y la democracia.

- ¿Cree que la gente saldría a manifestar por la democracia y las libertades con el mismo ahínco que lo hacen por la situación económica?
- Creo que hay una enorme conciencia por recuperar la democracia, el respeto al estado de derecho y la separación de poderes, de modo que creo que la población insistiría en ese tema. Pero también hay un segundo elemento: que la dirigencia política (opositora) también tiene que enfocarse en esa lucha. Una parte lo ha hecho, pero hay otra que por lo menos no lo ha hecho con toda claridad.

- La solución planteada hasta el momento por esa dirigencia es una mesa de diálogo en la que no ha habido muchos acuerdos.
- Ahí hay que hacer una declaración que es de perogrullo, que es que lo deseable es que todo conflicto se resuelva por la vía del diálogo, pero lamentablemente no siempre se puede. Lo primero que hay que hacer antes de dialogar es entender qué podemos hacer con ese diálogo, entender cuál es el contexto en el que se da ese diálogo y ver qué es lo que cada parte quiere conseguir. ¿Qué es lo que quiere el gobierno en ese proceso de diálogo? Porque no siempre se dialoga o se negocia para lograr acuerdos. Los gobiernos pueden negociar para ganar tiempo, legitimidad, para reagrupar sus fuerzas, con una cantidad de finalidades que no tienen que ver con la consecución de acuerdos. Antes de sentarse a dialogar habría que hacerse esa pregunta, ¿qué es lo que busca el gobierno con el diálogo? ¿Ganar tiempo o buscar consensos?

- ¿Qué cree usted a partir de lo visto hasta ahora?
- Esto no es solo mi opinión, sino que me remito a lo dicho y lo hecho por el gobierno antes y durante este proceso de diálogo. Hay un gobierno que ha dicho que no van a negociar, que el diálogo no implica tranzar sobre el Socialismo del Siglo XXI o el Plan de la Patria, han dicho que no acordarían la Ley de Amnistía y que tampoco habría cambio institucional; y que lo que ha hecho es seguir reprimiendo con mayor fuerza, torturando, con las detenciones ilegales y los presos políticos. Todo esto apunta a que o no habrá acuerdo o no cumplirán los acuerdos a los que lleguen.

- Entonces ¿la mesa de diálogo es el mecanismo eficaz para dirimir este conflicto?
- Yo pienso que antes del diálogo la oposición tiene que fortalecerse mucho más antes de sentarse a dialogar. Y con esto lo que quiero decir es que la oposición tendría que debilitar mucho más al gobierno que de alguna forma sigue fortalecido y que el diálogo lo fortalece. ¿Cómo se fortalece la oposición fuera del diálogo? Uno es la concientización y el lobby internacional, para que los gobiernos y organizaciones de afuera puedan presionar, y por otro lado, una lucha de carácter no violento que sea coordinada, con base en la unidad, y que tenga como fin el retorno de la democracia. De esa forma podrían sentarse el gobierno y la oposición en igualdad de condiciones.

- ¿Es esto posible tomando en consideración la disparidad de fuerzas que supone un “estado totalitario”?
- La lucha no violenta no implica que el gobierno no vaya a usar mecanismos violentos para reprimir. Sin embargo, ello con toda seguridad, y así lo demuestra toda la experiencia comparada, va a generar respuestas violentas por parte del gobierno. Esas respuestas lo que van a hacer es deslegitimarlo aún más frente al resto de la sociedad, de la comunidad internacional, e inclusive dentro del propio gobierno o la Fuerza Armada. Ahí habría un resquebrajamiento que sumaría apoyo a las fuerzas democráticas.

- Esto parece ser lo que se vivió desde el 12 de febrero, pero a pesar de ello el gobierno sigue al frente. ¿sería volver al punto de partida?
- Yo creo que ahí influye la forma de abordar la lucha no violenta. Creo que tiene que haber mucha más unidad y mucha más convicción en la dirigencia política con respecto a la utilidad y la necesidad de este camino en este momento. Si la dirigencia hubiese actuado con mayor unidad, y mayor organización para llevar este movimiento, quizás los efectos hubiesen sido mucho más rápido. Lamentablemente ha habido muchas diferencias de criterios sobre este método en la oposición, y cree que de alguna forma eso ha debilitado un poco el movimiento no violento.

- ¿Qué se puede hacer entonces si el gobierno no cede en el diálogo o incumple los acuerdos?
- Creo que tendríamos que implementar un modelo de lucha no violenta. Se genera una paradoja, que es que este diálogo nos lleve de nuevo a una lucha no violenta, de modo que yo sería partidario de que hubiese más negociación dentro de las fuerzas democráticas antes de negociar con el gobierno, y eso pasa por crear una estrategia coordinada sobre qué hacer antes, durante y después del diálogo.

Replantear la estrategia
Carrillo recalca la importancia de plantear escenarios ulteriores a la negociación, especialmente cuando la contraparte no tiene el mejor historial de cumplir con su palabra. Recuerda al gobierno de la otrora Mesa de Negociación y Acuerdos de abril de 2002, que luego de acordar el respeto a la libertad de expresión, a los medios de comunicación, el desarme de los grupos armados y la independencia de poderes no solo se dedicó a echarlo todo por la borda, sino que recrudeció aún más sus “atropellos” contra las garantías democráticas.

“La oposición no tuvo un plan a desarrollar para ese caso que era evidente que iba a pasar, lo que pasó ahí fue que Chávez salió muy fortalecido al punto de ganar el referendo revocatorio de 2004. Ese diálogo fraudulento, con acuerdos que no tuvieron repercusión en la sociedad, fueron unos de los elementos que le dieron legitimidad a Chávez luego de haberla perdido casi totalmente”, explica el profesor, quien teme la aparición de un escenario similar en caso de que la oposición no plantee nuevas estrategias posteriores a la mesa de diálogo.

- ¿Hay salida al conflicto?
- La salida al conflicto siempre tendría que haberla, yo la veo luego de una enorme presión en la calle a un gobierno que termine necesitando dialogar para entender cuál sería su rol en una transición política. En esas condiciones se daría un proceso de negociación hacia la democracia, en el que sin lugar a dudas habría que abrirle espacios al chavismo dentro del juego democrático, sin que ello implique hacer concesiones sobre la independencia de poderes y el respeto al estado de derecho y la democracia. El mejor escenario que veo es un proceso de diálogo en el que las partes estén sentadas muy distintas a las que están ahorita, con igualdad de condiciones, y no como ahora con un gobierno mucho más fuerte que la oposición.

- ¿Qué se puede prever para el país en el próximo tiempo a partir de lo discutido ahora?
- Estamos viviendo en un estado increíblemente volátil. Sin embargo, declaraciones como las que viene dando el gobierno, sentencias como las que dictó el TSJ apunta al que parecen empecinado en el modelo que han venido desarrollando, para lo cual se necesitaría más unidad y coordinación dentro de la oposición, en la que debe unirse ciudadanía y dirigencia política. La atomización y la disparidad de criterios pueden debilitar a las fuerzas democráticas. Creo que la oposición debe unificarse y fortalecerse dentro de un contexto realista, no en uno de buenos deseos o buenas intenciones.

El diálogo desde el gobierno

El abogado especialista en resolución de conflictos, Marcos Carrillo, identifica la disposición al diálogo y la capacidad de llegar y cumplir acuerdos como características de los gobiernos democráticos, situación que, a su juicio, contrasta con la realidad de los administradores de la cosa pública en el país.

El jefe del departamento de filosofía del Derecho de la UCAB cree que si el gobierno actuase democráticamente hubiese promovido un diálogo real y cumplido con los acuerdos que ahí se establecieran. “La preocupación es que este gobierno, con características de un régimen totalitario, y con influencia de un gobierno como el cubano que tiene 50 años reprimiendo, torturando y persiguiendo a la dirigencia política, imponga esta línea a la visión democrática inclusiva y de respeto a otras ideas”.

Modificado por última vez en Miércoles, 11 Febrero 2015 22:43

Ha pasado un año desde la sentencia de desacato del TSJ y desde entonces todos los actos del Parlamento no han tenido materializac...

“¿Quieren batalla? Vamos a darle, pues. Aceptamos el reto de la derecha fascista. A ver hasta dónde aguantan estos cobardes”, prof...

Larry Devoe, representante del Gobierno, solo defendió, en el 161° Periodo de Sesiones de la Corte Interamericana de Derechos Huma...

El docente jubilado de la Universidad de Carabobo fue privado de libertad bajo los supuestos delitos de “traición a la patria e in...

La mayoría opositora del Parlamento, luego de escuchar a las familias de los presos políticos, aprobó el proyecto de acuerdo para ...